

Nota Verbal
La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas y las Organizaciones Internacionales con sede en Suiza, saluda muy atentamente a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y tiene el honor de referirse a su Nota relativa a la resolución 2/2 del Consejo de Derechos Humanos, en particular lo relativo al borrador de los principios rectores sobre “Extrema pobreza y derechos humanos: los derechos de los pobres”.
Cuba concede una importancia prioritaria al tema de la pobreza, y reconoce los esfuerzos que se han venido desplegando en el marco del Sistema de las Naciones Unidas con vista a encarar este problema, que afecta a millones de seres humanos en todo el mundo y que, lamentablemente, constituye un fenómeno que se agudiza año tras año.
En este contexto, Cuba saluda que la cuestión de la extrema pobreza sea objeto de un enfoque integrado en el marco de las Naciones Unidas, especialmente mediante la aprobación de la estrategia de acción para reducirla a la mitad para el año 2015.
Asimismo, Cuba apoya el trabajo que realizó en su cargo el Experto Independiente sobre la extrema pobreza, Sr. Arjun Sengupta particularmente su labor de consultas a los Gobiernos, organizaciones no gubernamentales y otras instituciones a fin de conocer sus opiniones y experiencias en la esfera de los derechos humanos y la erradicación de la extrema pobreza.
Cuba considera, sin embargo, que circunscribir el problema y las acciones para la erradicación de la pobreza a su fase "extrema", constituye un enfoque limitado que no permite abordar el fenómeno en su real dimensión. Se debería abordar la cuestión de la pobreza con un enfoque abarcador e integral, que permitiera su combate atacando sus causas esenciales y variables agravantes. De hecho, un pobre puede rebasar la línea de la categoría de lo "extremo" en cualquier momento.
Por supuesto, en condiciones de recursos limitados y escasa voluntad política para emprender las transformaciones necesarias, no queda más remedio que atender el fenómeno en sus manifestaciones más graves. Sin embargo, se debe tener en cuenta que estos son simples paliativos y no la solución al problema en su fondo. Recordemos algunas cifras de esta tragedia:
ü El subdesarrollo estructural de los países del Sur, es uno de las causas más crudas de la pobreza extrema (menos de 1 dólar diario) que sufren alrededor de 1000 millones de personas en el mundo. Esta cifra se incrementa a más de 2 500 millones de seres humanos cuando se “sube” la cota a 2 dólares diarios.
ü Vivimos en un mundo que privilegia a una minoría que no supera el 20 por ciento de la población del planeta e impide el desarrollo y el bienestar del 80 por ciento restante. El 20% de la población mundial posee el 90% de las riquezas. En ciertos países de África, el 80% de la población vive con menos de un dólar diario. En África Subsahariana, una de cada tres personas sufre hambre crónica.
ü Pese al crecimiento económico registrado en algunos países, en el año 2006 aumentó el desempleo mundial a la alarmante cifra de 195,2 millones de personas. De ellos, el 44% representa el total de jóvenes desocupados.
ü En el mundo hay 766 millones de personas sin servicios de salud y 120 millones sin agua potable.
ü Como consecuencia de la falta de acceso general a la cultura, la ciencia y la educación, el mundo cuenta hoy con más de 800 millones de adultos analfabetos y más de 80 millones de niños que no asisten a la escuela.
Todo ello como resultado de un orden internacional injusto donde los países ricos a pesar de ser cada vez más ricos incumplen con los compromisos que asumieron en las grandes conferencias y cumbres de Naciones Unidas. Se trata de un drama imperdonable, pues no puede haber desarrollo sin capital humano y no hay, sin cultura, libertad posible.
Ante semejantes cifras, la plena realización del derecho al desarrollo constituye el factor fundamental en la lucha para la erradicación de la pobreza. Para ello se hace necesario el establecimiento de un orden económico internacional verdaderamente justo y equitativo, basado en la participación genuina y real en el proceso de adopción de decisiones en condiciones de igualdad, en el interés común, en la solidaridad y la cooperación entre todos los Estados, en virtud del cual todos los pueblos y naciones puedan aspirar a la ayuda internacional en sus esfuerzos para la realización del derecho al desarrollo, y la erradicación de la pobreza.
En el plano nacional, la falta de voluntad política de algunos gobiernos para atender las necesidades de la población, la insuficiente asignación de recursos para programas sociales, la desigual distribución de los ingresos y la riqueza, la deficiente participación popular en los mecanismos de toma de decisiones y la limitación de la capacidad del Estado como agente económico y de redistribución de la riqueza nacional, entre otros, son factores que inciden negativamente en la consecución del desarrollo, y en consecuencia, en el logro de la erradicación de la pobreza.
A nivel internacional, el peso de la deuda externa, el intercambio desigual en el comercio entre los países desarrollados y los países en desarrollo, el decrecimiento sostenido y los condicionamientos para la Asistencia Oficial al Desarrollo, entre otros, obstaculizan la disponibilidad de los recursos necesarios para llevar adelante los planes de desarrollo y los programas para combatir la pobreza en los países en desarrollo.
