

Una verdad cubana en busca de justicia
Como parte de la nueva metodología aprobada por el Consejo de Derechos Humanos (CDH),Cuba presentará un informe que resume el comportamiento del tema: Oportunidad para mostrar resultados y desmitificar el carácter manipulador del asunto en un mundo desigual
CUBA, 2 de septiembre de 2009.- Nuevamente el Palacio de las Naciones de Ginebra volverá a ser campo de batalla para la diplomacia cubana, cuando en la tarde del próximo jueves la ministra de Justicia, María Esther Reus, y el vicetitular de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, rindan cuenta ante la CDH de la situación de los derechos humanos en la Isla, como parte del Examen Periódico Universal al que están obligados todos los estados miembros.
Incluido entre la decena de naciones escogidas en el cuarto período de trabajo de este organismo de Naciones Unidas, nuestro país ocupará el cuarto puesto en el programa, que también contempla las presentaciones de Rusia, Azerbaiyán, Camerún, Arabia Saudita, Senegal, China, Nigeria, México y Mauritania.
Desde su creación en marzo del 2006 hasta la fecha, 32 países han expuesto sus valoraciones sobre el comportamiento del tema en sus respectivas naciones y recibido las pertinentes recomendaciones de la CDH, las que no entrañan obligatoriedad y solo constituyen un compromiso voluntario de cada gobierno.
Sustituto imprescindible de la desaparecida Comisión de Derechos Humanos, la misma que durante años sirvió de inquisidora maquinaria de manipulación de los gobiernos de Estados Unidos, el Consejo de Derechos Humanos es el resultado de la lucha universal por un mundo más justo, razón por la que tal vez entre sus miembros no se cuente con la representación de Washington, después que su gobierno —acompañado de Israel, Islas Marshall y Palau— se opuso abiertamente a la creación de la nueva institución, coincidencia varias veces repetida en las votaciones de la Asamblea General de Naciones Unidas en demanda del cese del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto hace casi medio siglo por las autoridades estadounidenses contra Cuba.
De acuerdo con la metodología, además del informe presentado por la nación evaluada, en el Examen Periódico Universal de Derechos Humanos figuran otros dos, elaborados por los organismos del Sistema de Naciones Unidas y un resumen de las informaciones —“creíbles y fidedignas”— suministradas por organizaciones no gubernamentales, ambos redactados con la asesoría del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU.
La CDH eligió para el análisis del informe de nuestra representación una troika integrada por los delegados de Gabón, Bosnia-Herzegovina y Uruguay, quienes el venidero lunes presentarán su reporte al respecto, resultado de un proceso similar por el que han transitado más de 40 países desde que la institución aplica el Examen Periódico Universal, cuyas recomendaciones han obviado a unos 15 estados, demasiados en un mundo tan injusto.
Vidas sin derechos
Aunque en teoría parecen un bien adquirido por cada persona desde su nacimiento, los derechos humanos distan mucho de llegar a todos con la misma intensidad, a pesar de los reclamos históricos de incontables generaciones y plasmados en las tantas veces manipulada Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la mayoría de las entonces naciones independientes el 10 de diciembre de 1948.
Consideradas facultades inherentes a cada individuo, con independencia de su nivel de vida, posición política, sexo, nacionalidad u origen étnico, su universalidad los convierte en patrimonio natural de cada ser humano sin reparar en el ordenamiento jurídico, dada su base eminentemente ética, aspiración todavía pendiente para la inmensa mayoría de los pobladores del planeta.
En el plano filosófico, su concepción tiene su punto de partida en la cultura occidental, más específicamente en la visión liberal inglesa del siglo XVI, ya que la interpretación del término “derecho” careció de sentido para varias culturas de la antigüedad, de ahí que su actual interpretación resuma aspiraciones de los movimientos políticos, sociales, feministas o ambientalistas a lo largo del desarrollo de la humanidad y no de una voluntad de una organización determinada.
Silenciados durante buena parte de la Guerra Fría, los derechos humanos entraron en juego a mediados de los años 70 como instrumento de agresión de Estados Unidos y sus aliados contra los países socialistas y los movimientos de liberación del Tercer Mundo, cuyos dirigentes adoptaron en varias ocasiones una posición defensiva, que lejos de mostrar sus aciertos acrecentó sus errores, amplificados por una impresionante maquinaria propagandística.
Agresor por excelencia en los mayores conflictos bélicos desde la culminación de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos convirtió la desaparecida Comisión de Derechos Humanos en su arma favorita para desacreditar a todos los gobiernos que resistían su asedio y someterlos a golpe de “democratizadoras” exigencias, sin detenerse a suscribir convenciones internacionales sobre la protección de los derechos de los trabajadores inmigrantes; contra la tortura y trato inhumano, cruel y degradante; para la protección de las personas de la desaparición y sobre los derechos de las personas discapacitadas, tratados en los que aún falta la firma del gobierno de Washington.
