MOMENTOS

Victoria de Playa Girón

En el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girón , el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresó :

“… La importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar; la gran trascendencia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió gracias a Girón.”

Más información en:

http://www.giron.co.cu/Playa_Giron/Indice.html

http://www.granma.cu/playagiron/conferencia/index.htm

 

Crisis de Octubre

El 22 de octubre de 1962, a las 19.00 horas, el presidente norteamericano John F. Kennedy anunciaba al mundo la imposición de un bloqueo naval contra Cuba. Nunca antes la humanidad había estado tan cerca del peligro de una guerra nuclear…

Más información en :

http://www.cip.cu/webcip/eventos/serv_espec/crisis_oct/crisis_oct-ptd.html

http://www.crisisdeoctubre.cubaweb.cu


 


Mi Bandera no ha sido jamás mercenaria

Por Ventura de Jesús
Tomado del periódico Granma,
24 de mayo del 2006

Hasta hoy se tiene como un hecho verídico. Cuentan que en el apogeo del banquete Emilia Casanova, joven de belleza impar e hija de un rico hacendado de origen canario, levantó su copa y dirigiéndose a todos brindó por la Independencia de Cuba.

El suceso dejó pasmada a la aristocracia española que, aquel día de mayo de 1850, se reunió en el Casino cardenense para celebrar la victoria frente a los invasores que irrumpieron unos días antes por las costas del pueblo guiados por Narciso López.

A las rancias familias cardenenses no se les ablandó el corazón. Por aquella "locura" Emilia fue condenada al destierro junto a toda su acaudalada familia. En Estados Unidos conoció a Cirilo Villaverde, con quien contrajo matrimonio. Según relata el historiador Ernesto Álvarez Blanco, la joven siempre mantuvo su actitud rebelde y jamás olvidó a su Patria.

La historia de esta mujer forma parte de la memoria legendaria de los cardenenses.

LA CELEBRIDAD DE LA DOMINICA

El 19 de mayo de aquel año, una expedición, encabezada por Narciso López, desembarcó y ocupó por algunas horas el poblado de Cárdenas.

Más que por el acontecimiento en sí mismo, de marcado carácter anexionista, se recuerda la fecha porque el conspirador hizo ondear por primera vez en Cuba la Bandera de la estrella solitaria, que a la postre fue escogida por los mambises.

Observa Ernesto Álvarez Blanco, actual historiador de la ciudad de Cárdenas, que el estandarte se izó en el edificio donde entonces radicaba la Casa de Gobierno.

"El sitio es un lugar apreciado por los cardenenses y despierta la curiosidad de los visitantes". Describe que se trataba de una casa de cantería y tejas, de dos plantas y estilo neoclásico, con diversos usos desde su fundación.

"En diciembre de 1882 los salones de la planta alta de este edificio fueron ocupados por el Club de Cárdenas. Entre 1892 y 1898, esta sociedad se convirtió en un centro conspirativo de primer orden, ya que sirvió frecuentemente de sitio de reunión a los miembros activos de la delegación del Partido Revolucionario Cubano y de su Servicio Secreto, constituidos en Cárdenas durante la Guerra del 95.

"En noviembre de 1893 se hospedó en lo que se llamó La Dominica el General Antonio Maceo, durante la visita que realizó clandestinamente a Cárdenas con objeto de despistar a sus perseguidores.

"En mayo del 2000, en ocasión de conmemorarse el aniversario 150 del izamiento de la Bandera, el edificio fue declarado Monumento Nacional. Aún se conserva el inmueble original, en espera de una reparación capital dado su avanzado estado de deterioro."

Fue quizás la bandera que se izó por primera vez en esta casa, la que inspiró a la joven Emilia Casanova a levantar su copa y brindar por la Independencia de Cuba.

NUESTRA BANDERA, SÍMBOLO NACIONAL

María Teresa Clara Betancourt es la directora del Archivo Histórico de Cárdenas.

Sobre cuáles son los orígenes de nuestra Bandera ella señaló: "La idearon Narciso López y el matancero Miguel Teurbe Tolón. La esposa de este último, Emilia Teurbe Tolón, fue quien la confeccionó. Fue izada por primera vez en la fachada del periódico The Sun en Estados Unidos en 1849, y un año más tarde, como se conoce, aquí en Cárdenas.

"A pesar del carácter anexionista del empeño de Narciso López, los patriarcas de la Independencia de Cuba la hicieron suya, y en 1869, en la Asamblea de Guáimaro, se adoptó el acuerdo de que fuera la Enseña Nacional

"Es expresión genuina de los más de 100 años de lucha del pueblo cubanos por obtener su verdadera y definitiva independencia."

¿Cuál es el mérito mayor de nuestra Bandera?

"Nuestra Enseña ha estado en todos los momentos significativos de la Patria, y ha sido defendida por los cubanos en todas las luchas. Es símbolo de respeto, hermandad y solidaridad entre los pueblos, y como dijo Bonifacio Byrne, no ha sido jamás mercenaria."


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Fue en Nueva York donde Fidel dijo:

En 1956, seremos libres o seremos mártires

Este reportaje lo escribió el periodista Vicente Cubillas el 6 de noviembre de 1955 para la revista Bohemia bajo el título Mitin oposicionista en Nueva York. Cubillas (La Habana, 1921-1972) trabajó en los periódicos habaneros Alerta, El Crisol, Diario Nacional, El Mundo y la Revista Bohemia. Sus reportajes sobre la presencia de Fidel Castro en Nueva York en 1955 tuvieron gran impacto en la opinión pública nacional e internacional. Ganador de los premios Juan Gualberto Gómez y Enrique José Varona. En 1959 empezó a trabajar en Revolución y luego integró el equipo periodístico fundador de Granma. Por su inmenso valor histórico, reproducimos a continuación ese material periodístico.

Celebran en Nueva York el más concurrido mitin de oposición al régimen de Batista. Interrogó la policía neoyorkina a Fidel Castro al investigar una de sus reuniones. Se proponen recabar el apoyo de los emigrantes de Tampa, Cayo Hueso y Miami

Por Vicente Cubillas Jr.

Tomado del periódico Granma,
20 de mayo del 2006

· Todos vivimos muy modestamente. Aquí no hay millonarios. Cada hombre nuestro en el destierro se sostiene con menos de lo que cuesta un caballo del Ejército.

· El primer manifiesto revolucionario se imprimió con el producto de un sobretodo empeñado.

· El régimen está totalmente desorientado en cuanto a nuestras actividades revolucionarias. Muchas veces, sin embargo, publicarán informaciones imaginarias para dar la sensación de estar bien enterados y sembrar la confusión.

· Se nos quiere ignorar y se quiere ignorar a las decenas de miles de hombres que se agrupan en torno al 26 de Julio, porque no formamos parte del coro de aspirantes electorales... tal parece que para algunos ser aspirante a un cargo, cualquiera que sea su precio de sumisión, es una virtud, y ser revolucionario dispuesto a redimirse por un ideal sin aspirar a nada, un crimen.

· Somos contrarios a los métodos de violencia dirigidos hacia las personas de cualquier organización oposicionista que discrepen de nosotros y somos radicalmente opuestos, del mismo modo, al terrorismo y al atentado personal.

· Cuba ansía un cambio radical en todos los campos de la vida pública y social. Hay que darle al pueblo algo más que libertad y democracia en términos abstractos, hay que proporcionarle una existencia decorosa a cada cubano; el Estado no se puede desentender de la suerte de ninguno de sus ciudadanos que han nacido en el país y han crecido en él.

· Nosotros somos hoy en Cuba, los únicos que sabemos hacia dónde vamos.

· Un saludo para el pueblo de Cuba, y la más firme promesa de que volveremos.

Nueva York amaneció el domingo último bajo un temporal de agua. Hasta las fuerzas de la naturaleza parecían haberse conjugado contra el propósito de un núcleo de jóvenes cubanos de levantar en la urbe de los rascacielos la bandera de su inconformidad contra el régimen de Batista, aprovechando la visita de Fidel Castro, principal protagonista de los sucesos del cuartel Moncada.

Previamente el acto organizado a la precipitada —en solo cuatro días—para encauzar el clamor de protesta de centenares de emigrados cubanos radicados en Nueva York, que atribuyen su éxodo de Cuba a la pésima situación política y económica imperante aquí, rumores de sabotaje contra la concentración anunciada para los amplios salones del Palm Garden, en la calle 52 y Octava Avenida, comenzaron a esparcirse por los mentideros criollos de la metrópoli. Unos afirmaban que se había dado la confidencia al Departamento de Inmigración de que al mitin iban a asistir muchos cubanos que permanecen ilegalmente en territorio norteamericano; otros se hicieron eco de la especie de que Fidel Castro iba a ser detenido por el FBI y se recordó el incidente ocurrido en Union City, ciudad de New Jersey, situada en las proximidades de Nueva York, donde el joven exilado había sido detenido e interrogado por un grupo de detectives que arribaron en varios carros perseguidores al lugar donde se reunía con numerosos simpatizadores.

A pesar de ello, alrededor de 500 cubanos de ambos sexos se reunieron en horas del mediodía del domingo último en el Palm Garden, para escuchar las arengas de Fidel Castro y su compañero de peregrinación, Juan Manuel Márquez.

Los tres grupos oposicionistas existentes en Nueva York: "Acción Cívica Cubana", Comité Ortodoxo de Nueva York y el Comité de Emigrados y Obreros Democráticos, se unieron en sólido bloque por vez primera para ofrecer el más concurrido y animado acto escenificado en la ciudad del Hudson contra el gobierno del general Batista.

Asimismo, anunció Fidel Castro que, siguiendo los pasos del Apóstol, visitaría a los emigrados de Tampa, Cayo Hueso y Miami, para pedirles que se unan a la causa de la nueva revolución.

Los que escucharon a Fidel Castro asumieron que su campaña de rebeldía está completamente desvinculada de otros sectores de la Oposición, pues reiteró ante los centenares de cubanos que le escuchaban, "que su lucha era no solamente contra los gobernantes de hoy, sino contra los que ayer también habían hecho sufrir a la patria".

Antes de concluir el acto se guardó un minuto de respetuoso silencio en memoria de los caídos en los sucesos del Moncada y se dejó oír una grabación de un discurso de Eddy Chibás, el inolvidable líder ortodoxo, que la concurrencia escuchó reverentemente puesta en pie.

PALABRAS DE FIDEL CASTRO

A continuación reproducimos algunos párrafos del discurso pronunciado por el líder del "Movimiento 26 de Julio".

"No tengo punto fijo de residencia. Radico en un lugar del Caribe y puedo sentirme igualmente conforme en una urbe como esta, que en un cayo inhóspito y desierto... Vivo entregado a la lucha y las contingencias y sacrificios de esta vida azarosa no me importan: los dos años que pasé en una celda solitaria me han preparado muy bien.

"Todos vivimos muy modestamente. Aquí no hay millonarios. Cada hombre nuestro en el destierro se sostiene con menos de lo que cuesta un caballo del Ejército. A ninguno de nosotros se le verá nunca en un cabaret o en un bar. El primer manifiesto revolucionario se imprimió con el producto de un sobretodo empeñado, pero eso no nos desanimó, porque teníamos fe en la justicia y razón de nuestra línea, y ya solo en Nueva York hay miles de cubanos dispuestos a dar una parte de sus sueldos todos los meses. A esto hay que añadir los cubanos que están organizándose con el mayor entusiasmo en Bridgeport, Union City, Elizabeth, Long Island y otras ciudades. Estamos realizando de nuevo con la emigración las tareas que nos enseñó el Apóstol en situación similar. Esos miles de familias lanzadas al destierro por la miseria y la opresión, que llegan por centenares todos los meses, llenas de tristeza y dolor, desterrados de los que nunca se habla, que no han interesado jamás a los políticos porque no votan y que están deseosos de regresar a su patria cuando puedan vivir en ella decorosamente, conservan todo su amor por Cuba y son hoy formidables baluartes de la liberación nacional. El pueblo cubano de allá y de acá nos secundará. Vean ustedes lo que está ocurriendo aquí en el Palm Garden; miles de pesos se recogen en un instante. Esta lucha se llevará adelante únicamente con los recursos del pueblo. "En todos los honrados corazones hallaremos magnánima ayuda. Y tocaremos de puerta en puerta. Y pediremos limosna, de pueblo en pueblo, y nos la darán porque la pediremos con honor".

"Puedo informarles con toda responsabilidad que el año 1956 seremos libres o seremos mártires. Esta lucha comenzó para nosotros el 10 de marzo; dura ya casi cuatro años, y terminará con el último día de la dictadura o el último día nuestro. Uno de nuestros más ilustres libertadores sentenció que quien intente apoderarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre.

"El régimen está totalmente desorientado en cuanto a nuestras actividades revolucionarias. Muchas veces, sin embargo, publicarán informaciones imaginarias para dar la sensación de estar bien enterados y sembrar la confusión. Hemos ideado métodos incontrastables de organización y trabajo. Nuestro equipo de contraespionaje funciona mejor que su espionaje; cuando sus agentes en el extranjero informan algo allá, inmediatamente nos llega el contenido del informe acá. Todas las oficinas de información y todos los espías de Batista en el extranjero los tenemos perfectamente vigilados. Se nos quiere ignorar y se quiere ignorar a las decenas de miles de hombres que se agrupan en torno al 26 de Julio, porque no formamos parte del coro de aspirantes a cargos electorales. A tal extremo de hipocresía moral se ha llegado en cuanto se habla y escribe de Cuba, que tal parece que para algunos ser aspirante a un cargo, cualquiera que sea su precio de sumisión, es una virtud, y ser revolucionario dispuesto a redimirse por un ideal sin aspirar a nada, un crimen. Política de avestruz que se niega a palpar la realidad. ¡Muy grande va a ser la sorpresa para todos!

"Los militantes del 26 de Julio acudirán a todos los mítines que se organicen en Cuba, sea cual fuere el partido de oposición que los convoque, pero para pronunciar al pie de la tribuna un solo discurso de masas: ¡REVOLUCIÓN! ¡REVOLUCIÓN! Todo el que obtenga permiso para un acto cuente, pues, con un público seguro... nosotros sabemos también usar las tácticas cívicas.

"Somos contrarios a los métodos de violencia dirigidos hacia las personas de cualquier organización oposicionista que discrepen de nosotros y somos radicalmente opuestos, del mismo modo, al terrorismo y al atentado personal. Nosotros no practicamos el tiranicidio. Cuando a Maceo le propusieron asesinar a un jefe enemigo, respondió que "el hombre que expone el pecho a las balas y que puede en el campo de batalla matar a su contrario, no apela a la traición y a la infamia asesinando".

"Miren, el pueblo cubano desea algo más que un simple cambio de mandos. Cuba ansía un cambio radical en todos los campos de la vida pública y social. Hay que darle al pueblo algo más que libertad y democracia en términos abstractos, hay que proporcionarle una existencia decorosa a cada cubano; el Estado no se puede desentender de la suerte de ninguno de sus ciudadanos que han nacido en el país y crecido en él. No hay tragedia mayor, por ejemplo, que la del hombre que, capaz de trabajar y deseoso de hacerlo, pasan hambre él y su familia por falta de ocupación. El Estado está obligado a proporcionársela ineludiblemente o a mantenerlo mientras no la encuentre. Bien claro establecía la Constitución del 40 la obligación de agotar para ello todos los medios a su alcance. Ninguna de las fórmulas de bufete que hoy se discuten, contemplan esa situación, como si el problema grave de Cuba consistiera en el modo de satisfacer las ambiciones de unos cuantos políticos desplazados del Poder o deseosos de llegar a él. Pero si existiera la posibilidad de darle una salida pacífica a esta situación, nosotros tenemos una fórmula: Elecciones generales inmediatas sin Batista. ¡Que renuncie a la Presidencia y entregue el Poder a Don Cosme de la Torriente! (1) ¿Qué cubano no estaría de acuerdo con esa solución?

"Don Cosme de la Torriente tiene toda nuestra consideración. Los voceros del régimen, sin respeto alguno para sus canas venerables, lo han insultado lamentablemente. Aunque entre su criterio y el nuestro existen las naturales diferencias de los tiempos, estamos seguros de sus patrióticas intenciones. Su actuación dará a la postre un saldo positivo en esta lucha por la recuperación de las instituciones democráticas. Pero lo más crítico de la situación es que el régimen se ha negado rotundamente a escuchar los planteamientos que toda la Oposición hizo a través de los Amigos de la República y ahora la SAR (2) tendrá que promulgar la resistencia cívica, pues de lo contrario carecería de todo sentido su actuación en esta etapa y tendría que afrontar el más lamentable descrédito. Los partidos de oposición que la respaldan han llegado a su momento más crítico. ¿Qué harán frente a la tajante negativa del régimen? Es preciso repetir las palabras de Martí: "Ya no hay espacio en las mejillas de los pedigüeños para las bofetadas".

"¿Cuándo se ha levantado una nación con limosneros de derechos?"

"El miedo no ha resuelto una situación que solo podía resolver el valor."

"Nosotros somos hoy en Cuba, los únicos que sabemos hacia dónde vamos y no dependemos de la última palabra del Dictador."

"Un saludo para el pueblo de Cuba, y la más firme promesa de que, volveremos."

(1) El coronel mambí Cosme de la Torriente fue durante la República un activo participante de la política nacional. Mantenía prestigio y autoridad en los sectores conservadores.

(2) Sociedad Amigos de la República.


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Girón en Oriente

El desembarco por Baracoa era un mecanismo secreto que la CIA y el Pentágono tenían bajo la manga para comprometer al presidente Kennedy con la intervención militar directa de Estados Unidos. Después de la explosión de La Coubre, las provincias orientales se convirtieron en una de las zonas priorizadas de la actividad subversiva contra la Revolución

Por Lázaro Barredo Medina
Tomado del periódico Granma,
19 de abril del 2006

Después de la operación que hizo explotar en el puerto de La Habana al barco francés La Coubre aquel 4 de marzo de 1960, la Agencia Central de Inteligencia informó al presidente Eisenhower que tenía resultados alentadores “para derrocar a Castro” y estimuló al viejo general para dar luz verde a un amplio proyecto de agresión contra Cuba.

Raúl llega a Oriente para cumplir la misión encomendada por Fidel,
“...dedícate a organizar el Ejército Oriental, es mucha la importancia de su territorio...”

El “oficial del caso Cuba”, el entonces vicepresidente Richard Nixon y el alto mando de la CIA encabezado por Allen Dulles, se sentían muy animados. Quizás nunca como en esa monstruosa acción, la Agencia estuvo tan cerca de descabezar al proceso revolucionario cubano.

Aquella tarde, fue sobre las tres y diez, Fidel y Raúl se encontraban reunidos en el piso 18 del entonces edificio del INRA, Instituto Nacional de Reforma Agraria, hoy sede del MINFAR, cuando se siente el estruendo de la descomunal explosión. Se asoman a la ventana, ven la columna de humo que proviene de la zona portuaria y calculan que como resultado de algún sabotaje ha sido volada la termoeléctrica de Tallapiedra o el barco en que vino el armamento.

Los dos, casi al unísono, toman la decisión de partir velozmente hacia el lugar y seguidos por varios compañeros de sus respectivas escoltas, se mueven aprisa hacia los elevadores para descender al sótano donde están situados los autos. Cuando Fidel toma asiento, Raúl decide ponerse al volante y conduce el vehículo hacia la zona. Pero pierde unos minutos en la ruta, porque se va por Carlos III, creyendo que es la vía más rápida.

Hay confusión entre los pobladores que saludan admirados a los dos principales jefes de la Revolución, pero todos coinciden en señalar que el problema es en el puerto. El asunto es más grave. El barco atracado en ese muelle, de donde provino la explosión, trajo desde Bélgica un cargamento de 70 toneladas de granadas antitanques y municiones.

Además de los batallones de infantería, batallones Blindados contra desembarco y unidades de artillería antiaérea y terrestre, empezaron a constituirse en las montañas de Oriente las compañías Serranas, integrada cada una por un centenar de obreros y campesinos trabajadores.

Cuando el vehículo se detiene en la entrada de la terminal portuaria donde había un intenso trasiego de los bomberos, miembros de la Cruz Roja, combatientes del Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y trabajadores y población de la zona, cargando compañeros destrozados o mortalmente heridos, se produce una situación inesperada. Varios comandantes que han llegado al lugar, entre ellos el Che, se interponen ante los dos jefes que tanto quieren y respetan para impedirles el paso hacia el espigón, donde presumen puedan quedar granadas o municiones sin explotar.

El momento se hace más tenso ante el enojo que como responso sale de la boca de ambos, cuando en ese instante retumba la mortífera segunda explosión que causa mayores destrozos al aniquilar a buena parte de los compañeros que acudieron en rescate de las víctimas de la primera detonación.

El acto terrorista concebido por la CIA, cuyos documentos 46 años después siguen clasificados, pudo haber previsto esa reacción, donde los principales dirigentes de la Revolución, tras el primer estallido, seguramente acudirían de inmediato al lugar del siniestro y esa era la oportunidad de producir el segundo bombazo para acabar con ellos.

La CIA no tendría nunca más esa segunda oportunidad. Ese día, entre la dirección revolucionaria, se comprendió que no podía permitirse la presencia de ambos dirigentes juntos en eventos públicos.

El Comandante en Jefe con esa “luz larga” que lo ha caracterizado, resultado de la mezcla de visión estratégica y sentido táctico, vislumbró que a partir de ese momento la agresión contra la Revolución se desencadenaría en grandes magnitudes y esa convicción la resumió al día siguiente al enunciar la consigna de Patria o Muerte.

Años después, Fidel explicaría en una reunión de cuadros y dirigentes de la capital:

En los primeros años de la Revolución, cada vez que venía una amenaza de invasión —y no eran imaginarias, como lo han demostrado después los documentos del Pentágono recién publicados en Estados Unidos— nos dividíamos el país: Raúl para Oriente, Almeida para Las Villas, el Che para Pinar del Río y yo me tomaba el privilegio de quedarme aquí en la capital.

Siempre, en todas las crisis, si el enemigo trataba de tomar esta ciudad prioritariamente, pensando que todo se acababa después, nosotros sabíamos que allí donde estaba el Che no se acabaría la guerra nunca; que allí donde estaba Almeida, en el centro —y los menciono a ellos como símbolo, pero era actitud de todos los demás—, allí no se acabaría la guerra; y que en las provincias orientales donde estaba Raúl, no se acabaría la guerra nunca, ¡nunca se acabaría la resistencia! Esas fueron las concepciones y son las concepciones.

EN EL PLAN DE OPERACIONES DE LA CIA, ORIENTE ERA UNA PRIORIDAD POR LA VINCULACIÓN DE LAS ACCIONES CON LA BASE NAVAL DE GUANTÁNAMO

En 1960, compartiendo sus funciones como Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el entonces Comandante Raúl Castro dedicó muchos esfuerzos a la organización de la defensa en la antigua provincia de Oriente.