La pobreza constituye en sí misma una violación flagrante de los derechos humanos, por lo que se requiere de acciones urgentes, tanto a nivel nacional como internacional, para lograr su erradicación.
¿Cómo podrán desarrollarse los países del Sur y cuán lejos puede avanzar nuestra cooperación frente a obstáculos como el intercambio desigual, el hermético cierre de los mercados de los países industrializados para nuestros productos, la inestabilidad y creciente especulación en los mercados financieros, la deuda externa, las restricciones a la transferencia de tecnología y el abusivo robo de cerebros? Ello será imposible sin una profunda transformación del orden económico y político impuesto al mundo; será imposible - pese a nuestros esfuerzos nacionales - alcanzar el desarrollo y una vida digna y con decoro para nuestros pueblos.
Cuba, país pequeño, de escasos recursos y ferozmente bloqueado por casi 50 años, ha venido desplegando grandes esfuerzos. A pesar del recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, aumentan en Cuba las perspectivas sociales y económicas. Ninguna persona está desamparada ni abandonada a su suerte. El gasto social continúa en aumento, lo que manifiesta una estrategia integral de desarrollo que, desde el triunfo de la Revolución, armoniza el crecimiento económico con las políticas sociales.
En el 2006 Cuba alcanzó la tasa de desempleo más baja de su historia (1,9%) logrando así el pleno empleo, acompañado de un crecimiento económico del 12.5%. La ocupación en la economía cubana superó los 4 millones de trabajadores. Dentro de ellos, las mujeres representan el 46% de la fuerza laboral y reciben igual salario por igual trabajo. El 100% de la población goza de una protección social, universal y solidaria. En el año 2005 se incrementaron los salarios, pensiones y jubilaciones, lo cual benefició a más de 5 millones de ciudadanos por un monto superior a los 4 mil millones de pesos.
En Cuba más de 200 Programas Sociales han priorizado la formación y empleo de enfermeros, instructores de arte, profesores de computación, trabajadores sociales, maestros de la enseñanza primaria y secundaria, entre otros. A su vez, el estudio remunerado como nuevo concepto de empleo ha constituido un aporte notable y, de este modo, más de 300 mil jóvenes anteriormente desvinculados del trabajo y el estudio se incorporaron al Curso de Superación Integral, como parte de esa iniciativa. Especial impulso ha recibido el Programa de Empleo para personas con discapacidad; los estudios psico-social y clínico-genético de los discapacitados realizados en el 2001 y 2003 beneficiaron la mayor integración social de estas personas a la sociedad.
Por otra parte, más de 83 600 madres trabajadoras cubanas disfrutan anualmente del 60% de su salario durante sus 18 meses de licencia de maternidad. Incluso, las madres que tienen hijos con discapacidad severa, continúan recibiendo su salario aunque no se hayan incorporado al trabajo.
Cuba también le otorga una alta prioridad a la genuina cooperación internacional para alcanzar el desarrollo social de nuestros países. En tal sentido, Cuba brinda su ayuda solidaria y desinteresada a los hermanos países del Tercer Mundo. Muestra de ello es nuestro modesto aporte a la formación de recursos humanos en África, Asia y América Latina y el Caribe. El Plan Integral de Salud, la creación de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas y de la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física y el Plan de Becas dirigido a carreras técnicas, económicas y humanísticas son ejemplos de ello.
Hoy es una verdad innegable que la erradicación de la pobreza no depende únicamente del crecimiento económico de un país. Resultan indispensables tanto factores internacionales como nacionales para la creación de un entorno macroeconómico general que ayude a erradicar la pobreza y contribuyan al logro del pleno empleo y el trabajo productivos.
De este modo, es impostergable la urgente solución del problema de la deuda externa del Tercer Mundo, el cumplimiento por parte de los países del Norte con la Ayuda Oficial para el Desarrollo y la eliminación de los subsidios agrícolas de los países desarrollados que asegure el acceso de nuestros productos a sus mercados. Todo ello, en conjunción con la voluntad política de nuestros gobiernos y la solidaridad sin condicionamientos para atender los problemas socio-económicos que nos aquejan.
El Gobierno de la República de Cuba confía en que la solidaridad humana y la justicia social se impongan sobre las concepciones egoístas e injustas, como única vía para poder solucionar los grandes desafíos que hoy enfrenta la humanidad, en particular la erradicación de pobreza y el pleno disfrute del derecho al desarrollo por todos los individuos y pueblos del planeta. Sólo acabando con el reinante egoísmo y la falta de solidaridad y sin vanas promesas, podremos promover un desarrollo social para nuestros pueblos y avanzar con paso firme en la creación de un mundo mejor para todos.
La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas y las Organizaciones Internacionales con sede en Suiza, aprovecha la ocasión para reiterar a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el testimonio de su consideración.
Ginebra, 3 de septiembre de 2007