Entonces cientos de miles de personas fueron desaparecidas por gobiernos de facto apoyados y alentados por los gobernantes estadounidenses. Hasta la fecha, cerca de 12 millones de inmigrantes ilegales en territorio norteamericano solo cuentan con el derecho a ser extraditados de manera forzosa a sus naciones de origen, y Abu Ghraib o Guantánamo quedan en la conciencia mundial como un monumento a la barbarie, pero de eso, aunque se habla, no se condena, porque para algunos “jueces” las víctimas nacieron sin derechos.
Solo en la cárcel afgana de Bagram más de 600 personas permanecen en cautiverio sin cargos, situación similar a la de otros 25 mil detenidos en Iraq, donde la fuerza multinacional encabezada por Estados Unidos actúa como carceleros, en tanto 550 puntos de control impiden la circulación de personas en Gaza y Cisjordania.
En contra de la paz y en defensa de supuestos principios se organizan o realizan agresiones armadas al amparo de intervenciones “humanitarias”, al extremo de convertir al mundo en un sitio privado de paz, en el que cada uno de sus habitantes cuenta con dos proyectiles y uno de cada 10 con un arma, y como si no bastara por cada dólar destinado a la prometida ayuda para el desarrollo se asignan 10 en los presupuestos militares.
De acuerdo con instituciones de derechos humanos, seis décadas después de aprobada la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 81 países se reporta la práctica de torturas contra los detenidos; en 54, juicios sin las debidas garantías; y fueron ejecutadas más de mil 200 sentencias de muertes.
Para más de 2 mil millones de personas la vida es un acto riesgoso por falta de recursos básicos como alimentos y agua, pero los que imponen su imaginaria “equidad” ignoran que 23 estados poseen legislaciones que discriminan a las mujeres; en 15, existen leyes contra los inmigrantes y en otros 14 admiten la discriminación de minorías.
Una nación en busca de toda la justicia
Sin descartar un renacimiento de las sombras del pasado, Cuba concurre a la próxima cita ginebrina armada de su verdad, segura de que en materia de derechos humanos son más sus luces que sus manchas, aunque algunos gasten cuantiosos recursos monetarios, propagandísticos y faltos de humanidad para demostrar lo contrario.
Firmante de 41 tratados internacionales sobre el tema, la mayor de las Antillas presentará un informe elaborado con los aportes de más de 200 organizaciones no gubernamentales cubanas, en las que se reconoce el apoyo legal y material al disfrute de derechos esenciales de más de 11 millones de personas, muchos de ellos desconocidos o negados a una parte considerable de la población mundial.
Acosada por el endurecimiento del bloqueo norteamericano tras la desaparición de la Unión Soviética y el socialismo en el este de Europa —lo que significó la pérdida del 85% de sus importaciones de combustible y alimentos— Cuba enfrentó epidemias casi sin medicamentos, destructoras catástrofes naturales y la peor crisis económica de su historia sin renunciar a sus principios de igualdad y solidaridad para todos.
Mientras el acceso a la educación universitaria es una realidad para tres de cada cuatro jóvenes cubanos comprendidos entre los 18 y los 23 años, en otras latitudes 100 mil niños no tienen acceso a la escuela más elemental, al tiempo que muchos son empleados como soldados en guerras fratricidas, explotados sexualmente o condenados a trabajar sin un mínimo de condiciones.
Si bien los servicios médicos no figuran en la alternativa de vida de miles de millones de personas, la salud cubana llega —sin costo alguno— a los pobladores de 74 países, donde más de 38 mil médicos, enfermeras y especialistas brindan sus servicios y contribuyen a la esperanza de otras naciones, resumen de una práctica sostenida por más de cuatro décadas en los más variados puntos del orbe.
Para las mujeres del planeta, de las que, según organismos internacionales, una cuarta parte sufre abusos sexuales o agresiones físicas o verbales de sus parejas, resultaría una sorpresa conocer que en Cuba el sector femenino represente el 46,23% de la fuerza de trabajo, en el sector estatal civil, con presencia en todas las instancias de gobierno, incluido el Consejo de Estado, en el que constituyen la cuarta parte de sus miembros.
Cuba, resistente inquebrantable por cinco décadas, ha soportado agresiones, amenazas y bloqueos sin renunciar a un futuro basado en “la dignidad plena del hombre”. Medio siglo de empeños por edificar una sociedad mejor avalan la obra de toda una nación decidida a conquistar toda la justicia sin escatimar proezas y sacrificios. Por Luis Jesús González (Cubaminrex-Trabajadores)