Bajo esos principios, en 1960, compartiendo sus funciones como Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el entonces Comandante Raúl Castro dedicó muchos esfuerzos a la organización de la defensa en la antigua provincia de Oriente.

“En 1960 —recuerda Raúl—, Fidel me mandó para Oriente: Si salvamos Oriente, salvamos la Revolución, dijo. Vete para allá, yo me hago cargo del MINFAR con Sergio del Valle (Comandante, entonces Jefe del Estado Mayor General)Ádedícate a organizar el Ejército Oriental, es mucha la importancia de su territorio, de sus montañas, y por la presencia de la base naval de Guantánamo...”

La primera gran movilización en Oriente, a fines de diciembre de 1960, bajo la dirección del Ministro de las FAR, ocurrió a raíz del cambio de poderes en Estados Unidos. Se conocían los preparativos de una invasión mercenaria a Cuba y tal coyuntura podía ser propicia para el zarpazo.

En una reflexión sobre aquellos días, el Segundo Secretario del Partido comentó:

“Los batallones de milicias se movilizaron y desplegaron en las cuatro direcciones principales en que estaba dividida la provincia; Santiago de Cuba, Guantánamo, Bayamo-Manzanillo y el norte de Oriente.

“Terminada esta movilización el 20 de enero de 1961, se envió desde Oriente una columna de cinco mil hombres para la lucha contra bandidos en el Escambray.

“Esos primeros meses del año fueron de febril actividad. Los batallones se organizaron y armaron por decenas. La Dirección Santiago, por ejemplo, era defendida por 21 batallones de infantería de más de 600 hombres cada uno, armados con PPCH y DP soviéticas.

“Además de los batallones de infantería, batallones blindados contra desembarco y unidades de artillería antiaérea y terrestre, empezaron a constituirse en las montañas de Oriente las compañías Serranas, integrada cada una por un centenar de obreros y campesinos trabajadores. Aproximadamente 300 unidades de este tipo fueron creadas y agrupadas en sectores y subsectores, que cubrían literalmente ambas vertientes de la Sierra Maestra, el territorio del II Frente Oriental que abarcaba el sistema montañoso de Nipe, Sagua y Baracoa, así como la zona de la Gran Piedra. Estas fuerzas de rápido despliegue y gran movilidad, eran capaces de encontrar una aguja en un pajar, un bandido escondido en un fogón, imagen que fue un hecho real”.

En aquella etapa previa a Girón, los incipientes Órganos de la Seguridad del Estado tuvieron en Oriente, como en todo el país, una verdadera prueba de fuego.

La creación de las organizaciones contrarrevolucionarias y el intento de proliferar el bandidismo en Oriente se caracterizaron por la inducción y el apoyo en recursos humanos y materiales brindados por los servicios especiales norteamericanos, tanto por la CIA como por el servicio de Inteligencia radicado en la base naval de Guantánamo.

Provenientes de Estados Unidos y desde este enclave militar se infiltraron grupos comando con el objetivo de sostener a más de una veintena de organizaciones contrarrevolucionarias que actuaban en las ciudades y fomentar alzamientos en las zonas rurales.

El trabajo de penetración de la Seguridad a esas formaciones enemigas y la lucha combinada del Ejército Rebelde y las Milicias, con el apoyo de las organizaciones revolucionarias de masas, impidieron que el bandidismo en Oriente se expandiera, aunque el enfrentamiento a las actividades contrarrevolucionarias fue intenso, desde Gibara, Puerto Padre, las vertientes norte y sur de la Sierra Maestra, hasta Monte Rus, el macizo montañoso de Baracoa, El Cobre, la zona de Palma, entre otras.

En los documentos desclasificados por el Gobierno de Estados Unidos 30 años después, se corroboró que Oriente estaba entre las tres áreas, junto a Pinar del Río y el Escambray, donde el plan de operaciones aprobado en agosto de 1960 por el presidente Eisenhower priorizó el desarrollo y apoyo a los grupos contrarrevolucionarios. En el caso de Oriente estimularon acciones vinculadas a la base naval ilegalmente ocupada en Guantánamo, constantes infiltraciones de comandos entrenados, armados y financiados por la CIA y en varias oportunidades planearon autoagresiones a la instalación militar para justificar una intervención directa de las fuerzas armadas estadounidenses.

Un resumen de algunas de las actividades emprendidas por la CIA entre julio de 1960 y el 13 de abril de 1961, reflejan la intensidad de los propósitos dirigidos contra la zona oriental.

Julio de 1960.— Se neutraliza un “accidente” que el Cuartel General de la CIA preparó contra el Ministro de las FAR.

Octubre de 1960.— Desembarcan 27 mercenarios, incluidos tres yankis, bajo el mando del masferrerista Armentino Feria, conocido por El Indio, en Bahía de Navas, entre Moa y Baracoa, los cuales fueron capturados días después por la acción conjunta de las fuerzas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias.

Diciembre de 1960.— Es neutralizada en el municipio de Manuel Tames, Guantánamo, la numerosa banda de Roberto Herrera “Tico” (quien huye hacia la base naval).

31 de diciembre de 1960 al 20 de enero de 1961.— Se produce la gran movilización general del país ante las amenazas de agresión por el cambio de mandato presidencial Eisenhower-Kennedy.

19 de febrero de 1961.— Fuerzas combinadas del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias operan contra la banda de Algimiro Fonseca y Emilio Vera que actuaban en la región de Yambeque, Monte Rus, Guantánamo. Ante la persecución, 17 de sus criminales miembros escapan hacia la base naval, donde son bienvenidos por las autoridades norteamericanas.

Entre el 1ro y el 4 de marzo.— Se desarrolla en torno al territorio la maniobra conjunta Solidaridad, con la participación de paracaidistas de la 82 División Aerotransportada, aviación y buques de combate estadounidenses, acompañados de destacamentos de Panamá, Colombia y Perú al amparo del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

4 de marzo de 1961.— Es derribado un avión pirata en la región de Baracoa, Guantánamo.

12 de marzo de 1961.— Son capturados el bandido Arcadio “Blanco” Pelegrín y dos de sus colaboradores en Tres Hermanos, Baracoa, Guantánamo.

12 de marzo de 1961.— Se realiza un ataque pirata contra la refinería Hermanos Díaz, en Santiago de Cuba.

23 de marzo de 1961.— Es atacado un avión cubano por un crucero de Estados Unidos en Imías, Guantánamo.

6 de abril de 1961.— Es capturada la banda contrarrevolucionaria de Octavio Lujo Padró en la zona de Fermín, Sierra Maestra.

6 de abril de 1961.— Los incipientes Órganos de la Seguridad frustran un complot en Monte Rus, apoyado por las autoridades militares de la base naval de Guantánamo.

8 de abril de 1961.— Es frustrada la Operación Pinar ante la movilización de tropas revolucionarias en la defensa del litoral, al tratar de desembarcar por la zona de Moa, norte de Oriente, un contingente mercenario encabezado por José Ignacio Rasco Bermúdez e integrado además por el traidor Jorge Sotús, Alfonsito Gómez Mena, Clemente Inclán, Blacamán, Lomberto Díaz, el traidor Pedro Luis Díaz Lanz y su hermano Marcos, y otros hasta el medio centenar, con el fin de destruir las instalaciones niquelíferas. El convoy había zarpado de Miami a bordo de los yates artillados Marna, Patoño y Phillys y el buque de cabotaje Cacique.

Acobardados ante la defensa cubana, arrojaron al mar unas 10 toneladas de armas y municiones y regresaron a Miami diciendo que habían sido perseguidos por una fragata.

LA “OBRA DE TEATRO” DE MULLER

En vísperas de la invasión mercenaria de Playa Girón, ocurrió lo que pudiera denominarse “la obra de teatro” de Alberto Muller Quintana.

Siguiendo instrucciones de la CIA y el denominado Frente Revolucionario Democrático (FRD), Muller Quintana penetró clandestinamente en Cuba por la costa de la playa de Guanabo, al este de la capital, con el objetivo de realizar un alzamiento armado en la provincia de Oriente.

Lo acompañaba otro cabecilla del llamado Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE), Gustavo Enrique Casuso Pérez, dirigente de la Agrupación Católica Universitaria (ACU), quien había sido entrenado por la Agencia como radioperador de una planta transmisora y receptora, con la misión de establecer contacto con la Brigada 2506 y coordinar los planes cuando se produjera la invasión.

Con el apoyo de la jerarquía católica de La Habana, Muller reclutó varios contrarrevolucionarios en las provincias de Matanzas y Las Villas, a quienes trasladó hacia el santuario de El Cobre, en Oriente, con la complicidad de los sacerdotes José Luis Rojo Ceijas y Reynerio Lebroc Martínez, para fomentar un alzamiento armado antes de que se produjera la invasión mercenaria.

El infiltrado de la CIA Muller Quintana logró establecer tres campamentos en la vertiente norte de la Sierra Maestra: en la zona de Los Lirios de Nagua, Gallón del Perú y Santo Domingo, municipio de Bartolomé Masó. En este último lugar fijó la comandancia, después de autotitularse “comandante”, designar a Enrique Casuso Pérez como segundo al mando y nombrar capitanes a Juan Ferrer Ordoñez, como jefe del campamento del Gallón del Perú, y a Patrocinio Castillo Ferral, a cargo del trabajo de influencia sobre los campesinos.

En total, disponía de 16 individuos en su “comandancia central” y alrededor de 18 en los dos campamentos restantes, para un total de 34 elementos. Además, contaba con otros 60 contrarrevolucionarios captados en las poblaciones cercanas a la Sierra Maestra y El Cobre.

El 17 de abril de 1961 comenzaron las operaciones militares contra estos alzados y el día 21 fue capturado un grupo en la zona de Brazo Malo, barrio Zarzal, en Manzanillo.

La captura de Muller Quintana y sus más cercanos colaboradores se produjo el 22 de abril, cuando llegó a la casa de un campesino a pedir comida, quien dio aviso a la compañía de milicias a la cual pertenecía. Los milicianos rodearon el lugar y tomando todas las medidas para garantizar que no le ocurriera nada a la familia que se encontraba en el interior de la vivienda, conminaron a salir a los alzados, que de inmediato se rindieron.

En esta operación también fueron detenidos 134 contrarrevolucionarios, entre ellos los sacerdotes Luis Rojo Seijas y Reynerio Lebroc. Unos 70 eran elementos de la clase media de Camagüey y La Habana, otros 10 ex “casquitos” de Las Villas, así como 18 comerciantes y grandes agricultores que vivían en ciudades cercanas a la Sierra Maestra, algunos caficultores ricos que servían de apoyo al alzamiento y varios profesionales.

La rápida y eficaz operación militar impidió el agrupamiento de aquellas fuerzas, así como el lanzamiento de armas que por medio de aviones norteamericanos desde la base naval, según declaraciones de ellos, los abastecería para que pudiesen ejecutar acciones de apoyo a la invasión mercenaria.

NI SIQUIERA EL PRESIDENTE KENNEDY CONOCÍA LA OPERACIÓN MARTE

El Grupo Especial que bajo las órdenes de Richard Nixon desde un año atrás preparaba todo el operativo para el aniquilamiento de la Revolución cubana, no estuvo de acuerdo con las ideas del presidente Kennedy de cubrir ciertas apariencias sobre la participación norteamericana y había expresado la inquietud de que si no se producía una invasión directa de las fuerzas armadas de Estados Unidos sería muy difícil lograr el derrocamiento de Castro.

Para tratar de forzar a Kennedy a dejar a un lado sus vacilaciones y autorizar el empleo de las fuerzas armadas estadounidenses, el alto mando de la CIA y los principales dirigentes del Pentágono concibieron una acción secreta donde intervendría una fuerza elite que fue alistada bajo la dirección de George Bush padre y recibió preparación en una instalación naval en Belle Chase, Louisiana, para cumplir misiones especiales.

Así fue como se concibió la Operación Marte, donde 160 hombres de la mayor confianza de la CIA, vistiendo el uniforme del Ejército Rebelde, desembarcarían por el sur oriental para apoderarse de la Ciudad Primada de Baracoa y posteriormente simular un ataque de las tropas cubanas contra la base naval de Guantánamo, con lo cual habría la motivación formal que obligaría al Gobierno de Kennedy a intervenir en el conflicto que se crearía con la invasión mercenaria.

De igual forma, determinaron el desembarco para la madrugada del día 15 de abril, de manera que comenzaran sus acciones simultáneamente con el primer golpe aéreo mercenario, con el propósito de atraer la atención del mando cubano y distraerlo de la otra dirección principal, en Bahía de Cochinos treinta horas después.

El 14 de abril, una agrupación de barcos en misión de la CIA, la mayor parte de ellos buques de guerra de la Marina norteamericana para que pareciese una expedición de mayores proporciones, se acerca a las inmediaciones de la ciudad de Baracoa, en el extremo oriental de la Isla, para producir el desembarco de ese grupo, dirigido por el traidor Higinio “Nino” Díaz Ane.

Al llegar frente a las costas y ver los movimientos en las sólidas defensas de las tropas revolucionarias, el miedo pudo más que la esmerada preparación a la que habían sido sometidos y se retiraron cobardemente. No se les permitió regresar a la Florida, sino que fueron trasbordados a dos destructores y llevados a las instalaciones militares norteamericanas en la isla de Vieques, Puerto Rico. En Miami, como burla, esta acción fue bautizada años más tarde como “el bojeo a Cuba”.

En el análisis de la situación operativa, el Comandante en Jefe y el Ministro de las FAR habían llegado a la conclusión sobre la posibilidad de que el Gobierno de Estados Unidos llevara adelante alguna medida de autoagresión en la base naval de Guantánamo y decidieron reforzar con medios antitanques y antiaéreos la dirección sur de Oriente.

“Al igual que había indicado reforzar otros lugares del país de posible incursión del enemigo —precisa el Ministro de las FAR—, el Comandante en Jefe me indicó hacerlo en Baracoa y Pilón. En el caso de Baracoa, que era el más peligroso, designé un batallón de infantería (el No. 80 de Jiguaní), al que se le agregó una batería de antiaéreas cuatro bocas y otra de cañones antitanques de 57 mm. Para dirigirlo nombré al aguerrido veterano de la Sierra Maestra, comandante Eddy Suñol. Esta unidad, sumada a los 400 milicianos baracoenses, hicieron de la antigua Ciudad Primada un bastión, que resultó después un disuasivo para los asustadizos mercenarios que pretendían desembarcar.

“En los días de Girón —rememora Raúl—, con la constitución de la División 50, al mando del capitán Senén Casas, engrosada por miles de milicianos de la columna que regresaba del Escambray, el 21 de abril de 1961 concluyó la primera etapa de creación del Ejército Oriental, fecha que marca el aniversario de este mando.

“La previsión del Comandante en Jefe y el cumplimiento de las acciones anteriormente enumeradas, en particular la creación de las compañías Serranas, que convirtieron el abrupto e inmenso territorio oriental en invulnerable a las bandas contrarrevolucionarias, nos permitieron adelantarnos a los planes del enemigo.”

En el acto por el aniversario 25 de la Victoria de Playa Girón, Fidel recordaría:

“La noche del 14 al 15 de abril estábamos de pie, en el Estado Mayor que teníamos improvisado en una zona de la Ciudad de La Habana, pendientes de lo que iba a ocurrir en Oriente, si se producía o no el desembarco, cuando al amanecer los aviones pasaron rasantes, precisamente por encima de donde estábamos, y se dirigían hacia Ciudad LibertadÁ Resultaba extraño que hubieran lanzado el ataque aéreo de 36 a 38 horas antes del ataque principal, tal vez pensaron que nos engañarían con el desembarco que intentaron realizar aquella noche del 14 al 15 por la zona de Baracoa; allí los estaban esperando, si hubieran desembarcado, hubieran durado, realmente, bastante poco.”

El bombardeo a Santiago de Cuba no había sido una acción de distracción, sino un objetivo de neutralización concebido por la CIA en apoyo a la Operación Marte y puso en evidencia ante las autoridades cubanas que había llegado el momento cumbre de la agresión.

Unas horas antes, dada la presencia de ese despliegue de naves, se le ordenó al capitán Orestes Acosta despegar en un T-33 y sobrevolar la zona para esclarecer la información. A su regreso, informó por radio que no había podido precisar bien la cantidad de barcos y pidió que se le preparara un avión mucho más lento, pues con él podría ver mejor.

Cuando se encontraba al sur de la pista, tan solo a un minuto del aeropuerto de Santiago de Cuba, se comunicó con la torre de control para avisar de su llegada. Después su avión explotó y desapareció en el aire. Todo hace presumir, por la manera en que ocurrieron los hechos, que fue derribado por un navío, o por un cohete aire-aire desde algún avión norteamericano. Es así, que este magnífico compañero se convirtió en el primer combatiente caído en el enfrentamiento a la invasión mercenaria.

Unas horas después, el día 15 de abril, al producirse el bombardeo al aeropuerto de Santiago de Cuba, el Ministro de las FAR llamó por teléfono al Comandante en Jefe, quien le respondió que en ese momento los aviones habían pasado rasantes sobre el puesto de mando improvisado en una casa en la zona del Nuevo Vedado y estaban bombardeando Ciudad Libertad.

Raúl le propuso al Jefe de la Revolución convocar la inmediata movilización de la población de la provincia de Oriente y al recibir su autorización, se dirigió a la emisora de radio CMKC donde improvisó un ardiente llamamiento:

“Orientales:

“En el amanecer de hoy, aviones, mercenarios, pagados por el criminal imperialismo yanki, acaban de bombardear el aeropuerto de Santiago de Cuba Antonio Maceo”.

Raúl comenta que no hemos tenido que lamentar muchas bajas y denuncia que: “De la misma forma, en otras ciudades de la Isla, aviones mercenarios han hollado el suelo de la Patria con bombas del imperialismo yanki”.

“¿Y qué quiere decir eso? Que ha llegado el momento para todos los cubanos de empuñar el arma para liquidar a los viles que intenten hollar la Patria sagrada.”

El Ministro añadió en ese mensaje: “Orientales, milicianos, miembros del Ejército Rebelde, acudid a movilizarse, cada jefe de unidad”. Sea esta de milicia o del Ejército Rebelde, a presentarse “en el lugar donde se conservan las armas, en forma ordenada y serena. Cada uno a ocupar su puesto.

“Cada uno a empuñar el rifle con el que tendremos que pagar el precio de nuestra libertad. Como primer paso, cada uno a ocupar el mismo sitio que cuando la movilización de enero, en forma ordenada y serena. Que la producción debe mantenerse lo más alta posible. Que la CTC-R (Confederación de Trabajadores de Cuba- Revolucionaria) convoque la movilización inmediata, sin dejar de producir. Que la Federación de Mujeres imparta la consigna de ocupar sus puestos. Que los Jóvenes Rebeldes también, a pesar de su tierna edad, deben de empuñar el rifle para salvar la Patria.

“Todos a ocupar su puesto. El enemigo ha atacado. Vamos a aniquilar al enemigo y a la reacción interna.”

Finalmente, Raúl llama solemnemente: “A cumplir la palabra empeñada con nuestros 20 000 muertos, con nuestros hijos, con América y con el mundo. A aniquilar el invasor. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”.

La presencia cercana de los buques de guerra de Estados Unidos y el despegue de aviones desde la base naval de Guantánamo tensionaron mucho más los acontecimientos en la zona oriental.

Desgraciadamente, no se pudo recopilar para la historia el diálogo telefónico que sobre las 13:02 horas del día 17 de abril sostuvo el Comandante en Jefe con el Comandante Raúl Castro en su puesto de mando en Oriente. Solo se conserva la versión taquigráfica de las palabras de Fidel, pero de ellas se colige la peligrosidad de la situación y la plena disposición combativa para enfrentar la agresión.

Oye, Miró Cardona insiste en que ha habido desembarco por Oriente. Sí, oye, no importa. Cualquier cosa que se produzca, tienen que usar mucho antitanque, por si vienen algunos tanques. Los antitanques todos listos, para que lleguen rápidamente. No sabemos; cuando capturemos al primero te lo comunicaremos. Un paracaidista muerto, pero no te apures, no te preocupes. Óyeme, Raúl: mucha antiaérea en el aeropuerto... Vamos a volver a preguntar, pero tienen que estar al llegar. Hay otra cosa; si se forma mañana algo por ahí, nosotros podemos mandarte ya, probablemente, la aviación. La aviación ha actuado maravillosamente bien; la aviación ha actuado perfecto (...) No lo puedo precisar, pero no hay que preocuparse. ¿Cómo? Sí, porque ellos insisten mucho, pero ellos tiraron sus paracaidistas y todo por acá, hicieron un esfuerzo por apoderarse de esto. Yo creo que el esfuerzo principal lo hicieron por ahí, por Zapata. No se puede precisar, pero metieron muchos paracaidistas; creo que todo lo que tenían. Muy alertas por ahí. Raúl: mucho antitanque y mucha antiaérea. Apoya a la gente con antiaérea. Después te mandarán, pero mucha antiaérea. Yo voy a averiguar lo de los 400, cuándo salieron y por dónde. ¿A dónde? Yo no sé, pero voy a averiguar. Mucha antiaérea y proteger a la gente, que ellos vienen con aviones. Bien.

Oriente se preparó concienzudamente para la resistencia. Con su historia rebelde y mambí, era “un hueso duro de roer”. Lo fue en el pasado y lo será siempre.

 


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Girón el primer capítulo de nuestra resistencia ( Parte VIII)

Se probaron la unidad y fuerza del pueblo

Por Reynold Rassi
Tomado del periódico Granma,
18 de abril del 2006

"Considero que Girón demostró la cohesión de nuestro pueblo, puesta de manifiesto en la unión alcanzada entre el Ejército Rebelde, la Policía y las Milicias Nacionales Revolucionarias, todos surgidos de las masas, que fueron las fuerzas que vencieron a los invasores. Allí también se demostró que el imperialismo puede ser derrotado cuando el pueblo está dispuesto a luchar por una causa justa, en defensa de su Patria."

*Lo anterior fue expresado por el coronel (r) José Sandino Rodríguez, quien cuando la agresión mercenaria del 17 de abril de 1961 era capitán de la Policía Nacional Revolucionaria, estaba al frente de una parte del Batallón 116 de las Milicias y de un grupo del Bon de la Policía y combatió en Girón contra los invasores.

Sandino Rodríguez es un veterano combatiente del Ejército Rebelde, donde alcanzó los grados de primer teniente en el Segundo Frente Oriental Frank País. También participó en la lucha contra los bandidos del Escambray, y como internacionalista en Etiopía.

Recuerda que había regresado del Escambray y se encontraba en el campamento de El Esperón, en la capital, cuando se produce el bombardeo a las bases aéreas de La Habana y Santiago de Cuba, el 15 de abril, preludio de la invasión. El día 17 les avisan que se concentren en la antigua Motorizada, hoy Unidad Provincial de Patrullas de la PNR en la capital, y les asignan el Batallón 116 de las MNR, que se dividió en dos grupos: uno a cuyo frente estaba Sandino, y otro dirigido por el también capitán del Ejercito Rebelde Luis Artemio Carbó Ricardo, quien cayó combatiendo en Girón.

"El 18 partimos para Matanzas, y de allí fuimos a Playa Larga, donde llegamos alrededor de las 8 de la noche de ese día. En la carretera vimos las guaguas con milicianos que habían sido bombardeadas y a muchos de ellos muertos. En el camino de Playa Larga a Girón, al amanecer del 19, llegó el refuerzo del Bon de la PNR, con el entonces comandante Efigenio Ameijeiras al frente. Allí me entregó una parte del personal y la otra a Carbó."

Agrega que en el trayecto hacia Girón se encontraban los tanques que habían sido atacados por el enemigo, uno de ellos en llamas. El capitán Carbó arengaba a los milicianos para que continuaran el avance cuando una ráfaga de ametralladora lo mata. "Perdimos a un gran jefe", apunta Sandino.

"Arribamos a Girón el día 19 como a las tres de la tarde. La Policía fue de las primeras fuerzas en llegar; nos enfrentamos a los mercenarios. Le aviso a Ameijeiras de la situación y nos envía refuerzos. También entraron los tanques. Luego de fuertes combates, el enemigo es derrotado y comienza a rendirse. Del Batallón 116 perdimos a varios milicianos, uno de ellos solo tenía 15 años de edad. También murieron numerosos combatientes de la PNR. El heroísmo garantizó que la invasión fuera liquidada en menos de 72 horas."

Luego de Girón, Sandino Rodríguez continuó en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, de las cuales pasó a la reserva en 1987 con el grado de coronel.

Día del Tanquista

Abnegación blindada

Por René Castraño

Cuando el 18 de abril de 1961 los tanques T-34 y los cañones autopropulsados SAU-100 penetraron en los alrededores de Playa Girón, los invasores no imaginaron que los tripulantes de aquellos medios blindados, hombres sin experiencia en su empleo, contribuirían de forma tan decisiva a la victoria.

A 45 años de la primera gran derrota del imperialismo yanki en América, quizás del otro lado del Estrecho de la Florida todavía se pregunten cómo fue posible tal fracaso.

El teniente coronel Evelio Bernabé Borges, jefe de un batallón de la Gran Unidad de Tanques Rescate de Sanguily, Orden Antonio Maceo, lugar desde donde partieron los blindados para enfrentar la invasión mercenaria, refiere que entre los factores fundamentales que él considera propiciaron esa victoria estuvo la firmeza de las convicciones de los combatientes.

"Si en alguna medida esos bisoños tanquistas no dominaban a la perfección esa técnica recién adquirida, esto se suplió con el coraje, la audacia y la decisión de defender a la Patria que caracteriza a los combatientes cubanos."

EN LA ACTUALIDAD

Las potencialidades de nuestra técnica y la preparación del personal que la opera posibilita que hoy los tanquistas puedan enfrentar al enemigo en mejores condiciones, destaca Bernabé. "Nuestras dotaciones se sienten más seguras dentro de esas "moles de hierro". Su potencialidad y gran poder de fuego desarrollados en el combate, hacen de ellas un arma precisa, catalogada como el Puño de Acero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, agrega.

Estar dentro de una de estas "moles" es incómodo, todos vamos apretados (el artillero, el cargador, el conductor mecánico y el jefe del tanque), pero aun así este el medio de combate que prefiero por la seguridad que brinda a sus tripulantes y la eficacia del tiro para abatir al enemigo, comentó el teniente Yusnier Díaz, jefe de un pelotón de estos medios.

Dentro de ellos nada es fácil, acota el oficial, pero si la tripulación trabaja con amor todo se logra. "Nos sentimos orgullosos de ser tanquistas".

UN POCO DE HISTORIA

La inventiva de los combatientes del Ejército Rebelde para aumentar su poder de fuego dio la posibilidad de crear un blindado construido por orden del Comandante Camilo Cienfuegos para la toma de Yaguajay, con la utilización de un buldózer al que se le instalaron planchas de acero, ametralladoras y lanzallama.

Como claro reflejo del júbilo popular, por una Revolución ganada a sangre y fuego, pasaron a la historia las imágenes de la Caravana de la Victoria, en la que los principales jefes de la gesta revolucionaria entraron en enero de 1959 a la capital montados en medios blindados.

En Girón, un segundo disparo desde un SAU-100 resultó certero y acabó con las pretensiones del enemigo de reembarcarse en el buque Houston. Aquel disparo fue efectuado por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Tierras del continente africano también fueron escenario del heroísmo de estos combatientes y sus medios blindados. Los herederos de la caballería mambisa, que hoy celebran el aniversario 45 del Día del Tanquista, han legado a nuestra historia heroicas páginas de abnegación y coraje.

Batallón 339, primera línea de fuego

Por Armando Sáez Chávez

CIENFUEGOS.—Ante una inminente agresión militar, se organizó aquí el 10 de abril de 1961 el Batallón de Milicias 339, cuyos integrantes en su gran mayoría procedían de la limpia de bandidos en el Escambray. Ese mismo día se entregó el armamento y partieron poco más tarde desde el aeropuerto civil —hoy Jaime González Grosiel—, el mismo que fue ametrallado el 17 de ese mes por aviones enemigos y defendido a todo fuego por otras fuerzas destacadas en el lugar.

"La misión asignada consistió en dislocarnos en los alrededores del central Australia, supuestamente para marchar después hacia un punto de posible desembarco enemigo. Aquí estábamos el día 15 cuando recibimos la noticia de los ataques al aeropuerto de Santiago de Cuba y a los de San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, en la capital. Sentimos el infinito orgullo de que entonces, Eduardo García Delgado, también cienfueguero, escribió en la pared con su sangre Fidel antes de morir", recuerda al cabo de 45 años el teniente coronel (r) Hugo Israel Alfonso Aday, quien formaba parte de la Plana Mayor del Bon 339 y hoy es miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

"El 17 de abril partimos hacia Bahía de Cochinos —explica Alonso— y fuimos de la vanguardia en enfrentar la invasión mercenaria, conscientes de por qué lo hacíamos, luego de que el Comandante en Jefe proclamara el carácter socialista de la Revolución, el 16 de abril, durante el entierro de las víctimas causadas por los ataques aéreos de la víspera.

"El 339 combatió primero en Playa Larga y más tarde en Pálpite, en este último para enfrentar a los paracaidistas que se lanzaron por allí". De las primeras acciones, refiere el combatiente, el mayor impacto fue el desconcierto de la tropa ante la confusión que provocó la aviación agresora con las insignias de la Fuerza Aérea cubana.

"A nuestro Batallón le mataron 14 milicianos y tuvo alrededor de 50 heridos. Vi caer cerca de mí a Alfredo Placeres, cuya muerte me impresionó mucho y no pude menos que sentir temor de que le sucediera lo mismo a mi hermano Leonier, que también combatía no lejos de allí."

Reconoce este oficial, quien permaneció activo por 26 años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que tuvo el privilegio no solo de luchar en Girón por la Patria y el Socialismo, sino que fue de los primeros en llegar al frente y de los últimos en marcharse, porque el Bon 339 tuvo la misión de "peinar" la zona en la búsqueda de mercenarios que pudieran escapar. Por algo esta fuerza fue la que marchó a la vanguardia del desfile en la Plaza de la Revolución ese Primero de Mayo.

Mujeres en la retaguardia

Por Ventura de Jesús

MATANZAS.—"Al iniciarse el bombardeo, pensábamos que era una tormenta o algo parecido. Aquello fue horroroso para las familias de aquí, del pueblo, y de los cenagueros", recuerda Elsa Cabrera.

"Aunque nos preparábamos desde hacía meses, la gente se resistía a creer que se trataba de una agresión imperialista. Enseguida se conoció lo que sucedía, y en la casa nos pusimos en pie de lucha.

"El ruido de las armas se sentía aquí en Jagüey Grande como si estuviéramos bajo el fuego. El cielo se estremecía y era como si la tierra estallara bajo nuestros pies.

"Hoy resulta fácil recordarlo, pero en aquellos primeros instantes hubo desconcierto, lo cual no impidió que mucha gente, sin descartar a las mujeres, hiciera lo que estaba previsto."

Por suerte, Elsa había pasado un curso de brigadista sanitaria y contaba, además, con el apoyo de su esposo. Un rato después, ya se garantizaba la retaguardia de los primeros combatientes que hicieron frente al agresor.

Elsa es lo que se dice una mujer bien plantada, y admite haber tenido la suerte de compartir la vida con Rolando Ojeda, un hombre humilde y generoso con quien lleva de casada 55 años.

En abril de 1961 apenas tenía 20 años de edad y enalteció en su condición de brigadista sanitaria la labor de salvar vidas. Con dinamismo y abnegación, ella y otras muchas mujeres del territorio auxiliaron a infinidad de personas.

"Habilitaron un hospitalito de unas 80 camas en lo que había sido el Casino Español, para ofrecer los primeros auxilios. Yo me encargaba, más bien, de coordinar todo lo relacionado con la llegada de los heridos y del avituallamiento. Hubo un momento en que todas las camas estuvieron ocupadas.

"Y una de las cosas de más impacto fue la reacción del pueblo. Todo el mundo quería contribuir con la causa. La gente se presentó para donar sangre y cooperar en lo que fuera necesario."

Aquella agresión fue la primera derrota del imperialismo yanki en América, a pesar de que los mercenarios venían bien armados, organizados y contaban con apoyo del gobierno de EE.UU. Pero chocaron, agrega, con el coraje del pueblo, sus milicianos y sus heroicos soldados rebeldes.

Recuerdos de un miliciano

Por Alexis Schlachter

Juan Gabriel Yanes Casales tiene hoy 71 años de edad. En la vida cotidiana puede que en algún momento olvide situaciones o hechos. Pero su juventud, exactamente cuando tenía 26 años, la marcha indetenible hasta llegar a las arenas de Girón y ya allí, en la distancia, ver al Comandante en Jefe dirigiendo las operaciones... Esos recuerdos han quedado sin espacio para el olvido.

"Después de la limpia del Escambray, en la que participé como miliciano de filas, fui trasladado junto a mis compañeros del Batallón 117 a un aeropuerto en construcción, cerca de Santa Clara, al cual debíamos defender en caso de agresión.

"El 16 de abril de 1961 siempre lo tendré presente. Escuché por la radio noticias sobre los ataques a los aeropuertos de La Habana y Santiago de Cuba, anuncio de que la amenaza imperialista se había hecho realidad de metralla y muerte.

"Después Fidel habló al pueblo y proclamó el carácter socialista de nuestra Revolución.

"Cuando nuestro Bon recibió la orden de combate, todos los milicianos sabíamos qué íbamos a defender y supimos cumplir con honor el compromiso. Ninguno de nosotros falló. En los tres días de lucha sin cuartel hubo compañeros heridos, muertos..., pero nadie dudó en hacer válido nuestro compromiso con la Patria, con el Comandante en Jefe...

"Yo tenía a mi hijo recién nacido y distante en el hogar. Así fui al combate; peleé por defender su futuro, el de mi familia, el de todo el pueblo.

"A pesar de mis años, sigo dispuesto a defender la dignidad, ahora de mis nietos. Siempre con Girón en la memoria."

 


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Girón el primer capítulo de nuestra resistencia ( Parte VII)

Aquel derroche de heroísmo

Por Reynold Rassi
Tomado del periódico Granma,
17 de abril del 2006

La compañia de tanques, casi todos T-34, llegó a Aguada de Pasajeros (en aquella época perteneciente a la provincia de Las Villas, hoy es de Cienfuegos) al amanecer del día 19 de abril de 1961, en momentos en que se combatía encarnizadamente contra los mercenarios que habían desembarcado el 17 por el sur. Ya los blindados que comandaban Néstor López Cuba y Samuel Rodiles Planas, se enfrentaban al enemigo

“Girón representa para mí, haber puesto un granito de arena en la primera derrota del imperialismo norteamericano en América Latina”.

Después de pasar de Aguada, al poblado de Horquita —en cuyos alrededores se encontraban atrincherados los invasores—, arribó la compañía de tanques que comandaba el entonces capitán del Ejército Rebelde Joel Pardo Guerra. Continuaron el avance hacia el central Covadonga, pero en el entronque de El Helechal, entre esa industria y Horquita, la artillería enemiga cañoneó sorpresivamente a los tanquistas, y resultaron averiados algunos equipos. No obstante, un fuego cerrado fue la respuesta que recibieron los mercenarios de los combatientes cubanos. El combate se mantuvo una gran parte de la tarde.

“Estando en El Helechal, mientras reabastecíamos de combustible y artillería a nuestros blindados —señala Joel—, llegó el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien luego de recibir la explicación de cuántos tanques estaban funcionando, me orientó continuar y no parar hasta que las esteras de nuestras máquinas estuvieran en las aguas de Playa Girón. Y así se hizo ya avanzada la tarde de aquel mismo día 19 de abril, fecha en que logramos derrotar a los mercenarios“

El hoy teniente coronel (r) Joel Pardo Guerra es secretario general del núcleo del Partido en su zona de residencia, en la circunscripción del Reparto Sierra Maestra, Santiago de las Vegas. Es integrante de una familia de hermanos que participaron en la guerra de liberación en la Sierra Maestra hasta el triunfo de la Revolución.

Cuando el bombardeo a los aeropuertos cubanos por aviones procedentes de los Estados Unidos, el 15 de abril de 1961, se encontraba en la Escuela de Tanques de Managua aprendiendo a manejar y conocer esos medios blindados llegados de la entonces Unión Soviética. De inmediato les dieron la orden de prepararlos para entrar en acción, y con un grupo de hombres inexpertos pero llenos de amor a la Patria y de ganas de enfrentar al enemigo, salieron a derrotar al invasor

“En Girón nuestro pueblo hizo derroche de heroísmo y valentía, pues muchas de las armas utilizadas estábamos aprendiendo a usarlas, y el equipamiento militar utilizado por el enemigo era más moderno y numeroso.

“No obstante, el pueblo se enfrentó a los mercenarios y supo vencerlos.

“Sin duda, para mí en lo particular, Girón representa haber tenido una participación directa, poner un granito de arena en la primera derrota militar del imperialismo yanki en América Latina“.

El sabor de la lucha y la victoria

LOURDES PÉREZ NAVARRO

lourdes.p@granma.cip.cu

“Cuando Fidel dio la orden de combate estábamos en el Quinto Distrito, en la capital, movilizados con armas y municiones. Unidades de milicianos integradas por trabajadores y estudiantes. La encomienda inmediata fue presentarnos en el puesto de mando del central Australia”.

Así rememora el coronel (r) de las FAR Orlando Márquez Rodríguez, quien por aquellos días de abril de 1961 estaba al frente de la Primera Compañía de Infantería del Batallón 144. Apenas cinco meses antes se había graduado en el Primer Curso de Oficiales de Milicias, en la Escuela de Matanzas.

“No teníamos en qué trasladarnos. Salimos a la calle y parábamos lo primero que pasaba: camiones, rastras, cualquier cosa. La gente se sumó enseguida, y muchos que no pertenecían al Batallón llegaban a buscar armas y a unírsenos.

“Llegamos a Girón el día 17 y nos presentamos en el puesto de mando del central Australia a recibir la misión: salir a la carretera de Playa Larga a Playa Girón para cortar en dos al enemigo. Nos dieron un guía para mostrarnos el camino, pero se perdió. Seguimos andando hasta llegar a un brazo de mar cerca de Pálpite, por donde se habían dispersado los mercenarios.

“Nos recibieron unos aviones con las insignias cubanas. Confiamos en que eran nuestros, pero no fue así. Los mercenarios habían utilizado nuestras insignias para engañarnos. Los vimos hacer primero un bojeo; se retiraron y luego volvieron. Ametrallaron y tiraron bombas. Acabábamos de llegar, no habíamos bajado siquiera el armamento. Una pareja de milicianos bajó y armó una ametralladora; otro compañero y yo hicimos lo mismo. Emplazamos, tiramos...no sé si les dimos, pero no regresaron.

“Estábamos en el centro y la artillería nuestra detrás, los obuses nos pasaban por encima. Ninguno de nosotros conocía lo que era una guerra. El impacto fue muy fuerte. Al rato, el segundo al mando me preguntó: ¿No se ha visto la cabeza? Tenía la boina verde perforada por un proyectil. Ni cuenta me había dado. Pero había sido solo una rozadura.

“Lo más emocionante fue la victoria en menos de 72 horas. Los mercenarios no esperaban que los fuéramos a recibir de esa forma.”

Con sus ocho décadas de vida —de las que dedicó más de 30 años a las FAR y a cumplir misión internacionalista en Mozambique—, Márquez Rodríguez mantiene vívidos aquellos días. “Girón me marcó para toda la vida. El sabor de la lucha y de la victoria no lo perderé nunca.”

No hay olvido

MARIANELA MARTÍN GONZÁLEZ

El hombre de esta foto fue el jefe de la Cuarta Compañía de Infantería del Batallón 180, uno de los que le hizo ver a los mercenarios entrenados por el gobierno de Washington que invadir a Cuba no era una simple escaramuza, como pensaron.

Formó parte de los comprometidos con el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. En la lucha clandestina abrió el camino para sumar a la causa insurreccional a no pocos compatriotas que sufrían la tiranía. Por eso lo apresaron en 1956, luego de liderar una huelga del sector textil en Santiago de las Vegas.

Cuarenta y cinco años después de la victoria de Playa Girón, Luis Gil Álvarez ratifica su voluntad de combatir si otros mercenarios ultrajaran el suelo patrio. “Ahora hay más conquistas que defender que en 1961”.

Fuimos por razones muy consistentes, dice. “Sabíamos a quienes nos enfrentábamos. Eran servidores del gobierno yanki, que no quería una Cuba independiente, capaz de hacer realidad los sueños del Programa del Moncada.

“La presencia de Fidel fue otra de las grandes motivaciones. El Comandante en Jefe estuvo en los sitios más riesgosos dirigiendo, con su capacidad de estratega militar, a los hombres que habíamos dejado talleres y surcos para defender lo que sería definitivamente nuestro.

“Solo perdiendo la memoria podríamos olvidar toda la violencia de aquellos días, el cinismo de aquellos cobardes, que una vez apresados lloraban y repetían que habían venido como cocineros, cuando la palabra justa era carniceros”.

Gil evoca a los combatientes de las “cuatro bocas”, víctimas de la metralla mercenaria: “Eran muchachones que se perdieron lo mejor de esta Revolución. Si no hubieran muerto estarían como nosotros ratificando su vocación por Cuba.

General de división Enrique Carreras Rolas

“Hacer lo humanamente correcto”

MARTA CARRERAS RIVERY

De pequeños solemos ver como héroes a nuestros padres. Cinco décadas después, el mío permanece entre los grandes; y resulta que también lo es para muchas personas que lo aprecian como una refe-rencia del difícil heroísmo de todos los días que forma parte de una concepción coherente de la vida, donde el pensamiento y la práctica pasan por el corazón.

Por estos días de abril los viejos fundadores de la Fuerza Aérea Revolucionaria suelen llamar y visitar la casa del general de división Enrique Carreras Rolas, para recordar juntos anécdotas de aquellos años gloriosos de la joven y agredida Revolución cubana, lugar común de los sinmiedo que pudieron construir a 90 millas del imperialismo yanki el faro de independencia que hoy ilumina más allá de nuestro continente.

Para algunos, la hazaña de Carreras en los cielos de Playa Girón fue su bautismo de fuego y de fidelidad absoluta a la Patria; para él fue solo parte de una secuencia lógica de su espíritu, que había recibido ya su evangelio patriótico hacía mucho tiempo atrás. Siendo un simple teniente y piloto aviador, el 10 de marzo de 1952 lo sorprendió el golpe de Estado de Fulgencio Batista, acudió presto al Alto Mando de la Fuerza Aérea para defender la Constitución; pero su jefatura también la había traicionado. El gesto sincero le valió, sin embargo, un ascenso a Comandante para tratar de acallarlo y meses después, ante su perceptible disgusto, una larga temporada en el extranjero, en la Universidad del Aire de los Estados Unidos, para alejarlo y quizás transformarlo.

A su regreso, a sabiendas de lo que podría ocasionarle, Carreras se puso a conspirar contra el gobierno de facto en sus mismas entrañas y, cuando el 5 de septiembre de 1957 se produjo el alzamiento de Cienfuegos, no vaciló en hacer uso de su autoridad como Jefe del Escuadrón de Cazabombarderos para impedir la masacre en esa ciudad y dio entonces la orden de arrojar las bombas al mar. Ese día mi padre fue apresado, pateado, montado en un carro con sendas pistolas apuntándoles a sus sienes; y creyendo que era su fin, con más resignación que miedo, no sintió ni profirió ni una sola palabra de arrepentimiento, solo arguyó: “¡Contra mi pueblo, jamás!”.

Pocas veces me ha hablado de aquella amarga experiencia, donde el dolor más grande —me confesó recientemente— no se lo propinó ninguno de aquellos matones, sino el papel que le mostraron con las firmas de varios de sus compañeros retractándose de la acción y culpándolo como el único responsable. Acusado de sedición, pendiendo sobre él una petición de pena de muerte, torturado y aislado en una celda, no solo tuvo la capacidad de entender y perdonar a los que lo abandonaron porque no pudieron resistir la maquinaria de humillación y martirio contra ellos y sus familias, sino que en su soledad se aferró aún más a sus principios, convencido de que había hecho lo único que podía hacer: “Lo humanamente correcto”.

Por eso, años después, Girón fue para mi padre el instante donde las circunstancias lo hicieron trascender a la historia contada y escrita, como puede pasarle a cualquier persona que esté dispuesta a defender a su Patria. Y siempre me quedo admirada por su capacidad de transitar por el reconocimiento y la gloria, sin una pizca de vanidad.

Los que creyeron en él, los que lo siguieron en la para nada académica idea de aprender en escasos meses a manejar —que no a pilotar— aquellos aparatos vencidos, de improvisadas piezas, mantenidos por inexpertas manos; los que eligieron con pasión que la defensa de la Patria estaba por encima de ellos mismos; los que no fueron a morir aunque murieran, sino a luchar por la vida de quienes ni siquiera conocían ni habían nacido aún, escribieron esos días de abril de 1961 una gloriosa página de la Historia de Cuba cuando se remontaron al cielo de Girón y cumplieron la orden del Comandante en Jefe de hundir los buques insignias de la invasión, hecho que viabilizó la victoria final de todo el pueblo.

La vida con su fuerza probatoria se encargó después de darle a cada cual su sitial. Silva Tablada y el nicaragüense Carlos Ulloa, caídos en aquellos combates, viven eternamente en la obra que defendieron; otros dos pilotos de arrogancia insatisfecha, traicionaron para concluir sus vidas en el desprecio y el olvido del pueblo que abandonaron; en cambio, a Gustavo Bouzac se le sigue recordando alegre y sencillo, y como laborioso amante del campo cubano, el tiempo lo sembró y lo regresará muchas veces repetido porque la valentía y la entrega a la Patria hoy nos urge tanto como ayer; Alberto Fernández no asistirá este jueves a su colectivo de estudio en la Universidad del Adulto Mayor porque pronunciará en el Museo de la Revolución unas breves palabras por el aniversario 45 de la Victoria de Playa Girón; y mi padre, el general Carreras, lo celebrará modestamente conversando sobre aquella gesta en el portal de su casa con sus hijos, nietos y bisnietos, haciendo pausas para responder a los afectuosos saludos de sus vecinos al pasar.

A sus 83 años, Carreras ha perdido la vista, pero no la visión sobre lo que es mejor para el pueblo y para Cuba, ni mucho menos el camino para lograrlo. Está convencido de que la invulnerabilidad de la Revolución está enlazada con la inteligencia, el conocimiento, la valentía y sobre todo con la honestidad de cada persona que sea capaz de defenderla, incluso en la intimidad de su casa, con la misma pasión con que lo haría en una tribuna, en un combate, o en una celda como desde sus cumbres hoy lo hacen para todos los tiempos los Cinco Héroes prisioneros del imperio.

Para mi héroe no hay otra manera de vivir que siendo revolucionario y eso significa luchar con el verbo y la acción en todo momento para cambiar lo que está mal hecho, sin más temor que el de perder la dignidad por no hacerlo y sin esperar mayor estímulo que el que cada cual sea capaz de darse: el de la íntima satisfacción de hacer para nuestra sociedad lo humanamente correcto.

La firmeza del pueblo

RENÉ CASTAÑO

Edesio Calaña Podio regresó a Playa Girón algunas décadas después de la contienda en la que los mercenarios fueron aplastados por la firmeza de un pueblo.

Volver al lugar donde combatió al frente de la primera Compañía de la Columna Uno José Martí, estimuló sus recuerdos.

Los momentos compartidos junto al Comandante en Jefe Fidel Castro, la añoranza por los caídos, el júbilo por la victoria, los prisioneros en camiseta y con las manos cruzadas sobre la cabeza; son algunos de los pasajes que como ráfagas cruzan la memoria de este octogenario combatiente, quien al triunfo revolucionario de 1959 bajó de la Sierra Maestra con grados de primer teniente.

Cuarenta y cinco años después de aquellos “difíciles y prolongados combates”, como él califica los enfrentamientos de Girón, expresa su satisfacción por haber participado en la primera gran derrota del imperialismo yanki en América.

Estuve en varios combates en la Sierra Maestra, pero ninguno de ellos es comparable al enfrentamiento en Girón, expresa. “Aquello fue tremendo, se peleó con mucho coraje a pesar de que el enemigo contaba con una técnica más avanzada. Los compañeros de lucha no me defraudaron”.

Cuando Edesio regresó a Girón le fue difícil reconocer el lugar. Las transformaciones realizadas por la Revolución han borrado las imágenes de antaño. Para él, este es uno de los frutos de esa gran epopeya latinoamericana en la que participó.


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Girón el primer capítulo de nuestra resistencia ( Parte VI)

El Gobierno de Estados Unidos empleó a fondo todas sus tácticas de terrorismo de Estado para tratar de aniquilar a la Revolución

Pero la rápida y demoledora respuesta del pueblo cubano causó al imperialismo su primera gran derrota

Tomado del periódico Granma,
15 de abril del 2006

Despúes de mediados de enero de 1961, el Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional celebra sus dos últimas reuniones antes del cambio de poderes presidenciales, la última de ellas al más alto nivel con los nuevos secretarios de Estado y Defensa de la Administración Kennedy, para reafirmar los conceptos básicos del proyecto.

Kennedy mantuvo la vinculación de la CIA y los principales jefes del Pentágono en todo el proceso conspirativo contra Cuba.

En su informe, el Inspector General de la CIA dice: “El Grupo Especial, sin embargo, no estaba de acuerdo con el plan sustituto y expresó sus dudas acerca de que algo que no fuera una invasión directa de las fuerzas armadas de los Estados Unidos podría lograr el derrocamiento de Castro. Pero parecía existir un acuerdo sobre el hecho de que cualquiera que fuera la decisión final, sería ventajoso para los Estados Unidos contar con algunos refugiados cubanos entrenados para su uso eventual, y que la CIA debía continuar preparándolos”.

La primera reunión formal del Presidente Kennedy y sus asesores militares y de seguridad sobre el tema cubano, tuvo efecto el 28 de enero de 1961. En esta reunión hubo una presentación, mayormente verbal, del estado de los preparativos y el Presidente Kennedy aprobó su continuación. El 5 de febrero se realizó una nueva reunión y en ella la Junta de Jefes de las Fuerzas Armadas dio su opinión escrita sobre el plan. En este documento se decía que el éxito estaba condicionado por un levantamiento interno de cierta importancia, o bien por el apoyo desde el exterior. Es decir, por una intervención directa de las fuerzas norteamericanas, con auxilio de algunos contingentes simbólicos de otros países latinoamericanos. Kennedy instruyó a Robert McNamara, su Secretario de Defensa, velar cuidadosamente por el aspecto militar del plan, y ordenó a Dean Rusk, el Secretario de Estado, que organizara el trabajo político necesario para aislar a Cuba en el hemisferio, utilizando para ello a la OEA.

“La realidad fue que Fidel resultó ser un enemigo mucho más formidableÁ”, declararía después uno de los más íntimos asesores de Kennedy.

En marzo de 1961, después de estudiado el último informe, se consideró maduro el proyecto y se dictaron las órdenes oportunas. Quince años más tarde este documento fue publicado tras su desclasificación. Vale la pena transcribirlo completo:

La Casa Blanca, Washington, 11 de marzo de 1961

(MUY SECRETO)

MEMORÁNDUM DE DISCUSIÓN SOBRE CUBA

El presidente dio instrucciones de que se tomaran las siguientes acciones:

Hacer todas las gestiones para ayudar a los patriotas cubanos a formar una organización nueva y políticamente fuerte, y junto con esta gestión tratar de hacer la mayor cantidad posible de propaganda para los nuevos líderes políticos de esta organización, especialmente aquellos que sean participantes de una campaña militar de liberación.

Ejecutor: Agencia Central de Inteligencia.

El gobierno de Estados Unidos debe tener listo un libro blanco sobre Cuba y también debe estar listo para dar una ayuda apropiada a los patriotas cubanos.

Ejecutor: Arthur Schlesinger, en cooperación con el Departamento de Estado.

El Departamento de Estado presentará recomendaciones con respecto a la política de la Organización de Estados Americanos, buscando una demanda de elecciones libres, con oportunidades y protección adecuada para todos los patriotas cubanos.

Ejecutor: Departamento de Estado.

El Presidente espera autorizar el apoyo de Estados Unidos, a un número apropiado de patriotas cubanos que se regresen a su patria. Él considera que no se ha presentado el mejor plan desde el punto de vista combinado de consideraciones militares, políticas y psicológicas, y que deben concretarse rápidamente nuevas proposiciones.

Ejecutor: Agencia Central de Inteligencia con consulta apropiada.

[Firmado] McGeorge Bundy [Asesor del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional].

El primer punto fue cumplido a medias, pues realmente lo que se hizo fue ampliar el grupo ya formado con las cinco organizaciones mencionadas con la entrada del contrarrevolucionario Manuel Ray, un ingeniero que había sido Ministro de Obras Públicas en los primeros meses de la Revolución y tras su destitución a finales de 1959 había desertado. El grupo ampliado pasó a llamarse Consejo Revolucionario Cubano, y como coordinador fue designado el doctor José Miró Cardona, que no militaba en ninguna agrupación. La protesta iniciada por Tony Varona, coordinador hasta ese momento del Frente, fue acallada cuando se le informó que el Presidente del futuro gobierno provisional no podría aspirar en las elecciones que se organizarían después del triunfo. Durante los días de la invasión, los integrantes de este “gobierno” fueron mantenidos incomunicados a la fuerza en territorio norteamericano, mientras la CIA emitía en su nombre comunicado tras comunicado.

El segundo punto fue cumplido. Se intentó cumplir el tercero, pero la firme solidaridad hacia Cuba de las masas latinoamericanas hicieron vacilar a sus gobiernos, y la actitud de México, secundado por Brasil y Ecuador, impidieron su cumplimiento en la fecha adecuada. El último punto no sólo estaba destinado a expresar algunas de las dudas del Presidente, sino también a obtener el máximo de sus subordinados y obligarlos a encontrar soluciones alternativas.

Cuatro días más tarde, la CIA presentó a Kennedy el nuevo lugar seleccionado para el desembarco de la fuerza que debería establecer la cabeza de playa inicial: la franja costera que circundaba la bahía de Cochinos. Era un lugar ideal, se le dijo, apartado, en una zona carente de teléfonos ni telégrafos, pocos accesos terrestres que podían ser controlados con relativa facilidad y una pista para aviones en Playa Girón. Según el informe, el teléfono más cercano estaba en el central Covadonga, 30 kilómetros al nordeste. Pero hasta en eso la Agencia se equivocaba, pues dentro de la misma zona del desembarco, en el centro turístico de Guamá, en la Laguna del Tesoro, había comunicación telefónica.

Para todos quedó claro que era razonablemente factible establecer una cabeza de playa y luego apoyar la invasión desde el exterior. Trinidad había quedado descartada. En todo caso, la nueva zona escogida estaba relativamente cercana a las montañas del Escambray, en caso de que fuese necesario recabar el apoyo de las bandas contrarrevolucionarias que operaban en ellas.

A principios de abril, Kennedy recibió nuevas informaciones sobre la gran simpatía y el apoyo inmensamente mayoritario del pueblo a la Revolución, y pudieron apreciarse de nuevo en él síntomas de vacilaciones. Según narra Theodore Sorensen, asesor especial del Presidente, en su biografía de Kennedy, el nuevo mandatario norteamericano temía ver envuelta a la mitad de su ejército de tierra en una lucha irregular en Cuba mientras “los comunistas podrían tomar la iniciativa en Berlín o en cualquier otro punto del globo que les conviniera”.

Mientras tanto, como se ha visto, en Cuba se incrementó la ola de terror contrarrevolucionario durante esos primeros meses de 1961. Entre los meses de enero y marzo las fuerzas revolucionarias capturaron varios envíos de armas y pertrechos que la CIA enviaba a sus bandas para ser utilizados en apoyo de la invasión. También se acrecentaban las infiltraciones de diferentes grupos con las instrucciones para asegurar los preparativos.

En los primeros días de abril, se fueron acrecentando las agresiones y los actos terroristas de la CIA. En su edición del 6 de abril, el diario The New York Times publicó un artículo donde predecía grandes revueltas en Cuba. Como se revelaría más adelante, la iniciativa del periódico era una preparación propagandística de la opinión pública para justificar la agresión que se avecinaba. En esos días se produjeron algunos sabotajes importantes para intentar destruir instalaciones industriales o de servicios, escuelas y plantaciones agrícolas. Como se recordará, la campaña culminó con el espectacular incendio de la tienda por departamentos más grande del país.

El 12 de abril, el Presidente Kennedy declaró públicamente en una conferencia de prensa: “Deseo decir que no habrá, bajo condición alguna, una intervención en Cuba por las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Este Gobierno hará todo lo que posiblemente pueda [...] para asegurar que no haya norteamericanos implicados en alguna acción dentro de Cuba”. Sin embargo, en ese momento los barcos que transportaban a las fuerzas invasoras se movían ya desde Puerto Cabezas, en Nicaragua, hacia la bahía de Cochinos, escoltados directamente por la flota norteamericana, que tenía la orden expresa de defenderlos con sus aviones y cañones en caso de que fuesen sorprendidos en alta mar. Por otra parte, pilotos, hombres rana y asesores norteamericanos iban a participar en las acciones en aire, mar y tierra. Aviones de la Marina de Guerra norteamericana dieron protección a la aviación del contingente mercenario. Cinco pilotos norteamericanos atacaron a Cuba y cuatro murieron en el empeño. Pero, sobre todo, los buques de guerra permanecerían a la vista de la bahía de Cochinos, dispuestos a intervenir con sus aviones, su artillería y las tropas que transportaban en cuanto las condiciones de la intervención militar directa fuesen creadas de acuerdo con el plan.

El 14 de abril, una agrupación de barcos en misión de la CIA, la mayor parte de ellos buques de guerra de la Marina norteamericana para que pareciese una expedición de mayores proporciones, se acerca a las inmediaciones de la ciudad de Baracoa, en el extremo oriental de la Isla, para producir un desembarco de 160 hombres de una fuerza elite, preparada especialmente en territorio norteamericano, para que distrajera la atención de las fuerzas revolucionarias, mientras el grueso de la brigada invasora desembarcaba por el lugar seleccionado, en la región central de la Isla. La misión, frustrada por la cobardía de los jefes de la expedición al apreciar las sólidas defensas revolucionarias, era no solamente tomar la ciudad de Baracoa, sino marchar hacia la base naval norteamericana de Guantánamo y, simulando que eran tropas cubanas, organizar una provocación atacando la instalación y posibilitar así una respuesta militar norteamericana que diera una motivación formal adicional para intervenir en el conflicto creado por la invasión mercenaria.

Al amanecer del 15 de abril se desata la primera fase de la invasión. Ocho bombarderos B-26 procedentes de su base en Puerto Cabezas y disfrazados con las insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria cubana, realizan un ataque sorpresivo contra los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. El artero ataque dejó un saldo de siete muertos y 53 heridos.

Aunque sin duda esta acción ponía sobre aviso a los cubanos de la inminencia de la agresión militar directa, los dos objetivos que perseguía eran tan cruciales que se había decidido mantenerla en el plan de la operación general. La doble intención era, por una parte, tratar de destruir o inutilizar la mayor cantidad posible de los pocos aviones de combate con que contaba Cuba en ese momento, y, por la otra, crear mediante una desinformación bien orquestada la impresión de que se estaba produciendo una rebelión interna en la Isla, es decir, lo mismo que había anunciado The New York Times el día 6. Lo primero se consideraba vital para garantizar a la hora de la invasión el dominio del aire por la aviación mercenaria. Lo que no supieron ese día los estrategas norteamericanos es que, gracias a las medidas preventivas de dispersión de los aviones tomadas por el mando revolucionario, este primer objetivo no había sido logrado.

El segundo propósito, a su vez, era importante para los fines políticos de justificación de la invasión inicial y de la intervención posterior. Para dar credibilidad a la historia fabricada, la CIA había preparado una amplia operación de propaganda que no sólo comprendía a los medios de prensa, sino involucraba también a la misión diplomática norteamericana en la ONU.

La misma mañana del bombardeo, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Raúl Roa, denunció la criminal acción en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en su Primera Comisión, y acusó al Gobierno de los Estados Unidos de ser el responsable pleno del acto de piratería aérea. Ante esta acusación directa, el representante norteamericano, Adlai Stevenson, afirmó que los aviones que realizaron el ataque y que aterrizaron posteriormente en un aeropuerto de la Florida, “estaban conducidos por pilotos de la Fuerza Aérea cubana. [...] Ningún personal de los Estados Unidos participó en esta acción, ni ningún avión de los Estados Unidos tomó parte en ella”. Los aparatos, agregó, “son de la fuerza aérea de Castro, y [...] salieron de los propios aeropuertos de Castro”. En realidad, en defensa de Stevenson, quien tenía rango de miembro del gabinete ministerial de Kennedy, hay que aclarar que eso era lo que le habían instruido decir y que lo habían mantenido engañado sobre los planes de la CIA. Nunca antes en la historia había sido tan manifiesta la manipulación hasta de sus propios altos funcionarios y el uso deliberado de la mentira por parte de una gran potencia mundial.

Al día siguiente, en el sepelio multitudinario de las víctimas de la agresión, el Comandante en Jefe Fidel Castro ratificó la acusación a los Estados Unidos, declaró la orden de combate y proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana. La batalla que estaba a punto de comenzar sería librada por todo el pueblo en nombre de su Revolución Socialista.

En la madrugada del 17 de abril de 1961, el ejército de más de 1 500 contrarrevolucionarios cubanos organizado, entrenado, equipado y financiado por la CIA, desembarca, según el plan previsto, por Playa Larga y Playa Girón, en la bahía de Cochinos, con el propósito de establecer una cabeza de playa y constituir un gobierno provisional contrarrevolucionario que solicitaría y obtendría de inmediato la intervención de los Estados Unidos. Las fuerzas agresoras contaban con gran cantidad de modernos armamentos, parque, artillería, tanques y todos los demás medios necesarios para una campaña rápida y exitosa.

Una simple ojeada a la composición del contingente mercenario, que había adoptado el nombre de Brigada 2506, mostraba sus objetivos de restauración oligárquica: 194 ex militares y esbirros de la tiranía batistiana, 100 latifundistas, 24 grandes propietarios, 67 casatenientes, 112 grandes comerciantes, 35 magnates industriales, 179 personas de posición acomodada, 112 elementos del lumpen social. Muchos de los mercenarios eran hijos o familiares de elementos acaudalados que habían perdido sus propiedades y privilegios.

Al día siguiente de entablada la lucha, el 18 de abril, fue confirmada la participación activa norteamericana en el ataque al ser derribado un avión, tripulado por Leo Francis Berliss, ciudadano de los Estados Unidos y piloto de la Guardia Nacional, cuando bombardeaba la población civil y las fuerzas cubanas de infantería en la zona del central Australia, a pocas millas de Playa Larga. Ese mismo día fueron avistados aviones de combate de la Fuerza Aérea norteamericana sobre la zona de operaciones, al tiempo que unidades navales de los Estados Unidos se acercaron a la costa, en cumplimiento de órdenes expresas del Presidente Kennedy, para participar en las operaciones de rescate de los contrarrevolucionarios que ya sentían la inminencia de la derrota por la presión insostenible de las fuerzas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias.

El mismo 17 de abril, en las Naciones Unidas, el Canciller cubano denunció la agresión y acusó nuevamente a los Estados Unidos. Otra vez Adlai Stevenson volvió a mentir: “Estas acusaciones son completamente falsas y yo las niego categóricamente. Los Estados Unidos no han cometido agresión alguna contra Cuba, ni han comenzado ofensiva alguna, ni desde la Florida ni desde ninguna otra parte del país. [. . .] Lo que el doctor Roa busca de nosotros hoy es la protección del régimen de Castro contra la natural cólera del pueblo cubano”. Ese mismo día, el Secretario de Estado norteamericano, Dean Rusk, declaró que “no hay ni habrá intervención [en Cuba] por las fuerzas de los Estados Unidos”.

El 18 de abril, al segundo día de combate, el propio Presidente Kennedy reafirmó que “los Estados Unidos no tienen la intención de intervenir militarmente en Cuba”, y agregó en un abierto desplante de cinismo: “Aunque se abstiene de una intervención militar directa en Cuba, el pueblo de los Estados Unidos no oculta su admiración por los patriotas cubanos”.

Ya en ese momento, los presuntos patriotas de Kennedy estaban en camino de la derrota, que se consumaría el 19 de abril. En aproximadamente 66 horas, el poderoso ejército de la CIA se entregaba o huía derrotado. La rápida y demoledora respuesta del pueblo cubano frustraba así los planes tan cuidadosamente elaborados durante más de un año e impedía la intervención militar directa de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Era, como bien dijo después Fidel, la primera gran derrota del imperialismo norteamericano.

La invasión mercenaria por Playa Girón costó al pueblo cubano la vida de 176 de sus hijos. Cientos de combatientes revolucionarios fueron heridos de mayor o menor gravedad en las acciones, de los cuales 50 compatriotas quedaron incapacitados para el resto de sus vidas.

Todavía el 20 de abril, en un discurso público, el Presidente Kennedy pretendió seguir sosteniendo la mentirosa fábula: “He insistido anteriormente que esta era una lucha de patriotas cubanos contra un dictador cubano. Aunque no se puede esperar que ocultemos nuestras simpatías, aclaramos repetidamente que las fuerzas armadas de este país no intervendrían en forma alguna”. Sin embargo, apenas cuatro días después, ante la incontrovertible evidencia de los hechos que fueron conocidos y ante la creciente pugna de imputaciones recíprocas entre la CIA y las demás agencias del Gobierno norteamericano por la responsabilidad del estruendoso y ridículo fracaso, la Casa Blanca emitió una declaración en la que expresaba textualmente: “El Presidente ha declarado desde el primer momento que, como Presidente, asume la responsabilidad de los acontecimientos de los últimos días. ”

Años más tarde, Arthur Schlesinger, asesor del Presidente Kennedy, reconocería: “La realidad fue que Fidel Castro resultó ser un enemigo mucho más formidable y estar al mando de un régimen mucho mejor organizado que lo que nadie había supuesto...”


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Girón el primer capítulo de nuestra resistencia (Parte V)

La intensa actividad conspirativa del Gobierno de Estados Unidos contra la Revolución y el proyecto "Pluto"

Tomado del periódico Granma,
14 de abril del 2006

El 4 de marzo de 1960 se había producido en el puerto de La Habana la explosión del barco "La Coubre", que traía armas y municiones destinadas a la defensa de la Revolución. Fue una operación de la CIA: varios saboteadores penetraron al buque en su puerto de origen y colocaron explosivos detonantes por un dispositivo de alivio de presión, que funcionaría cuando la carga fuera movida en su lugar de destino.

En Retalhuleu, Guatemala, se adiestraron militarmente los mercenarios de la brigada invasora de Playa Girón bajo la instrucción directa de la Agencia Central de Inteligencia y del Pentágono.

"Como resultado de esta intensa actividad", señala el Inspector General de la CIA, "al cabo de un período relativamente corto la Agencia fue capaz de informar un considerable progreso preliminar cuando realizó su petición al Presidente [Eisenhower] de aprobación de la política a mediados de marzo."

Agrega el alto oficial que entre los logros informados estaban los siguientes: "que la Agencia se encontraba en contacto con líderes de tres importantes grupos de cubanos anticastristas de los que tenían mayor reputación, cuyos representantes, posiblemente con otros, podrían formar un consejo unificado de oposición en un término de treinta días; que la Agencia estaba ya apoyando las transmisiones de la oposición desde Miami [...]; que se había coordinado una edición desde el exilio de un periódico confiscado en Cuba; que un grupo controlado de acción estaba distribuyendo propaganda fuera de Cuba y que conferencistas anticastristas habían sido enviados a giras por América Latina."

El Presidente, asevera a continuación, "fue posteriormente informado de que una organización de acción e inteligencia dentro de Cuba, que respondiera a la dirección de la oposición en el exilio, podría ser creada en un término de 60 días y que los preparativos para el desarrollo de una fuerza paramilitar adecuada requeriría de un mínimo de seis meses y probablemente cerca de ocho meses".

Discusiones a altos niveles del Gobierno de los Estados Unidos precedieron a la presentación de este programa al Presidente Eisenhower. En el informe desclasificado de la CIA se afirma: "El proyecto para derrocar a Castro se convirtió en la principal actividad de la Agencia con la aprobación de las altas esferas de la política, comprometiendo la actividad a tiempo completo del personal de un buró operativo que se expandía rápidamente, requiriendo de una gran cantidad de atención diaria detallada de las altas esferas de la Agencia y una frecuente vinculación con otras Agencias y departamentos del Gobierno".

El año 1960 era de contienda electoral en los Estados Unidos. Desde entonces, la nación cubana estaría sometida a los locos vaivenes de la política electorera. Es interesante lo que escribe al respecto el Secretario de Prensa de Nixon, Herbert G. Klein, en un artículo publicado el 25 de marzo de 1962 en el periódico San Diego Union: "Desde el principio de la campaña de 1960 muchos de nosotros estábamos convencidos de que Cuba podía ser la cuestión decisiva de una elección reñida. Ciertamente, mirando el asunto retrospectivamente, fue uno de los factores decisivos en lo que resultó la más reñida elección presidencial en la historia moderna. [...] Solo cuatro de nosotros entre los asesores de Nixon compartíamos el secreto de que se estaban adiestrando refugiados para un posible ataque contra Castro y una vuelta a Cuba. [...] Por largo tiempo, mientras hacíamos campaña a lo largo del país, mantuvimos la esperanza de que el adiestramiento se realizara con la rapidez suficiente para permitir el desembarco. La derrota de Castro hubiera sido un poderoso factor para Richard Nixon. Pero el entrenamiento no fue lo suficientemente rápido para un desembarco antes de las elecciones".

Como prueba de la urgencia de la tarea, en los primeros días de abril el Director de la CIA dijo en una reunión del Grupo Especial que él reclutaría a personas de cualquier lugar del mundo si fuesen necesarias en el proyecto. El Inspector de la Agencia reconoce que "de enero de 1960, cuando contaba con 40 personas, el buró se expandió a 588 para el 16 de abril de 1961, convirtiéndose en uno de los más grandes burós en los servicios clandestinos".

En el propio mes de abril de 1960 son creadas las Brigadas Internacionales Anticomunistas, una organización fantasma dirigida por el agente de la CIA Frank Sturgis, con el propósito de acondicionar una red secreta de casas de seguridad, instalaciones navales, barcos, aviones, almacenes, en fin, todo lo necesario para que los reclutados pudieran actuar desde una base segura. La organización también estaría responsabilizada con el reclutamiento de exiliados, la administración de los campamentos de entrenamiento y la coordinación de las misiones para el abastecimiento de los grupos contrarrevolucionarios en Cuba.

El 1ro. de mayo de 1960, ante la acumulación de evidencias obtenidas por distintas vías por el Gobierno Revolucionario cubano acerca de los preparativos en Guatemala de una invasión a Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro los denunció públicamente y responsabilizó a la Agencia Central de Inteligencia y al Gobierno norteamericano.

Dos semanas después, el Departamento de Estado emitió una declaración en la que "rechaza vigorosamente la repetición por parte del Primer Ministro Castro de acusaciones e implicaciones de que los Estados Unidos contemplan planes de agresión contra el Gobierno de Cuba". La mentira deliberada quedaría en evidencia mucho tiempo después.

De nuevo el 27 de junio, en un memorando presentado al Comité Interamericano de Paz, el Gobierno de los Estados Unidos se refirió a los "esfuerzos irresponsables por parte del Gobierno cubano para hacer aparecer al Gobierno de los Estados Unidos en posición de planear un ataque armado" contra Cuba, y afirmó que las acusaciones cubanas "reflejan una política provocadora destinada a fomentar la tensión y a minar las bases de la solidaridad y la cooperación interamericanas".

El descaro llegaba a su punto máximo al querer calificar de provocaciones cubanas a las múltiples agresiones de todo tipo perpetradas hasta ese momento contra nuestro país.

El 18 de julio, en reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas solicitada por Cuba para conocer de las amenazas, represalias y agresiones a que estaba siendo sometida, el representante norteamericano, Henry Cabot Lodge, afirmó rotundamente que "los Estados Unidos no tienen propósito agresivo alguno contra Cuba".

Según el informe de la CIA, en abril los oficiales del proyecto habían logrado un acuerdo con el Servicio de Inmigración y Naturalización acerca de un procedimiento especial de entrada en los Estados Unidos de cubanos de interés para la operación. Igualmente, se realizaron consultas con la Voz de las Américas y la Agencia de Información de los Estados Unidos acerca de operaciones de propaganda. El Departamento de Estado era consultado regularmente acerca de cuestiones políticas.

El 17 de mayo de 1960 inició sus transmisiones Radio Swan, la estación radial acerca de la cual había sido informado Eisenhower. Esta emisora pretendía confundir a la opinión pública cubana con informaciones groseramente manipuladas sobre los acontecimientos políticos que ocurrían en la Isla.

Después de varios meses de intensificados esfuerzos por organizar un frente del exilio, y tras complejas reuniones en Nueva York y Miami, fue creado el 11 de mayo un nominalmente unificado Frente Revolucionario Democrático compuesto por varias facciones contrarrevolucionarias cubanas.

La base de la CIA en Miami se inauguró el 25 de mayo en el distrito comercial de Coral Gables bajo cobertura de una firma de Nueva York, respaldada por un contrato del Departamento de Defensa, y el 15 de junio, según el Inspector Kirkpatrick, se inauguró un centro de comunicaciones con cobertura del Ejército en la antigua estación aeronaval de Richmond, que había sido arrendada por la Universidad de Miami.

Los primeros reclutas que debían ser entrenados en las artes de la subversión, el sabotaje y el asesinato, arribaron en junio a la pequeña isla de Usseppa, en la cayería floridana. En el grupo inicial iban 25 hombres, casi todos ex oficiales del Ejército de Batista. El 5 de junio de 1960 se proclamó en Costa Rica la fundación de la organización contrarrevolucionaria Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), que se proclamaba la mejor estructurada en Cuba.

Varios días más tarde, el 22 de junio, se reunían en México los hombres seleccionados por la CIA para constituir la "oposición responsable" que aunaría los esfuerzos del exilio. Cada cual fundó su propio grupo y así nacieron las organizaciones contrarrevolucionarias Rescate, Montecristi, Triple A y Movimiento Demócrata Cristiano.

El agente de la CIA Howard Hunt, quien trabajó en la operación contra Guatemala e integró el Grupo de Trabajo contra Cuba, y más tarde alcanzó renombre mundial por su participación en el caso Watergate, cuenta en su libro Memorias de un espía: "Barney me dijo que mi trabajo en el nuevo proyecto sería esencialmente el mismo que había efectuado en la campaña contra Árbenz, es decir, jefe de acción política. [...] El proyecto estaba recomendado por el Consejo de Seguridad Nacional y aprobado por el Presidente Eisenhower".

"En la operación trabajarían los mismos funcionarios que actuaron contra Guatemala en 1954. Sin embargo, en la presente ocasión, no debía aparecer el menor signo de intervención norteamericana, por lo que los dirigentes cubanos y yo no residiríamos en la zona de Miami, sino que iríamos a Costa Rica, en donde el ex presidente José `Pepe' Figueres, nos había ofrecido las instalaciones precisas."

El gobierno costarricense, sin embargo, se arrepintió a última hora de su proposición inicial, y la dirección del frente se trasladó a México en cumplimiento de la orden tajante de la Casa Blanca de mantener fuera del territorio norteamericano a los cabecillas contrarrevolucionarios. Pero estos comenzaron a tener dificultades con el Gobierno mexicano. El asunto fue descubierto, resultaron detenidos y fueron obligados a firmar un documento en el que se comprometían a respetar las leyes de neutralidad del país. Así, retornaron a Miami.

En julio, por iniciativa del Director de la CIA, el candidato presidencial John F. Kennedy sostuvo una entrevista secreta con los principales dirigentes contrarrevolucionarios cubanos. Allen Dulles se proponía el objetivo de poner en conocimiento del candidato demócrata los planes que estaban en marcha y presentarlos a los "futuros dirigentes del vecino país". Kennedy diría en uno de sus discursos electorales: "Hagamos con Cuba lo que hicimos con Guatemala, pero diciéndolo."

En agosto de 1960, la planificación de la Operación 40 cambió drásticamente su curso. Los informes que llegaban de Cuba eran alarmantes, pues revelaban un alto nivel de apoyo popular a la Revolución. Por esas razones, el énfasis se dirigió a la organización de una expedición armada que con apoyo interno o sin él barriera al Gobierno de la Isla. Se destinaron 13 millones de dólares para la formación de una brigada mercenaria de aproximadamente 600 hombres. La CIA confiaba en que, como en Guatemala, todo sería fácil.

De acuerdo con el Inspector General de la CIA, el informe presidencial de agosto de 1960 esbozó el plan de operaciones como sigue:

"La fase inicial de las operaciones paramilitares prevé el desarrollo, apoyo y guía de los grupos disidentes en tres áreas de Cuba: Pinar del Río, el Escambray y la Sierra Maestra. Estos grupos serán organizados para acciones guerrilleras concertadas contra el régimen.

"La segunda fase será iniciada con un asalto combinado por mar y aire de las fuerzas del FRD sobre la Isla de Pinos en coordinación con la actividad general de la guerrilla en la isla principal de Cuba. Esto establecerá una base cercana para futuras operaciones.

"La última fase será un asalto aéreo sobre el área de La Habana con las fuerzas de la guerrilla en Cuba moviéndose también hacia el área de La Habana."

Mientras tanto, la CIA organizaba en Guatemala y Nicaragua las bases de entrenamiento de la fuerza mercenaria, y adquiría barcos y aviones. Oficiales de las fuerzas armadas de los Estados Unidos servían de instructores. El tráfico aéreo y naval entre Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y la Florida era intenso. También, como ya se ha visto, se intensificaba hacia Cuba el trasiego de hombres y armas mediante los teams de infiltración, se lanzaban por vía aérea toneladas de armamento en distintas zonas para preparar la insurgencia interna de apoyo a la operación y se incrementaba la actividad de sabotaje y acciones terroristas.

El 20 de octubre de 1960, durante la campaña para las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, el candidato por el Partido Demócrata, John F. Kennedy, declaró: "Debemos intentar fortalecer las fuerzas exiliadas democráticas anticastristas no batistianas, y también aquellas fuerzas en la misma Cuba que ofrezcan una eventual esperanza de derrocar a Castro. Hasta el momento esos luchadores por la libertad no han tenido virtualmente ningún apoyo en nuestro Gobierno".

En aquel momento, según se reveló después, Kennedy había sido informado detalladamente por el Director de la Agencia Central de Inteligencia, Allen Dulles, de la campaña contra Cuba y de los preparativos que se estaban llevando a cabo para una invasión armada.

Después del triunfo por apretado margen de Kennedy en las elecciones efectuadas el 8 de noviembre, el derrotado Vicepresidente Nixon seguiría unas semanas más como coordinador del Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional encargado de la operación contra Cuba. En su libro de memorias titulado Seis crisis escribe: "El adiestramiento secreto de los exiliados cubanos se debía, en parte sustancial al menos, a mis esfuerzos [...] y había sido adoptado como política como resultado de mi apoyo directo".

A finales de noviembre de 1960, la CIA presentó un plan revisado al Presidente Eisenhower y a sus asesores, que incluía las siguientes líneas de acción:

· Infiltración en Cuba por aire de 80 hombres en pequeños teams paramilitares, después que los comités de recepción hubieran sido preparados por hombres infiltrados por mar.

· Un desembarco anfibio de un team de 650-700 hombres con un poder de fuego extraordinariamente alto.

· Ataques aéreos preliminares contra objetivos militares.

Días más tarde, en la reunión del Grupo Especial, uno de los subdirectores de la CIA expuso las informaciones sobre el mayoritario apoyo de que gozaba el Gobierno Revolucionario dentro de amplios sectores de la población cubana, por lo que de nada valdrían los 600 hombres que se preparaban. Era necesario aumentar las tropas y dotarlas con las mejores armas del arsenal militar norteamericano. Todos estuvieron de acuerdo en aprobar un aumento del presupuesto y ordenar al Pentágono que facilitara todas las armas y especialistas requeridos para la operación contra Cuba, que ahora recibiría el nombre codificado de "Pluto".

El proyecto "Pluto" no era otro que el viejo plan trujillista ejecutado en 1959 y fracasado por el eficiente trabajo cubano de contrainteligencia, se basaba en desembarcar la brigada mercenaria por las playas cercanas a la ciudad de Trinidad, en el sur de la provincia de Las Villas, tomarla por asalto y luego, con el apoyo de las bandas que operaban en el macizo montañoso del Escambray, cortar las comunicaciones y trasladar hasta allí al gobierno provisional encargado de solicitar el auxilio previsto.

La clave de la operación era poder asentar en territorio cubano al pretendido gobierno provisional, que sería reconocido de inmediato por los Estados Unidos y otras naciones latinoamericanas y solicitaría la ayuda colectiva de la Organización de Estados Americanos, lo cual daría el pretexto para la intervención de fuerzas armadas regulares de los Estados Unidos, ya preparadas de antemano. Todo esto debería ocurrir en cuestión prácticamente de horas.

Según el informe de Kirkpatrick, "el Presidente Eisenhower orientó a la Agencia de forma verbal seguir adelante con los preparativos a toda velocidad. Pero en realidad la fecha propuesta era posterior al 20 de enero de 1961 [cuando se produciría la toma de posesión de Kennedy], por lo que las instrucciones del Presidente eran solamente de proceder y mantener los preparativos hasta que la nueva Administración asumiera y tomara las decisiones definitivas, especialmente bajo qué circunstancias tendría lugar el desembarco." Con esta última frase se aludía al grado de apoyo directo de las fuerzas armadas norteamericanas que tendría el contingente invasor en el momento mismo del desembarco, sobre lo cual no había consenso.

En la base Trax, en Guatemala, la actividad iba en aumento aquel mes de diciembre de 1960. Constantemente arribaban vuelos procedentes de la Florida con decenas de reclutas, que ya incluían a personas de todos los estratos sociales de la Cuba prerrevolucionaria. El 3 de enero de 1961 el Presidente Eisenhower reafirma la determinación de llevar adelante el proyecto de la Operación Pluto y adopta la decisión de romper unilateralmente las relaciones diplomáticas y consulares con Cuba. Al unísono, comienza la realización de maniobras militares cerca de la Isla, que involucran a más de 40 mil hombres y aproximadamente 150 unidades navales de guerra, incluyendo dos submarinos atómicos.

De nuevo Cuba convoca al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 4 de enero de 1961 para acusar a los Estados Unidos de estar preparando una agresión militar.

El delegado norteamericano, James Wadsworth, vuelve a negarlo enfáticamente: "Sugerir [...] que nosotros hemos apoyado incursiones militares en Cuba por refugiados cubanos es absolutamente falso. [. . .] El Gobierno de los Estados Unidos no se ha asociado de manera alguna con tales actividades".

Los hechos, en los meses anteriores, en ese momento y, sobre todo, en los meses siguientes, probaban la falsedad paladina de estas afirmaciones.

 


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Girón el primer capítulo de nuestra resistencia (IV Parte)

Tomado del peiódico Granma,
13 de abril del 2006

Los planes de atentados contra Fidel. La intensa actividad de la CIA, por mandato del presidente norteamericano “Ike” Eisenhower, para aniquilar a la Revolución cubana

Costoso y sangriento ha resultado para nuestra nación enfrentar la brutal agresión yanki, como lo evidencian los 549 compatriotas caídos en la lucha contra las criminales bandas contrarrevolucionarias, tal y como fue certificado, caso a caso, en la Demanda del Pueblo de Cuba al Gobierno de los Estados Unidos.

Los presidentes John F. Kennedy y Dwight D. Eisenhower encabezaron las dos primeras administraciones que iniciaronla guerra sucia contra la Revolución cubana. “El proyecto paraderrocar a Castro se convirtió en la principal actividad de laAgencia con la aprobación de las altas esferas de la política”, aseguróel Inspector General de la CIA en el informe que sería desclasificado casi 30 años después.

Otro de los epicentros de la guerra contra Cuba es la realización de planes de asesinato contra los dirigentes de la Revolución y, sobre todo, contra el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Fidel, como dijo Roger Noriega, en pleno apogeo de su mandato como subsecretario de Estado, es el “obstáculo principal” para llevar adelante la “transición” del Plan Bush.

 

Los planes de asesinato contra la vida del Comandante en Jefe comenzaron a fraguarse desde antes del triunfo revolucionario y fueron intensos, como veremos en la siguiente muestra:

En septiembre de 1960, la CIA utilizó a elementos de la mafia, y organizó el asesinato del Comandante en Jefe, mediante la colocación de una carga explosivacerca de la tribuna donde Fidel haría uso de la palabra en el Parque Central de Nueva York, en ocasión de su primer viaje a las Naciones Unidas.

El 28 de diciembre de 1958 fue descubierto y detenido por fuerzas rebeldes en la Sierra Maestra, el norteamericano Aller Robert Nye, a quien se le ocupó un fusil Remington calibre 30.06 con mira telescópica, con cuya arma pretendía asesinar al Comandante en Jefe.

Nye era agente del FBI y el Gobierno de Estados Unidos se lo facilitó a Batista y a su cúpula militar para que lo contrataran para esa misión. Esta historia fue revelada en enero de 1959 en la revista Carteles. Se disponen de algunas notas diplomáticas que la Embajada de Estados Unidos en La Habana envió a nuestras autoridades intercediendo por dicho agente.

El 2 de febrero de 1959, fue detenido el agente de la CIA y mercenario Allen Robert Mayer, quien ilegalmente penetró en nuestro territorio a bordo de una avioneta con el propósito de asesinar al Comandante en Jefe, lo cual no pudo ejecutar al ser descubierto y detenido por los entonces incipientes Órganos de la Seguridad del Estado.

El 28 de marzo de 1959, las fuerzas de la Policía Nacional Revolucionaria descubrieron y desarticularon un plan dirigido por la CIA para asesinar al Comandante en Jefe, a través del esbirro batistiano Rolando Masferrer, quien había huido hacia Estados Unidos al triunfar la Revolución y desde ese territorio, con el conocimiento y apoyo de dicha Agencia, preparó el plan.

En 1959, el agente de la CIA, Frank Sturgis, conocido también por Frank Fiorini, en 1958 aterrizó en la Sierra Maestra, por instrucciones de la Agencia, pilotando una avioneta cargada de armas para el Ejército Rebelde, con el objetivo de incorporarse a las fuerzas revolucionarias y cumplir diferentes misiones de Inteligencia. Esta misión logró cumplirla. Al triunfo de la Revolución, y dadas sus estrechas relaciones con Pedro Luis Díaz Lanz, entonces jefe de la fuerza aérea rebelde, fue designado para ocupar un cargo de responsabilidad en dicho mando, desde el cual preparó varios planes para asesinar al Comandante en Jefe, en ocasión en que el compañero Fidel concurriera a dicha unidad, planes que no logró materializar por diferentes razones.

Sintiéndose en peligro de ser descubierto huyó a Estados Unidos, desde donde continuó sus acciones contra nuestro país. Años después, en abril de 1977, revelaría al periodista Ron Rosenbanm, de la revista norteamericana High Times, que entre 1959 y 1960 preparó varios planes de atentado contra Fidel en la Base Aérea. Este mismo sujeto, además, participó conjuntamente con el traidor Pedro Luis Díaz Lanz en el bombardeo a la ciudad de La Habana el 21 de octubre de 1959.

Los planes antes citados demuestran que al contrario de lo que señaló William Colby, director de la CIA entre 1973 y 1976, ante el Comité Selecto del Senado (conocido como Comité Church, apellido del senador que lo presidió) creado para investigar las actividades de la comunidad de Inteligencia estadounidense y en particular los planes de asesinatos a dirigentes políticos, no fue a mediados de los 60 cuando comenzaron los esfuerzos por asesinar a nuestro Comandante en Jefe.

En el descalificado Memorando del 24 de abril de 1959, John Hill, ayudante especial del Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, redactó después de regresar a Estados Unidos de un viaje realizado a La Habana, que las opiniones recibidas sobre qué pasaría si Castro fuese asesinado o incapacitado de otra manera, coincidían en “que la situación (en Cuba) se desintegraría con probabilidad peligrosamente... ya que no existiría ninguna fuerza capaz de resistir cualquier histeria masiva que pudiera sobrevenir”.

En la parte final del documento, Hill señala: “considero, además, que existe una necesidad urgente para la Embajada y las Agencias en Washington, en cuanto a enfocar más cuidadosamente lo que haríamos si: a) Castro fuera asesinado; b) Llegáramos a la conclusión de que él pondría en peligro nuestros intereses esenciales; o, c) la situación en Cuba se desintegra”, y añade: “De manera particular, debiéramos examinar cómo podríamos, en la medida en que la situación se desarrolle, identificar y promover una alternativa aceptable para nosotros”.

Lo anterior prueba que desde el propio año 1959, no solo la CIA, sino también el Departamento de Estado, manejaban la posibilidad del asesinato de Fidel y evaluaba las posibles consecuencias que ello podría traer.

También lo prueba el conocido Memorando de la CIA fechado el 11 de diciembre de 1959 y firmado por J. C. King, entonces jefe de la División del Hemisferio Occidental de dicha Agencia y que aparece entre los documentos desclasificados citados en la Demanda, en el cual propuso “considerar la eliminación física del Comandante en Jefe”, también mucho antes de la fecha citada por Colby.

Lo cierto es que a partir de 1960, la CIA intensificó la dirección de planes para asesinar al Comandante en Jefe y a partir de esa fecha son la mayoría de los planes revelados en el informe de la Comisión Church y los que aún no se han revelado.

Lo que también es cierto es que contra ningún otro dirigente político en el mundo se han gestado tantos planes de asesinato, ni ninguno ha sido sometido a tal persecución, tanto dentro como fuera de su país.

En 1960, los oficiales de la estación de la CIA en la embajada norteamericana en La Habana, Mayor Robert Van Horn y Coronel Jack Nichols, quienes encubrían sus acciones subversivas y terroristas bajo el manto de agregados militares, utilizaron a la también agente de la CIA Geraldine Shamma, para organizar un plan de asesinato al Comandante en Jefe en ocasión de una de las visitas que asiduamente hacía a la casa de otro dirigente de la Revolución. El plan, previamente aprobado por James Noel, jefe de la referida estación CIA, y supervisado por Lois Herbert, responsable de la CIA para el área de Centro América y el Caribe, consistió en dispararle desde un lugar cercano por parte de elementos terroristas de la organización contrarrevolucionaria Milicias Anticomunistas Obreras, con quienes Geraldine Shamma mantenía el enlace.

Este peligroso plan fue descubierto y neutralizado oportunamente por la Seguridad del Estado, sus actores detenidos, entre ellos la mencionada Shamma y las armas ocupadas.

También en 1960, los terroristas Leonel Pérez Bernal; José A. Martí Rodríguez, Francisco Pujols Someillán; Javier Someillán Fernández y Roger Hernández Ramos, concibieron asesinar al Comandante en Jefe durante su probable desplazamiento por una carretera de la capital. Para ello planearon hacer estallar una poderosa carga explosiva y a la vez dispararle con potentes armas. Fueron descubiertos y neutralizados durante la preparación del plan.

En 1960, un grupo de elementos contrarrevolucionarios vinculado con ex miembros del Ejército de la tiranía, planearon asesinar al Comandante en Jefe, mediante la colocación de cargas explosivas en un lugar por donde suponían que pasaría, la cual harían estallar por control remoto desde la casa del ex batistiano Raúl Nieves Sosa. Dicho plan, oportunamente descubierto, pudo ser neutralizado.

En 1960, los agentes de la CIA Armando Cubría Ramos y Mario Tauler Sagué, dirigidos desde Miami por el también agente Eladio del Valle Gutiérrez, se infiltraron por la costa norte de la provincia de Matanzas para asesinar al Comandante en Jefe. Descubiertos y perseguidos, fueron capturados ocupándoseles las armas, granadas, detonadores y equipos de control remoto que traían.

En septiembre de 1960, la CIA utilizó a elementos de la mafia, y organizó el asesinato del Comandante en Jefe, mediante la colocación de una carga explosiva cerca de la tribuna en que Fidel hacía uso de la palabra en el Parque Central de Nueva York, en ocasión de su viaje a las Naciones Unidas. Dicho plan quedó neutralizado al ser detenido su autor, el mafioso Walter Martino, por la policía de seguridad que custodiaba el acto. Este sujeto era hermano de otro mafioso nombrado John Martino, quien meses antes había sido detenido en Cuba por sus actividades subversivas.

En 1961, los contrarrevolucionarios Nobel Goderich Rodríguez, José René Martínez Carratalá, Abelardo González Fernández, conocido por “El Manquito”, todos con antecedentes gansteriles durante anteriores gobiernos, conjuntamente con Roberto Manuel Pérez Dulzaides, Roberto Rubio Ferres y otros, planearon asesinar al Comandante en Jefe en ocasión del recibimiento del dirigente argelino Ahmed Ben Bella durante su visita a nuestro país. El plan consistió en hacer estallar una carga explosiva en un lugar por donde suponían debían pasar los dirigentes. Descubierto oportunamente el plan, pudo ser neutralizado por la Seguridad del Estado.

En marzo de 1961, la CIA, a través de Rafael Díaz Hanscom, designado coordinador civil del “Frente Interno de Unidad Revolucionaria” organizado para dirigir las acciones contrarrevolucionarias en apoyo a la invasión mercenaria que se gestaba, planeó el asesinato del Comandante en Jefe en ocasión de una de sus frecuentes visitas a las obras en construcción por el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas. El plan consistía en hacer estallar un potente artefacto explosivo. En apoyo a este plan se produjo la infiltración de un comando de la CIA encabezado por el traidor Humberto Sorí Marín y otros, quienes introdujeron los explosivos y un número considerable de armas que serían, además, utilizadas en otras acciones. Este peligroso plan fue frustrado al ser descubiertos y detenidos todos los terroristas y ocupadas las armas.

En 1961, en víspera de la invasión mercenaria por Playa Girón, los terroristas Reynold González, jefe de la organización contrarrevolucionaria MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo), Antonio Veciana Blanch, Bernardo Paradela Ibarrichi y otros agentes de la CIA, planearon asesinar al Comandante en Jefe, en unión de los principales dirigentes de la Revolución reunidos en la terraza norte del antiguo Palacio Presidencial, en ocasión de estar celebrandose un multitudinario acto. El plan consistía en disparar contra la tribuna con armas automáticas y una bazuka, a la vez que serían lanzadas granadas contra el pueblo allí concentrado.

En apoyo a esa acción serían incendiadas las tiendas Sears, Fin de Siglo, J. Vallés y otras, y la realización de otros actos terroristas, como parte de la Operación Liborio, código con que la CIA denominó este vasto plan subversivo. La única tienda que lograron destruir totalmente fue El Encanto, donde pereció la compañera Fe del Valle Ramos.

Este plan, se ubica entre los de mayor peligrosidad que se han concebido, pues los terroristas ocuparon un apartamento próximo y situaron en él las armas, en espera del día del acto. Días antes de este, la Seguridad del Estado detuvo a la terrorista Dalia Jorge Díaz, miembro del grupo, al ser sorprendida cuando colocaba una petaca explosiva en la tienda Sears. También fue descubierto otro artefacto explosivo ya colocado en la tienda Fin de Siglo. Se intensificaron las investigaciones y se logró neutralizar los planes que estaban ya en sus comienzos de ejecución y la Seguridad del Estado pudo ocupar las armas y granadas situadas en el citado apartamento, deteniéndose a la mayoría de los terroristas.

EL PLAN DE INVASIÓN DE LA CIA

La desclasificación en los Estados Unidos del informe del inspector general de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Lyman Kirkpatrick, elaborado en octubre de 1961, en el que se evalúan las razones del fracaso de la invasión que los norteamericanos llaman de Bahía de Cochinos, prueba que las operaciones encubiertas organizadas desde Washington contra Cuba comenzaron en el verano de 1959, algunas semanas después de la firma de la Ley de Reforma Agraria. En su informe, el Inspector General de la CIA describe los pasos que a partir de agosto de 1959 había comenzado a dar un grupo paramilitar de la Agencia que cuatro meses más tarde, en diciembre de 1959, había elaborado “un plan para el entrenamiento de un grupo de exiliados cubanos como instructores paramilitares que serían usados en el entrenamiento de otros reclutas cubanos en un país de América Latina para su posterior infiltración clandestina en Cuba con el objetivo de proporcionar un líder a los disidentes anticastristas”. Y más adelante dice: “El 18 de enero de 1960, la División WH organizó el Buró 4 (WH/4), un grupo de tareas expandibles para llevar a cabo la propuesta operación cubana. La Mesa de Organización inicial tuvo un total de 40 personas, con 18 en el Cuartel General, 20 en la Estación Habana y dos en la Base Santiago”.

Así nació la Operación 40, que tomó el nombre en honor a la designación que recibía el Grupo Especial formado en el seno del Consejo Nacional de Seguridad para el seguimiento del caso cubano, presidido por el entonces vicepresidente Richard Nixon e integrado, entre otros, por Allen Dulles, el director de la CIA. El alto mando de la Agencia designó al experimentado oficial Tracy Barnes como jefe de la Fuerza de Tarea Cubana. Barnes convocó a una reunión ese propio 18 de enero al equipo que tuvo bajo su responsabilidad dirigir los planes para derrocar en 1954 al régimen de Jacobo Arbenz, en Guatemala.

Fuentes norteamericanas revelaron años después que Nixon en persona era el “oficial de caso” para Cuba, y había reunido a un importante grupo de hombres de negocios, encabezados por George Bush y Jack Crichton, ambos petroleros de Texas, para la recaudación de los fondos necesarios para la Operación. Nixon era un protegido del padre de Bush, Preston, que en 1946 apoyó su promoción al Congreso. De hecho, este era el ideólogo de la campaña electoral que llevó a Eisenhower a la presidencia y a Nixon a la vicepresidencia de los Estados Unidos.

Ya en mayo de 1959 había tenido lugar una reunión secreta en Washington con la participación de Nixon y los directivos de la Pepsi Cola International, la Standard Oil, la United Fruit Company y representantes de la mafia. Los asistentes sellaron un pacto mediante el cual el primero se comprometía a derrocar al Gobierno Revolucionario cubano a cambio de su próxima elección como presidente.

La actividad del Grupo Especial fue intensa durante las semanas siguientes: iniciaron conversaciones para un sitio de entrenamiento en Panamá; hicieron un reconocimiento del Caribe en la búsqueda de un sitio para una poderosa estación de radio de onda corta y onda media y, al mismo tiempo, el Cuartel General y la estación de la CIA en La Habana realizaron un estudio de las principales figuras de la oposición cubana para prepararlos con vistas a la creación de un frente político unificado, incluidos los batistianos, que sirviera como instrumento de cobertura para las operaciones clandestinas y como punto de unión para los cubanos anticastristas.

Dice el informe de Kirkpatrick:

“La adopción formal del proyecto por parte del Gobierno de los Estados Unidos tuvo lugar el 17 de marzo de 1960 cuando, después de preparativos preliminares por parte de la Agencia, el presidente Eisenhower aprobó un documento titulado `Un programa de acción encubierta contra el régimen de Castro' y mediante esto autorizó a la Agencia a poner en práctica:

a) La formación de una organización cubana en el exilio para atraer a los leales a Cuba, dirigir las actividades de oposición y proporcionar cobertura a las operaciones de la Agencia;

b) desatar una ofensiva propagandística en nombre de la oposición;

c) crear dentro de Cuba un aparato clandestino de recopilación de datos de Inteligencia y de acción que respondiera a la dirección de la organización en el exilio;

d) desarrollar fuera de Cuba una pequeña fuerza paramilitar para introducir en Cuba con el objetivo de organizar, entrenar y dirigir a los grupos de la resistencia.”

Por su parte, el presidente Eisenhower cuenta en sus memorias: “El 17 de marzo de 1960 yo le ordené a la Agencia Central de Inteligencia que comenzara a organizar el entrenamiento de los exiliados cubanos, principalmente en Guatemala, para un posible día futuro en que ellos pudieran regresar a su país. Otra idea fue que comenzáramos a construir una fuerza anticastrista en la propia Cuba. Algunos pensaron que debíamos poner la Isla en cuarentena, argumentando que si la economía declinaba bruscamente los propios cubanos derrotarían a Castro”.


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Girón el primer capítulo de nuestra resistencia

¡La Revolución socialista la defendemos con estos fusiles!

Tomado del periódico Granma,
15 de abril del 2006

El 16 de abril de 1961 , en la despedida de duelo a los caídos como consecuencia del bombardeo a los aeropuertos de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad y Santiago de Cuba y ante la conmovida manifestación combatiente, Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución y llamó al pueblo a aprestarse para el combate en defensa del socialismo.

Granma reproduce, junto a la foto de Corrales, que captó aquel momento inolvidable, el texto íntegrode aquellas enardecidas palabras del Comandante en Jefe

Porque lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba.

Eso es los que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos!

¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con estos fusiles! ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores!

Y esa Revolución, esa Revolución no la defendemos con mercenarios; esta Revolución la defendemos con los hombres y las mujeres del pueblo.

¿Quiénes tienen las armas? ¿Acaso las armas las tiene el mercenario? (Gritos de: “No”) ¿Acaso las armas las tiene el millonario? (Gritos de: “No”) Porque mercenario y millonario son la misma cosa. ¿Acaso las armas las tienen los hijos de los ricos? (Gritos de: “No”) ¿Acaso las armas las tienen los mayorales? (Gritos de: “No”) ¿Quiénes tienen las armas? ¿Qué manos son esas que levantan esas armas? ¿Son manos de señoritos? (Gritos de: “No”) ¿Son manos de ricos? (Gritos de: “No”) ¿Son manos de explotadores? (Gritos de: “No”) ¿Qué manos son esas que levantan esas armas? ¿No son manos obreras? (Gritos de: “Sí”) ¿No son manos campesinas? (Gritos de: “Sí”) ¿No son manos endurecidas por el trabajo? (Gritos de: “Sí”) ¿No son manos creadoras? (Gritos de: “Sí”) ¿No son manos humildes del pueblo? (Gritos de: “Sí”) ¿Y cuál es la mayoría del pueblo, los millonarios o los obreros? ¿Los explotadores o los explotados, los privilegiados o los humildes? (Gritos) ¿No tienen las armas los privilegiados? (Gritos de: “No”) ¿Las tienen los humildes? (Gritos de: “Sí”) ¿Son minorías los privilegiados? (Gritos de: “Sí”) ¿Son mayoría los humildes? (Gritos de: “Sí”) ¿Es democrática una revolución en que los humildes tienen las armas? (Gritos de: “Sí”).

Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida.

Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria, ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes? (Gritos de: “Sí”).

MARCHEMOS A NUESTROS BATALLONES Y DISPONGÁMONOS A SALIRLE AL FRENTE AL ENEMIGO

Compañeros obreros y campesinos de la patria, el ataque de ayer fue el preludio de la agresión de los mercenarios, el ataque de ayer que costó siete vidas heroicas, tuvo el propósito de destruir nuestros aviones en tierra, mas fracasaron, solo destruyeron dos aviones, y el grueso de los aviones enemigos fue averiado o abatido. Aquí, frente a la tumba de los compañeros caídos, aquí, junto a los restos de los jóvenes heroicos, hijos de obreros e hijos de humildes, reafirmemos nuestra decisión, de que al igual que ellos pusieron su pecho a las balas, al igual que ellos dieron su vida, vengan cuando vengan los mercenarios, todos nosotros, orgullosos de nuestra Revolución, orgullosos de defender esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, no vacilaremos, frente a quienes sean, en defenderla hasta nuestra última gota de sangre.

Fidel concluye su discurso pronunciando la consigna ¡Patria o Muerte!

La respuesta de los presentes adquiere una mayor dimensión al decir, con los fusiles en alto, en grito unánime: ¡Venceremos!

Es ese el momento en que, el Comandante en Jefe, toma nuevamente el micrófono y convoca a los presentes para que cantando el himno de Bayamo salgan a sus puestos de combate. Las palabras de Fidel resuenan en los altavoces:

Vamos a cantar el Himno Nacional, compañeros.

Compañeros, todas las unidades deben dirigirse hacia la sede de sus respectivos batallones, en vista de la movilización ordenada para mantener el país en estado de alerta ante la inminencia que se deduce de todos los hechos de las últimas semanas y del cobarde ataque de ayer, de la agresión de los mercenarios. Marchemos a las Casas de los Milicianos, formemos los batallones y dispongámonos a salirle al frente al enemigo, con el Himno Nacional, con las estrofas del himno patriótico, con el grito de “al combate”, con la convicción de que “morir por la patria es vivir” y que “en cadenas vivir, es vivir en oprobios y afrentas sumidos”.

Marchemos a nuestros respectivos batallones y allí esperen órdenes, compañeros.


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GIRÓN el primer capítulo de nuestra resistencia ( I parte)

Tomado de Granma,
10 de abril del 2006

Granma comenzará a publicar a partir de hoy una serie de trabajos sobre las agresiones armadas y las actividades terroristas promovidas contra Cuba por el Gobierno de los Estados Unidos desde mediados de 1958 en medio de la lucha guerrillera contra la dictadura de Fulgencio Batista y hasta desembocar en la invasión mercenaria de Playa Girón. En las páginas que siguen no se pretende agotar el catálogo de modalidades de agresión ni mucho menos la cronología de todas las acciones emprendidas por el Gobierno de los Estados Unidos y sus agentes oficiales y oficiosos contra Cuba y la Revolución Cubana en estos cuarenta y siete años de verdadera guerra sucia contra nuestro pueblo. Son tantos miles y miles de agresiones que sería imposible enumerarlas en espacio tan relativamente reducido. Simplemente se han apuntado algunas de las líneas de agresión y algunos de los casos específicos que pudieran ilustrar el carácter y el alcance de esa constante política agresiva. Pero los lectores podrán apreciar en esas narraciones la intensa actividad desplegada en aquel periodo inicial donde las administraciones de Dwight D. Eisenhower y John F. Kennedy hicieron lo indecible por aniquilar a la Revolución y atentar contra la vida del Comandante en Jefe

La característica general de las relaciones del Gobierno de los Estados Unidos y sus agencias con Cuba, desde el triunfo de la Revolución Cubana el 1ro. de Enero de 1959, ha sido la invariable política de hostilidad y la agresión constante.


Desde la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, el Gobierno de Estados Unidos actuó con prepotencia injerencista para tratar de impedir la victoria revolucionaria.

Esta agresión ha adoptado todas las formas posibles, desde los ataques verbales y las campañas de difamación hasta la agresión armada directa, pasando por los intentos de aislamiento político y diplomático, la subversión, la promoción de sabotajes, los secuestros de aviones y embarcaciones, las infiltraciones de agentes y las incursiones piratas, el fomento de bandas contrarrevolucionarias, el asesinato y los planes de atentados contra dirigentes cubanos, las agresiones biológicas, los hostigamientos militares, las presiones económicas y, finalmente, el bloqueo económico y comercial, que dura ya casi cuarenta y cinco años.

En esta sostenida campaña contra Cuba, el objetivo estratégico del Gobierno de los Estados Unidos no ha sido otro que la destrucción de la Revolución Cubana.

En el arsenal de recursos puestos en práctica contra nuestro país, siempre han figurado de manera muy destacada, a lo largo de estos cuarenta y siete años, las agresiones armadas y las actividades terroristas.

El recuento que haremos en estos días no es ni mucho menos completo, pero demuestra de manera elocuente que las más recientes manifestaciones de terrorismo contra Cuba no son hechos aislados, sino parte de una política criminal sistemática.

De hecho, los antecedentes de esa política están presentes en el apoyo material y moral brindado por el Gobierno de los Estados Unidos a la dictadura sangrienta y opresiva de Fulgencio Batista. Baste recordar el sólido respaldo ofrecido al régimen batistiano casi hasta el último momento, cuando ya los estrategas políticos norteamericanos se dieron cuenta de que la permanencia del tirano en el poder perjudicaba sus futuros proyectos de dominación en Cuba. Las fuerzas armadas de Batista, empeñadas en una cruel y sanguinaria lucha contra el pueblo y responsables de incontables crímenes, no dejaron en ningún momento de recibir el apoyo logístico y el suministro de armas y pertrechos de los Estados Unidos, aun después del embargo de la exportación de armamentos a Cuba decretado por razones políticas por el Gobierno de ese país a mediados de 1958. El asesoramiento militar de especialistas norteamericanos se mantuvo hasta el momento mismo de la victoria revolucionaria del pueblo.

Fidel, acompañado del doctor Antonio Núñez Jiménez, en el momento de la firma de los primeros títulos de propiedad a los campesinos en mayo de 1959. La Ley de Reforma Agraria fue utilizada como pretexto para recrudecer las agresiones de todo tipo contra la nación cubana.

Durante el último semestre de la guerra en Cuba, se hicieron cada vez más claras las manifestaciones de prepotencia injerencista y los intentos de coacción de las fuerzas revolucionarias, y en particular del Ejército Rebelde, por parte de las autoridades norteamericanas. Recuérdense las insolentes declaraciones del vocero del Departamento de Estado, Lincoln White, a finales de octubre de 1958, o los desplantes amenazadores al mes siguiente en ocasión del incidente de la caída de un avión de pasajeros en la bahía de Nipe.

En los dos casos estaba presente la amenaza de una intervención de los Estados Unidos en el conflicto en marcha en Cuba. Pero con lo que no habían contado los estrategas de Washington era con la firmeza de los revolucionarios cubanos, como quedó expresada en la respuesta de Fidel a este segundo intento de amedrentamiento:

Como una intervención armada perjudicaría tanto a los Estados Unidos como a Cuba, y sería además una intervención sangrienta, porque encontraría la más decidida resistencia de nuestro pueblo, esperamos que Estados Unidos convenga con nosotros en la necesidad de evitarla a toda costa.

Finalmente, la actitud contrarrevolucionaria de los Estados Unidos quedó de manifiesto con los desesperados esfuerzos realizados por las autoridades norteamericanas durante las semanas finales de la dictadura por escamotear la victoria de la Revolución, desde los intentos por persuadir a Batista para que entregara el poder a una junta cívico-militar hasta la conspiración final del general Eulogio Cantillo, ejecutada con concurso y el respaldo de la Embajada norteamericana.

LAS PRIMERAS MANIFESTACIONES HOSTILES A LA REVOLUCIÓN

Los estrategas de la política exterior norteamericana recibieron con inocultada preocupación la victoria del 1ro. de Enero de 1959. El Gobierno de los Estados Unidos sobrestimó su propia capacidad de maniobra, subestimó la fuerza de la Revolución, el valor y la dignidad del pueblo cubano.

Tras este hipócrita saludo, Richard Nixon, entonces vicepresidente de los Estados Unidos, sugirió el derrocamiento de la Revolución.

Los gobernantes norteamericanos se encontraron de súbito con que ya no contaban con generales ni tropas para hacer prevalecer sus intereses en nuestro país. No obstante, disponían en aquellos momentos de un vasto y, al parecer, irresistible arsenal de medidas para tratar de poner de rodillas a nuestro pueblo y destruir en última instancia a la Revolución, derivadas de la férrea dependencia económica, política, cultural e ideológica de nuestro país en relación con su inmediato vecino del Norte. No faltaban incluso quienes creían que Cuba no podría librarse de sus ataduras neocoloniales con los Estados Unidos, convencidos de que la espesa madeja de esas relaciones era imposible de romper y del funcionamiento de supuestas leyes de determinismo geopolítico.

Pero si estos recursos no bastaban, el Gobierno norteamericano tenía además a su disposición la capacidad de la Agencia Central de Inteligencia para fomentar la subversión interna, introducir armas, organizar bandas contrarrevolucionarias, realizar invasiones mercenarias, promover sabotajes, llevar a cabo ataques piratas y preparar atentados contra la vida de los principales dirigentes de la Revolución Cubana. Quedaba, por último, la posibilidad de una agresión directa, con la participación de las propias fuerzas armadas norteamericanas.

Apenas se inició la aplicación de las primeras medidas —el merecido castigo a los criminales de la tiranía, la confiscación de los bienes robados por los personeros del depuesto régimen, la disolución del viejo ejército y demás cuerpos represivos, y el saneamiento de la administración—, la Revolución tuvo que enfrentarse a las presiones diplomáticas norteamericanas y a la venenosa campaña de las agencias de noticias y demás poderosos medios de prensa de Estados Unidos.

Esto ocurría cuando la Revolución en el poder aún no había cumplido su primer mes.

Al momento mismo del triunfo de la Revolución, el 1ro. de Enero de 1959, se produjo el primer acto de hostilidad por parte del Gobierno de los Estados Unidos al ofrecer hospitalidad y asilo en el territorio de ese país a decenas de criminales de guerra que huyeron ese día. Repugnantes asesinos y torturadores como Esteban Ventura, Pilar García, Orlando Piedra, Hernando Hernández, Julio Laurent, Lutgardo Martín Pérez, Ángel Sánchez Mosquera, Rolando Masferrer, Conrado Carratalá, Merob Sosa, Alberto del Río Chaviano, Leopoldo Pérez Coujil, Irenaldo García Báez, José María Salas Cañizares y muchos otros, y desvergonzados ladrones como algunos de los principales colaboradores políticos del dictador Fulgencio Batista, encontraron inmediata o posteriormente apacible refugio en los Estados Unidos.

Las justas sanciones dictadas por los tribunales revolucionarios, en aquellas primeras semanas de 1959 contra los criminales de guerra, provocaron las primeras manifestaciones de hostilidad. El Gobierno de Estados Unidos protegió a muchos de aquellos asesinos y quería evitar que se hiciera justicia ante genocidas como este personaje cínico que sembró el terror entre los indefensos campesinos orientales y que fue Sosa Blanco.

En ese país no solo fueron acogidos como respetables ciudadanos, sino que, a pesar de las reiteradas demandas formales del Gobierno Revolucionario de Cuba, el Gobierno de los Estados Unidos se negó, en todo momento, a permitir la extradición de estos delincuentes comunes aun cuando estaba en pleno vigor un tratado suscrito a tal efecto por ambos países.

Algunos de estos delincuentes viven todavía hoy tranquilamente en la Florida y otros estados norteamericanos, donde siguen disfrutando de total inmunidad y de las enormes fortunas que casi todos robaron al pueblo. Muchos de ellos participaron en algún momento en organizaciones contrarrevolucionarias dedicadas a la promoción de agresiones armadas y acciones terroristas contra Cuba. José Eleuterio Pedraza, por ejemplo, fue el jefe de la llamada conspiración trujillista responsable de organizar una infiltración armada en 1959, y a principios de la década de los 60 participó en la preparación de numerosas acciones de sabotaje y encabezó el denominado Ejército Anticomunista de Cuba. Esteban Ventura mantuvo hasta el último instante sus vínculos con la Fundación Nacional Cubano Americana y, en particular, con quien es uno de los principales directivos de estos grupos mafiosos y terroristas, Roberto Martín Pérez, hijo del asesino Lutgardo Martín Pérez.

Se sostiene comúnmente que fue la promulgación de la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959, al anunciar el carácter cabalmente revolucionario del proceso social y político en marcha en Cuba y su proyección liberadora y antimperialista, el hecho que marcó el tránsito de la actitud hostil a la agresión directa de los Estados Unidos contra Cuba. Sin embargo, basta enumerar algunos acontecimientos de esos primeros meses del poder revolucionario para llegar a la conclusión de que los gérmenes de esa intención agresiva ya estaban presentes desde mucho antes.

Las justas sanciones impuestas a los criminales de guerra que pudieron ser capturados, autores de crímenes abominables con un saldo que se ha estimado en casi 20 mil muertos, pronto provocaron las primeras manifestaciones de hostilidad verbal y política hacia la Revolución en los Estados Unidos. En fecha tan temprana como el 15 de enero de 1959, un grupo de congresistas norteamericanos pidió la intervención de los Estados Unidos. El representante Wayne Hays declaraba que debía considerarse el envío de tropas a Cuba, además de la aplicación de sanciones económicas como la rebaja de la cuota azucarera y el embargo comercial. Poco importó a la maquinaria de propaganda de la gran prensa norteamericana el hecho de que el pueblo cubano hubiese expresado de manera casi unánime y evidente su pleno respaldo a la necesaria justicia revolucionaria.

El 2 de febrero de 1959, apenas un mes después del triunfo de la Revolución, fue arrestado y puesto a disposición de los tribunales el ciudadano norteamericano Allen Robert Mayer, quien se había introducido ilegalmente en territorio cubano a bordo de una avioneta con el propósito de atentar contra la vida del Comandante en Jefe Fidel Castro.

El 30 de marzo, el general Maxwell Taylor, Jefe del Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos, declara ante el Congreso de ese país que "la Revolución Cubana podría ser el comienzo de una serie de convulsiones en América Latina, que darán oportunidades a los comunistas para tomar posiciones".

En abril de ese mismo año, Fidel viaja a los Estados Unidos. En Washington no es recibido, en manifiesta intención de desaire, por el Presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower, y se entrevista en cambio con el entonces Vicepresidente, Richard Nixon.

Tras la reunión, en memorándum secreto, Nixon escribía su impresión de que Fidel era comunista o era sumamente ingenuo, y sugería implícitamente que se comenzara a pensar en el derrocamiento del flamante poder revolucionario en Cuba.

Tres semanas después de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, el 11 de junio de 1959, el Gobierno de los Estados Unidos, en nota diplomática entregada por su Embajador en La Habana, expresaba: "Los Estados Unidos reconocen que, según el derecho internacional, un Estado tiene la facultad de expropiar dentro de su jurisdicción para propósitos públicos y en ausencia de disposiciones contractuales o cualquier otro acuerdo en sentido contrario; sin embargo, este derecho, debe ir acompañado de la obligación correspondiente por parte de un Estado en el sentido de que esa expropiación llevará consigo el pago de una pronta, adecuada y efectiva compensación".

En la respuesta del Gobierno cubano a esta nota, se reiteraba que "es facultad inalienable del Gobierno Revolucionario dictar, en el ejercicio de su soberanía y al amparo de tratados, convenciones y pactos de carácter universal, las medidas que juzgue más adecuadas para impeler y asegurar el desarrollo económico, el progreso social y la estabilidad democrática del pueblo cubano". En consecuencia, declaraba la nota cubana, el Gobierno Revolucionario "se arroga la facultad de decidir lo que estime más acorde con los intereses vitales del pueblo cubano, y no admite, ni admitirá, ninguna indicación o propuesta que tienda a menoscabar, en lo más mínimo, la soberanía y la dignidad nacionales".

No obstante, en cuanto a las condiciones de pago exigidas en la nota norteamericana, el Gobierno Revolucionario argumentaba la imposibilidad material para cumplirlas y proponía la negociación de otras alternativas de compensación. Esta última propuesta fue desconocida por las autoridades norteamericanas, que se aferraron a las impracticables condiciones planteadas y encontraron por fin en la respuesta cubana el pretexto para comenzar el despliegue de su política de represalias y agresiones económicas, políticas y militares contra Cuba.

La suerte estaba echada.


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Girón el primer capítulo de nuestra resistencia (II parte)

Tomado del periódico Granma,
11 de abril del 2006

Durante los primeros tres años de la Revolución, cada acción del enemigo encontró la réplica adecuada en una nueva ley o medida justiciera, y en cada caso estuvieron presentes la batalla en el terreno de las ideas y la movilización popular. Así el pueblo cubano se enfrentó resueltamente a los ataques enemigos, cada vez más violentos, y al mismo tiempo a males profundamente enraizados en la sociedad neocolonial, como la odiosa discriminación racial, los privilegios y el exclusivismo implantados por el orden social anterior en comercios, bancos, hoteles, centros de recreo y las mejores playas del país. Apenas dos meses después del triunfo revolucionario se dispuso la drástica rebaja de los alquileres abusivos que pagaba el pueblo por la vivienda, con lo que comenzó el agudo enfrentamiento a las clases explotadoras.

Centenares de vuelos piratas tuvieron lugar sobre ciudades y poblados rurales cubanos en los primeros años de la Revolución, cuyos indiscriminados bombardeos y lanzamiento de sustancias explosivas ocasionaron numerosas víctimas y daños a la economía. En la foto, una avioneta derribada en mayo de 1960 en la carretera que conduce al Mariel.

A raíz de la Reforma Agraria, medida soberana de profundo beneficio popular y nacional, comenzó una vasta y sistemática campaña de sabotaje y terrorismo, incursiones piratas de aviones procedentes de territorio norteamericano, agresiones políticas y diplomáticas y fomento y apoyo de bandas armadas y células contrarrevolucionarias. Prófugos de la justicia popular y elementos de la reacción interna, reclutados, entrenados y abastecidos por la CIA, produjeron los primeros alzamientos en zonas montañosas del país. Comenzó a prepararse la invasión mercenaria que supuestamente daría el golpe definitivo a la Revolución.

La respuesta de nuestro pueblo no se hizo esperar. Frente a las agresiones y las amenazas crecientes, los obreros, empleados, campesinos y estudiantes se organizaron, entrenaron y armaron en las Milicias Nacionales Revolucionarias, y el pueblo todo se volcó a la vigilancia en los Comités de Defensa de la Revolución, cuya creación fue anunciada por Fidel sobre el eco de los estallidos de petardos contrarrevolucionarios. El Ejército Rebelde y los Órganos de la Seguridad del Estado elevaron su capacidad organizativa y combativa. La Revolución aseguró un flujo creciente de armas procedentes de los países socialistas. Cuba se convirtió desde entonces en un pueblo de trabajadores y soldados.

Frente a las agresiones y amenazas crecientes, las fuerzas populares se organizaron, entrenaron y armaron en las Milicias Nacionales Revolucionarias, y Cuba desde entonces se convirtió en lo que el inolvidable Camilo Cienfuegos llamó el pueblo uniformado.

Paralelamente, el Gobierno de Estados Unidos pasó también a acciones de fondo en el orden económico. La primera medida fue la orden a las compañías petroleras norteamericanas de reducir el suministro de combustible a Cuba, del cual tenían hasta ese momento el monopolio absoluto. La intención evidente era paralizar el país. Ante el gesto solidario de la Unión Soviética, que asumió el abastecimiento de petróleo a un país lejano de sus costas; el siguiente paso fue la negativa de las refinerías norteamericanas en Cuba, en junio de 1960, a procesar el crudo soviético, seguido poco después por otros dos golpes al parecer demoledores: la supresión total de la cuota azucarera cubana en el mercado de Estados Unidos, hacia el cual, como ya se ha dicho, se exportaba la mayor parte de ese producto fundamental de nuestra economía, y el embargo a las exportaciones norteamericanas hacia Cuba. Poco después quedó establecido el bloqueo económico total contra nuestro país, reforzado progresivamente hasta niveles increíbles, que todavía hoy se mantiene a contrapelo de la ley y la opinión internacionales.

La batalla de la Revolución por su supervivencia había entrado en una fase decisiva. Frente a la agresión económica abierta, la Revolución replicó en forma contundente con la nacionalización de los monopolios y todas las empresas de propiedad norteamericana en Cuba, y en vista de la hostilidad declarada de la oligarquía nativa, en activa postura contrarrevolucionaria, procedió a privarla de su base económica nacionalizando también sus bancos y empresas.

La conciencia de nuestro pueblo maduró vertiginosamente en esos meses cruciales de 1960. Se derrumbó el efecto acumulado de medio siglo de coloniaje cultural, adoctrinamiento ideológico e ignorancia o indiferencia políticas. La propia lucha elevó la conciencia de las masas, aceró su voluntad y les mostró cuál era el verdadero y único camino: luchar en defensa de su Revolución.

PROMOCIÓN DE ORGANIZACIONES CONTRARREVOLUCIONARIAS DENTRO DE CUBA

Ya desde mediados de 1959, ex militares y politiqueros vinculados a la tiranía derrocada, oportunistas que participaron de la lucha contra Batista y elementos de las capas sociales más altas que empezaban a ser afectadas por las leyes y medidas reivindicadoras de la Revolución, asumen una actitud abiertamente contraria al proceso revolucionario y comienzan a nuclearse, con el aliento y complicidad de agentes diversos del Gobierno norteamericano y, dentro de Cuba, de la Embajada de los Estados Unidos, en organizaciones de carácter contrarrevolucionario cuyos planes estaban encaminados a destruir el proceso de transformación que se iniciaba.

Surge así La Rosa Blanca, la primera organización de este tipo, integrada por elementos del régimen anterior, como el ex teniente coronel Antonio Soto —segundo jefe de la aviación batistiana—, Luisito Pozo —hijo del ex alcalde de La Habana—, Rafael Díaz Balart —político batistiano quien funje como secretario general de la organización—, el criminal de guerra Merob Sosa y muchos otros personajes de similar calaña, junto con algunos profesionales y representantes de la oligarquía desplazada del poder. Esta organización mantenía nexos con el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y otros círculos gubernamentales en Santo Domingo. La actividad de La Rosa Blanca no pasó de la esfera de la organización, la conspiración y la elaboración de planes que en su inmensa mayoría fueron abortados.

En el mes de octubre de 1959 se integra el llamado Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), cuyos dirigentes y miembros procedían fundamentalmente de la Agrupación Católica Universitaria y de la Juventud Obrera Católica. Esta organización y su principal cabecilla, Manuel Artime, van a ser escogidos posteriormente por la Agencia Central de Inteligencia para recibir un papel protagónico dentro de sus planes de agresión contra Cuba.

A finales del propio 1959 se van creando una cantidad considerable de organizaciones contrarrevolucionarias, que se iban formando sobre la base de la psicología social de grupos —por las relaciones religiosas, políticas, estudiantiles, etcétera—, lo cual propiciaba que los diferentes grupos se integraran con una psicología propia y un fin común. Así, por ejemplo, de los círculos religiosos surgen el Directorio Revolucionario Estudiantil, el Movimiento Democrático-Cristiano y el Movimiento Revolucionario del Pueblo; de los viejos partidos políticos surgen la Organización Auténtica y el Movimiento Rescate; de los primeros elementos disidentes de la Revolución nace el Movimiento 30 de Noviembre.

En el período que comprende los años 1960-61, las organizaciones contrarrevolucionarias crecieron en número y hombres. Se ha estimado que en esta época llegaron a existir más de 300 organizaciones, en muchas de las cuales los Órganos de la Seguridad del Estado lograron un alto nivel de infiltración hasta el punto de que sus agentes llegaron a ocupar posiciones de dirección en varias de ellas. No obstante, en sentido general estas organizaciones desarrollaron una cantidad considerable de actividades criminales contra el poder revolucionario, en algunos casos con recursos propios, en otros con los que recibían de la CIA, que, como se ha dicho, alentaba y dirigía las acciones de estos grupos.

La contrarrevolución interna desata una ola de sabotajes y acciones de todo tipo que cobran particular intensidad en los primeros meses del año 1961, como parte de la creación de un clima que la CIA consideraba propicio para el lanzamiento de la invasión mercenaria por Playa Girón.

SABOTAJES, INCURSIONES PIRATAS Y OTRAS ACCIONES TERRORISTAS

El 8 de julio de 1959, apenas mes y medio después de la firma de la Ley de Reforma Agraria, el Congreso de los Estados Unidos acordó otorgar mayores facultades al Presidente para suspender la ayuda extranjera a todo país que “confiscara propiedades americanas sin justa compensación inmediata”. Es el mismo lenguaje de las notas diplomáticas enviadas a Cuba. Una semana después, la Subcomisión de Seguridad Interna del Senado norteamericano da inicio a una serie de audiencias a desertores de las fuerzas armadas cubanas y del Gobierno Revolucionario y a criminales de guerra de la tiranía derrocada, reclamados como tales por las autoridades cubanas. El 12 de agosto comienza sus sesiones en Santiago de Chile la Quinta Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos, convocada para considerar “la situación de tensión internacional en la región del Caribe”. Entra en escena por primera vez la desprestigiada OEA como uno de los instrumentos que a partir de ese momento utilizarán preferentemente los Estados Unidos en su ofensiva diplomática y política contra Cuba.

El Gobierno norteamericano emprende simultáneamente una campaña de actividades subversivas utilizando a sus representantes diplomáticos en La Habana. El 8 de agosto las autoridades cubanas detienen al sargento Stanley F. Wesson, acreditado como miembro del Servicio de Seguridad de la Embajada de los Estados Unidos, y a otra empleada de la sede diplomática, en una reunión de elementos contrarrevolucionarios en la que se preparaban actos de sabotaje coordinados con los planes de invasión a Cuba que se fraguaban por esa fecha en la República Dominicana.

Comienza en estos meses la campaña de vuelos sobre territorio cubano de pequeños aviones procedentes de territorio norteamericano, con misiones tales como la infiltración de agentes, armas y otros medios de apoyo a la actividad organizada de la contrarrevolución interna, y la realización de actos de sabotaje. El 6 de octubre de 1959 el Gobierno Revolucionario impuso de esta actividad pirata al de los Estados Unidos, y solicitó la inmediata adopción de medidas por las autoridades norteamericanas para evitarlos. Sin embargo, pocos días después estas incursiones se intensificaron. Quedaba desde ese momento en evidencia que el Gobierno de los Estados Unidos no era ajeno a estas acciones, ejecutadas por sus agencias o toleradas por ellas.

El 26 de octubre el Gobierno de los Estados Unidos negaba la utilización de su territorio como base para los vuelos piratas sobre Cuba. Pocas horas más tarde el desertor Pedro Luis Díaz Lanz, ejecutor de muchas de estas acciones, reconocía públicamente que los aviones empleados en ellas tenían sus bases en la Florida y el 1ro de noviembre era descubierto uno de esos aparatos en el aeropuerto de Pompano Beach.

A continuación, algunas de las acciones de este tipo más notorias durante esos meses:

El 11 de octubre de 1959 un avión lanzó dos bombas incendiarias sobre el central Niágara, en la provincia de Pinar del Río. El 19 de octubre otras dos bombas fueron arrojadas desde el aire sobre el central Punta Alegre, en la provincia de Camagüey. El 21 de octubre un avión bimotor ametralló la ciudad de La Habana, provocando varios muertos y decenas de heridos, mientras otra avioneta arrojaba propaganda contrarrevolucionaria. El 22 de octubre fue ametrallado un tren de pasajeros en la provincia de Las Villas. El 26 de octubre sendas avionetas atacaron los centrales Niágara y Violeta.

A partir del mes de enero de 1960, ya en pleno desarrollo la zafra azucarera de ese año, se multiplicaron los vuelos sobre cañaverales. El día 12 solamente fueron incendiadas desde el aire 500 mil arrobas de caña en la provincia de La Habana. El día 30 se perdieron más de 50 000 arrobas en el central Chaparra, en Oriente, y el 1ro de febrero fueron incendiadas más de 100 000 arrobas en la provincia de Matanzas. Pero no cesaron otras acciones de terrorismo aéreo: el 21 de enero un avión arroja cuatro bombas de cien libras sobre la zona urbana de Cojímar y Regla, en La Habana.

El 7 de febrero de 1960 una avioneta incendia 1,5 millones de arrobas de caña en los centrales Violeta, Florida, Céspedes y Estrella, en Camagüey.

El 18 de febrero un avión que bombardeaba el central España, en la provincia de Matanzas, fue destruido en el aire por una de sus propias bombas. El piloto fue identificado como Robert Ellis Frost, ciudadano norteamericano. La carta de vuelo registraba la salida del avión del aeropuerto de Tamiami, en la Florida. Por otros documentos hallados en el cadáver se descubre que en tres ocasiones anteriores el piloto había realizado incursiones piratas sobre Cuba.

El 23 de febrero varias avionetas riegan cápsulas incendiarias en las fábricas de azúcar Washington y Ulacia, en Las Villas, así como en Manguito, región de la provincia de Matanzas. El 8 de marzo otra avioneta lanza materias inflamables en la zona de San Cristóbal e incendia más de 250 000 arrobas de caña.

Junto a las misiones de bombardeo, ametrallamiento y quema, se suceden en esta etapa los vuelos sobre La Habana y casi todas las demás provincias del país con el propósito de diseminar propaganda subversiva. Solamente en los tres primeros meses de 1961 se registraron decenas de vuelos de ese tipo. En un informe elaborado a raíz de la derrota de la invasión por Playa Girón, el entonces inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, apuntaba “que en el momento de la invasión se había dejado caer sobre Cuba un total de 12 millones de libras de volantes” de propaganda contrarrevolucionaria.

Mientras se desarrollaba esta escalada de acciones terroristas desde el aire, el Gobierno de los Estados Unidos había emprendido una serie de maniobras diplomáticas destinadas a obstaculizar la adquisición por parte de Cuba de los medios necesarios para la defensa del territorio frente a estas incursiones aéreas piratas, incluida la presión sobre el Gobierno de Gran Bretaña para impedir la venta a Cuba de quince aviones de combate. El 13 de noviembre de 1959 el Gobierno Revolucionario de Cuba acusó al de Estados Unidos por estas maniobras destinadas a impedir su legítimo derecho de adquirir los medios para la defensa del país. Cinco días después ratificó su decisión de adquirir esos medios donde pudiera conseguirlos.

El hecho más significativo en la cronología de acciones dirigidas a impedir el reforzamiento de la defensa del país, fue la voladura del vapor francés La Coubre el 4 de marzo de 1960. El buque había cargado en puertos europeos un importante lote de armamentos y parque adquirido por el Ejército Rebelde. El cargamento fue saboteado por agentes de la CIA en alguno de los puertos de embarque, y los artefactos explosivos colocados hicieron explosión ese día en el puerto de La Habana mientras se realizaban las operaciones de descarga. Las cargas fueron programadas de suerte que la segunda estallara con un intervalo suficiente como para asegurar que el buque y el muelle aledaño estuviesen lo más llenos posible de personal que habría acudido en auxilio de las víctimas de la primera explosión. Las explosiones dejaron un saldo de más de 100 muertos y más de 200 heridos.

El 21 de marzo es derribada cerca de Matanzas la avioneta pilotada por los norteamericanos Howard Lewis Rundquist y William J. Shergales, y el 12 de mayo es abatida al este de La Habana, cerca de la costa, otra avioneta pilotada por el también norteamericano Edward Duke, cuyo cadáver es entregado a la representación diplomática de los Estados Unidos.

En los meses de marzo y abril los vuelos sobre cañaverales fueron casi diarios. A partir del mes de mayo de 1960 se hicieron menos frecuentes, a la vez que comenzaba el incremento de actividades de sabotaje de otra índole, tales como secuestros de aviones, atentados terroristas y otros actos que culminaron en la destrucción de la tienda El Encanto el 13 de abril de 1961. La complicidad, y participación directa en muchos casos, de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos en estos hechos quedó demostrada también por las declaraciones posteriores de diversos cabecillas contrarrevolucionarios, responsables directos de estas actividades.

Paralelamente a esta campaña de terrorismo desde el aire, durante los meses finales de 1959 la contrarrevolución interna, con el apoyo directo de las agencias del Gobierno de los Estados Unidos, incrementó sus actividades subversivas y terroristas de otra índole. A continuación una brevísima enumeración de algunas de las principales acciones de ese tipo y otros hechos relacionados con ellas en esta etapa.

El 21 de septiembre de 1959 son detenidos en el curso de una reunión con alrededor de veinte elementos contrarrevolucionarios los norteamericanos Austin Young, alias Jim Smith —jefe de los conspiradores—, y Peter John Lamblon, mientras planificaban la realización de acciones terroristas. El 15 de junio de 1960 tocó el turno a los agregados de la Embajada de los Estados Unidos, Edwin L. Sweet y William G. Friedman, agentes del FBI, quienes son sorprendidos en plenas faenas conspirativas y expulsados del país.

Los locales de los periódicos Revolución y La Calle, órganos de prensa revolucionarios, son objeto de ataques con granadas o cócteles Molotov. El 15 de febrero de 1960 es incendiada la tienda por departamentos Ten Cent de la ciudad de Santa Clara. Cines, tiendas, oficinas, fábricas, escuelas, son objeto de atentados terroristas con explosivos o sustancias incendiarias, casi siempre en momentos en que están llenos de público. El 27 de octubre de 1960 muere el niño de 13 años Juan Alberto Jiménez Yupart como resultado de uno de estos atentados en la calle Estrella, en La Habana.

En ese mes de octubre fue denunciada la actividad de la estación de la CIA en la Embajada norteamericana en La Habana, en las personas del coronel Erickson S. Nichols y el mayor Robert Van Horn, ambos agregados militares. El objetivo de estos espías era estimular la contrarrevolución en la ciudad de La Habana mediante la puesta en práctica de un amplio plan subversivo que incluía la voladura de la refinería de petróleo Ñico López y de la planta eléctrica de Tallapiedra.

Durante los meses anteriores a la invasión cobra impulso la actividad de infiltración clandestina de agentes y grupos en territorio cubano, lo cual resultaba coherente con la intención de crear todas las condiciones internas posibles para el éxito de lo que se consideraba el puntillazo al régimen revolucionario. Para tan delicada misión la CIA decidió utilizar muchas veces a agentes norteamericanos.

El 5 de octubre de 1960 desembarca en la bahía de Navas, entre Moa y Baracoa, en la cosa norte de la provincia de Oriente un grupo de 27 infiltrados al frente de los cuales venían cuatro norteamericanos, pero son todos capturados por fuerzas rebeldes y de las milicias campesinas. Otro grupo de seis norteamericanos es descubierto poco tiempo después tras haber desembarcado por un punto de la costa norte de Pinar del Río.

En diciembre de 1960 se decretaría la primera movilización de combate del pueblo miliciano de Cuba ante las amenazas anunciadas de una invasión, previo al cambio de mandato presidencial de Eisenhower a Kennedy que se produciría el 20 de enero. Por lo pronto el 3 de enero se llevó a cabo el rompimiento de relaciones entre ambos países.


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GIRÓN el primer capítulo de nuestra resistencia (III parte)

Tomado del periódico Granma,
12 de abril del 2006

En los primeros meses de 1961 fueron ocupados en algunos cayos de las costas de Pinar del Río y Las Villas y en otros puntos dentro del territorio de la Isla grandes lotes de armas introducidos clandestinamente. En abril fue descubierto y capturado en Pinar del Río un cargamento de ocho toneladas de armas, explosivos y pertrechos introducidos por dos infiltrados norteamericanos que fueron capturados.

El 3 de enero de 1961, el Gobierno de Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Cuba. La gráfica captó el instante en que el vendedor del periódico Revolución, órgano oficial de la Revolución, voceaba las principales noticias del día precisamente frente a la agitada sede de la embajada norteamericana, la hoy Oficina de Intereses.

El 13 de marzo de 1961 es infiltrado en Cuba el traidor Humberto Sorí Marín con un gran cargamento de armas e indicaciones de la CIA de gestionar la unión de la mayor cantidad posible de organizaciones contrarrevolucionarias. Una misión no menos priorizada de este agente fue crear condiciones para la realización de un atentado al Comandante en Jefe.

En pleno apogeo de la campaña de sabotajes, promoción de organizaciones y bandas contrarrevolucionarias y terrorismo desde el aire, llevada a cabo con el estímulo y la evidente participación y complicidad de las autoridades de los Estados Unidos, el 26 de enero de 1960 el Presidente norteamericano, Dwight D. Eisenhower, declara públicamente que "el Gobierno de los Estados Unidos se adhiere estrictamente a su política de no intervención en los asuntos internos de otros países, incluida Cuba", y afirma con insuperable cinismo que, al propio tiempo, "ve con creciente preocupación la tendencia de los voceros del Gobierno cubano [...] a crear la ilusión de actos agresivos y actividades conspirativas dirigidas contra el Gobierno cubano y atribuidas a las autoridades o agencias de los Estados Unidos". Al día siguiente, el Gobierno Revolucionario reitera de nuevo su disposición a negociar las diferencias de opinión existentes con los Estados Unidos y a discutirlas "sin reservas y con absoluta amplitud" sobre la base del respeto mutuo y el beneficio recíproco.

Pero aún el fariseísmo llegaría más lejos: el 8 de abril, en carta a un grupo de estudiantes chilenos, el Presidente norteamericano sostuvo oficialmente, por primera vez, la especie de la "traición" a los ideales revolucionarios por parte del Gobierno cubano —argumento usado desde entonces por la contrarrevolución—, y expresó paladinamente: "Permítaseme asegurarles que la idea de una intervención extranjera en los asuntos cubanos es tan desagradable a los Estados Unidos como lo es la intervención en los asuntos internos de cualquier otra república americana".

El fenómeno del bandidismo fue estimulado, organizado, dirigido y apoyado por la CIA como parte fundamental de su estrategia contra la Revolución Cubana. En la foto, milicianos en el Escambray, durante aquellas combativas jornadas de 1960, en el momento en que recobran uno de los paracaídas que trasportaban armamentos.

Ya para entonces, el propio Eisenhower había firmado la orden ejecutiva en la que autorizaba la ejecución de los planes para la invasión a Cuba: el 17 de marzo, en efecto, el Presidente norteamericano había ordenado al director de la CIA, Allen Dulles, que comenzara "la preparación de una fuerza armada de cubanos exiliados que sería utilizada para invadir a Cuba, derrocar la Revolución y restablecer el sistema demócrata representativo".

Como ya se dijo, en los meses inmediatamente anteriores a la invasión por Playa Girón se intensifica la campaña de sabotajes y otras acciones terroristas como parte de un plan deliberado de la CIA para crear un clima que los estrategas norteamericanos considera-ban propicio, a partir de su errónea evaluación del grado real de malestar y oposición interna al Gobierno Revolucionario. Un análisis de los servicios de seguridad cubanos, elaborado el 16 diciembre de 1960, evidenciaba la creciente actividad contrarrevolucionaria. Entre los meses de septiembre y diciembre, se cometieron más de cincuenta violaciones aéreas en la provincia de La Habana, muchas de ellas con la finalidad de distribuir propaganda contrarrevolucionaria y lanzar bombas sobre objetivos estratégicos de la capital. En ese mismo periodo se reportaron más de cien acciones de sabotaje y actos terroristas contra la población.

Entre los hechos más significativos que ocurren en el mes de diciembre de 1960, cabe mencionar el incendio provocado el día 15 en los estudios de la emisora radial CMQ en La Habana; la bomba colocada en la Universidad de La Habana que, además de los daños causados, hirió gravemente a un estudiante; el sabotaje del cine Caridad, en Marianao, con un saldo de siete jóvenes heridos, y la destrucción total y parcial, respectivamente, por el fuego de las tiendas La Época y Flogar, dos de las mayores de La Habana. En el resto del país también se incrementó la actividad terrorista: incendios de casas de tabaco en Pinar del Río, 39 acciones de diverso tipo en Las Villas, 16 sabotajes y un asalto a una estación de policía en Camagüey y siete sabotajes de envergadura en Santiago de Cuba.

El 26 de febrero de 1961 es colocado fósforo vivo en la tienda El Encanto, de Santiago de Cuba. Dos días después ocurre un atentado terrorista a la Nobel Academy en La Habana, que produce un saldo de nueve estudiantes y una profesora heridos.

El 3 de marzo una bomba colocada en el Consolidado de la Construcción en Rancho Boyeros ocasiona la muerte del obrero de 18 años José María Méndez Marrero. Tres días después era asesinado el miliciano Carlos Rodríguez Borbolla, en el interior de una nave de almacenamiento de papel periódico, en La Habana, incendiada posteriormente. El día 11 un sabotaje efectuado a las torres de servicio eléctrico en el barrio habanero de la Víbora deja sin fluido eléctrico a una amplia zona de La Habana. El día 14 estallan incendios simultáneos en las sucursales de los establecimientos denominados Ten Cent en las calles Monte, Obispo y Habana, en la capital del país. El 21 de marzo es asesinado en Puerto Padre, Oriente, el miliciano Ángel Torres López.

El 2 de abril un sabotaje a la revista Verde Olivo ocasiona la muerte al obrero Rigoberto Sierra. Ese mismo día se frustra el sabotaje al cine City Hall, en La Habana, al ser capturado el saboteador con cinco frascos de fósforo vivo. El día 4 un incendio provocado destruye un almacén y 180 000 sacos de azúcar en el central Hershey, en Santa Cruz del Norte. El día 7 es saboteada la conductora central de agua de la Cuenca Sur y se interrumpe el suministro de agua en gran parte de la ciudad de La Habana por 48 horas. El 13 de abril, dos días antes del lanzamiento del ataque aéreo previo a la invasión de Girón, un sabotaje con fósforo vivo destruye totalmente el edificio ocupado por la tienda El Encanto, en la capital, y ocasiona la muerte de la trabajadora y miliciana Fe del Valle.

FOMENTO DE BANDAS ARMADAS: LA LUCHA CONTRA BANDIDOS

La primera banda contrarrevolucionaria apareció ya a principios de abril de 1959 en la provincia de Pinar del Río, cuando un cabo del Ejército batistiano, Luis Lara Crespo, se escapó de la prisión donde se encontraba y contactó con un grupo de elementos comprometidos con la dictadura con el propósito de emigrar clandestinamente, pero sometido a una tenaz persecución se vio obligado a alzarse en las montañas. La última banda organizada que resultó liquidada fue la de Juan Alberto Martínez Andrade, cuyos integrantes fueron capturados en octubre de 1965.

Puede afirmarse categóricamente que la inmensa mayoría de estas agrupaciones, y prácticamente la totalidad de ellas a partir de la segunda mitad de 1960, fueron promovidas, organizadas, abastecidas y apoyadas de diversas maneras por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Las evidencias documentales, testimoniales y factual que constan al respecto en los archivos de los Órganos de Seguridad cubanos, son tantas que resulta imposible describirlas en este recuento. La propia documentación secreta norteamericana que ha ido siendo desclasificada en los Estados Unidos en los últimos años, corrobora de manera inequívoca que el fenómeno del bandidismo fue estimulado, organizado, dirigido y apoyado por la CIA como parte fundamental de su estrategia contra la Revolución Cubana.

En una guerra irregular como la que los Estados Unidos impusieron a la Revolución Cubana apenas triunfó, es muy difícil obtener datos estadísticos precisos ni reconstruir cronologías exactas, sin correr el riesgo de olvidar hechos importantes. No obstante, en el caso de la lucha contra las bandas contrarrevolucionarias se pueden citar algunas cifras que permiten ilustrar la violencia que caracterizó este enfrentamiento.

Aunque, como es sabido, el teatro principal de operaciones de estas bandas fue la zona del Escambray, en la antigua provincia de Las Villas, el fenómeno de las bandas contrarrevolucionarias tuvo alcance nacional, con incidencia mayor o menor en cada una de las seis provincias en que estaba dividido el territorio nacional. A continuación se ofrece un resumen por provincias del desarrollo de este enfrentamiento.

En la provincia de Pinar del Río existió un total de 21 bandas que agruparon alrededor de 255 hombres alzados y decenas de colaboradores. Estas agrupaciones llevaron a cabo en siete años, entre 1959 y 1965, más de 50 acciones de diferentes tipos, como asaltos a casas de campesinos, granjas y tiendas del pueblo, donde robaban y quemaban todo lo que podían, ataques a medios de transporte y pequeños objetivos militares —a los que en muchas ocasiones también incendiaban—, sabotajes contra objetivos económicos, incluidos cañaverales, atentados contra milicianos aislados y asesinatos de civiles. Como consecuencia de estas acciones se produjeron 14 asesinatos de personas indefensas, 14 muertos en combate por parte de las fuerzas revolucionarias entre miembros del Ejército Rebelde, las Milicias y la Seguridad del Estado, 25 heridos entre los registrados en los enfrentamientos y los campesinos que sufrieron heridas a manos de los bandidos y 3 asesinatos de alzados a manos de sus propios compinches.

En las zonas rurales de la provincia de La Habana hubo que enfrentar a 9 bandas que llegaron a incorporar a unos 78 alzados apoyados por decenas de colaboradores, quienes durante varios años se dedicaron a agredir la economía agrícola, principalmente a quemar cañaverales, sabotear la producción de leche y dañar la masa ganadera. También incendiaron viviendas, escuelas, ómnibus y otros objetivos, asaltaron granjas, agredieron a campesinos e incluso atentaron contra la vida de dos dirigentes campesinos. Además de todos estos hechos, estas bandas se dedicaron a robar arroz, carne salada, conservas, aves de corral, carneros, escopetas de caza y cartuchos y de todo lo que pudieron para poder sobrevivir.

Al verse obligados a enfrentar las operaciones militares de las fuerzas revolucionarias, causaron un muerto y cinco heridos. En otras acciones asesinaron a un agente de la Seguridad del Estado y a un colaborador. Asaltaron a varios milicianos aislados con un saldo de tres muertos, dieron muerte en una emboscada a un sargento del Orden Público y un miliciano, y asesinaron a cinco civiles en distintas acciones. Y, como si fuera poco, fueron los actores directos de la muerte de un niño de 11 años. En total, en La Habana hubo un saldo de 21 personas afectadas por la acción de los bandidos: 13 muertos y 8 heridos, además de los daños materiales causados.

La guerra contra las bandas fue más costosa en la provincia de Matanzas, tanto en pérdidas humanas como materiales. En el territorio actuaron 43 bandas, que llegaron a agrupar alrededor de 605 alzados y varios centenares de colaboradores. Las principales acciones combativas reportadas sumaron 21, con 30 combatientes muertos y 36 heridos.

Como consecuencia de las acciones de los bandidos, se registraron dos niños muertos y otros dos y la madre heridos graves en un solo hecho, un niño asesinado en otro incidente y un maestro secuestrado y asesinado.

Los hechos cometidos por las bandas pueden resumirse como sigue: catorce emboscadas contra vehículos, cuatro asaltos a trenes, dos ataques a puestos de milicias, con un muerto y dos heridos, dieciséis ataques a bateyes y viviendas campesinas, once ataques a cooperativas, tiendas y granjas del pueblo, dieciséis asaltos a milicianos aislados, más de veinte sabotajes contra el tendido eléctrico, instalaciones agrícolas, cañaverales y otras cosechas, incendios de viviendas, escuelas rurales, una tienda del pueblo y cuatro vehículos, secuestros de campesinos. Se produjeron además innumerables robos de armas, ropa, calzado, reses, aves y productos agrícolas, fundamentalmente en granjas estatales.

El saldo final de bajas entre la población rural y las fuerzas revolucionarias fue de 61 muertos y 70 heridos. En total, unas 133 personas sufrieron directamente las consecuencias de esta confrontación.

La antigua provincia de Las Villas fue, como ya se ha dicho, la zona donde más desarrollo alcanzó este tipo de lucha, debido al apoyo material y financiero que recibió por parte de la CIA por intermedio de las principales organizaciones contrarrevolucionarias y donde el enemigo encontró mejores condiciones geográficas y socioeconómicas. En total se registraron unas 168 bandas que sumaron 2 005 alzados contrarrevolucionarios y varios miles de colaboradores, fundamentalmente familiares de los bandidos. Solamente en el Escambray operaron 136 bandas.

Entre los principales hechos cometidos se incluyen asaltos a casas de campesinos, cinco ataques a pequeños puestos militares, una treintena de ataques a diferentes objetivos civiles, el secuestro de 18 personas y el asesinato de 12 milicianos, 70 civiles (principalmente campesinos y trabajadores agrícolas), tres maestros voluntarios (Conrado Benítez, Manuel Ascunce y Delfín Sen Cedré), un militar y dos agentes de la Seguridad del Estado. El 30 de noviembre de 1960 cae durante las operaciones contra las bandas el comandante del Ejército Rebelde Piti Fajardo. En todos estos hechos no están incluidos los innumerables robos cometidos en los lugares que asaltaban. En materia de sabotajes contra la economía agrícola se destacan los cientos de miles de arrobas de caña quemadas.

En total se han registrado en la lucha contra bandidos en Las Villas 145 muertos y 103 heridos, sumando las bajas en combate de las fuerzas revolucionarias y los asesinatos cometidos por los bandidos.

En Camagüey actuaron solamente cuatro bandas que llegaron a aglutinar unos 23 alzados. Los bandidos llevaron a cabo 49 acciones de cierta envergadura, entre ellas quemas de escuelas, viviendas y tiendas del pueblo, asaltos y tomas de caseríos, ataques directos a objetivos económicos y a pequeños puestos de milicias y asaltos a vehículos de transporte. Igual que en otras provincias, también quemaron cañaverales para afectar el principal rubro económico nacional. Como consecuencia de sus acciones causaron la muerte a 14 personas, en su mayoría milicianos, y heridas a 25.

Por último, en la antigua provincia de Oriente, donde el fomento de las bandas de alzados contrarrevolucionarios estuvo particularmente estimulado desde la base naval de los Estados Unidos en Guantánamo y por más de catorce infiltraciones de grupos comandos entrenados, armados y financiados por la CIA, hubo 54 bandas de alzados contrarrevolucionarios que sumaron 1 029 bandidos. Entre sus principales fechorías se cuentan ataques a tiendas del pueblo y granjas, asesinatos de milicianos, quemas de escuelas y otras instalaciones, para un total registrado de 79 acciones. Las bajas de las fuerzas revolucionarias fueron 23 muertos, casi todos caídos en combate, y 30 heridos. Una de las víctimas fue el comandante del Ejército Rebelde Pancho Tamayo, asesinado el 7 de abril de 1960 por un bandido.

Las bandas contrarrevolucionarias recibieron en todo momento apoyo material directo por parte del Gobierno de los Estados Unidos y sus agencias oficiales. Eran frecuentes los vuelos de aviones y avionetas, procedentes del territorio norteamericano, sobre las montañas del Escambray y otras zonas de operaciones de las bandas, en los que se dejaban caer en paracaídas lotes de armas, municiones y otros pertrechos militares. No pocos de estos envíos caían en manos de las fuerzas revolucionarias cubanas, con lo que resultaba muy fácil probar la procedencia de esa ayuda.

El primer envío registrado ocurrió el 27 de junio de 1959 en la provincia de Pinar del Río, y las armas lanzadas fueron recuperadas por campesinos de la zona y entregadas al Ejército Rebelde. El 26 de enero de 1960 se efectuó el primer envío registrado en la provincia de Las Villas.

El 10 de octubre de 1960 fueron capturados 102 contrarrevolucionarios en el Escambray y ocupado abundante equipo militar de características tales que probaban que solo el Gobierno de los Estados Unidos podía haberlo suministrado. El 7 de enero de 1961 fuerzas del Ejército Rebelde ocupan gran cantidad de armas de fabricación norteamericana lanzadas por aviones procedentes de los Estados Unidos sobre las sierras cercanas a la ciudad de Trinidad, en la provincia de Las Villas. El lanzamiento masivo de pertrechos bélicos para las bandas que operaban en el Escambray, codificado por la CIA con el nombre de Operación Silencio, fue descifrado y neutralizado por los Órganos de Seguridad cubanos gracias, entre otras razones, a la labor de agentes cubanos infiltrados en las filas contrarrevolucionarias. Muchas de estas armas y medios bélicos norteamericanos fueron exhibidos en la base del monumento a José Martí, en la Plaza de la Revolución de La Habana.

El propio inspector general de la CIA en la época, Lyman Kirkpatrick, reconoció no solo la existencia de estas operaciones de suministro de las bandas que operaban en Cuba, sino también su fracaso, en un informe recientemente desclasificado por el Gobierno de los Estados Unidos: "En total, alrededor de 151 000 libras de armas, municiones y equipos se enviaron por aire. Pero no se lanzaron realmente más de 69 000 libras de todo eso, pues el resto fue devuelto a la base. De estas 69 000 libras, por lo menos 46 000 fueron capturadas por las fuerzas de Castro, que se apoderaron de diez cargamentos, mientras que nuestros agentes solo pudieron recuperar tres".

En resumen, entre 1959 y 1965 actuaron a todo lo largo y ancho del territorio nacional 299 bandas que sumaron 3 995 alzados contrarrevolucionarios, organizados, dirigidos, financiados, abastecidos y estimulados por los servicios de espionaje y subversión de Estados Unidos, que utilizaron a varias organizaciones contrarrevolucionarias como fachada para encubrir su participación directa en esta guerra. Unos 100 000 hombres participaron en total en la lucha contra los alzados en las seis provincias. El total general de bajas que tuvo que sufrir el pueblo fue de 285 muertos y 261 heridos.


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Aquel SI al Socialismo

Tomado de Granma,
16 de febrero del 2006

Hace hoy 30 años, la prensa cubana reflejó aquel singular acontecimiento, cuando el día anterior, 15 de febrero de 1976, millones de cubanos respondieron a la convocatoria del referendo y expresaron con su voto político la aprobación a la primera Constitución Socialista de Cuba y de todo el hemisferio occidental.

Ningún proceso constitucional en esta región había tenido hasta ese instante tanta amplitud participativa. Desde un año antes, el anteproyecto de esta ley de leyes se sometió a discusión pública en asambleas de vecinos donde participaron varios millones de personas y formularon propuestas que llevaron a modificar 60 de los 141 artículos propuestos.

Aquel 15 de febrero de 1976 votó en Cuba el 98% de los electores mayores de 16 años y la jornada se convirtió en una fiesta popular no solo en cada barrio o comunidad, sino también en muchas otras partes. Pescadores que votaron en alta mar, pilotos que lo hicieron antes de abordar los aviones, mientras miles de compatriotas destacados en el extranjero también sufragaban.

La Carta Magna socialista tuvo el SI del 97,7% de los electores, mediante el voto libre, directo y secreto.

Hoy todo un pueblo, de manera libre y consciente apoya el socialismo, decía Fidel dos días después. Y subrayaba la importancia que para Latinoamérica tenía que los cubanos, educados en el neocolonialismo y el capitalismo, apoyaran con convicción y entusiasmo el camino y la legalidad socialista.

La máxima ley de la República consolidó jurídicamente las conquistas de la Revolución, refrendó el papel de vanguardia de la clase trabajadora y su Partido marxista-leninista, la propiedad socialista sobre los medios fundamentales de producción, las formas y métodos democráticos de integración de los órganos del Estado, así como los derechos y deberes de los ciudadanos en una sociedad sin explotación o exclusión.

De esa manera se aprobó la primera Constitución Socialista de Cuba enaltecida por su carácter popular, revolucionario y profundamente democrático.


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La pesadilla de San Ambrosio

Hace 45 años bandas terroristas al servicio del Gobierno de los Estados Unidos torturaron salvajemente y después ahorcaron al maestro voluntario Conrado Benítez, primer mártir de la alfabetización en Cuba

Por Juan Antonio Borrego
Tomado de Granma,
6 de enero del 2006

TRINIDAD, Sancti Spíritus.—El "tribunal" de bandidos que lo juzgó, presidido por Osvaldo Ramírez, Julio Emilio Carretero y Tomás San Gil, entre otros, solo necesitó una prueba para culpar de alta traición al joven prisionero: el carné de Maestro Voluntario que Conrado Benítez llevaba en uno de sus bolsillos.

El vía crucis del alfabetizador había comenzado horas antes cuando el día 4 de enero fue localizado en la escuela de Pitajones por órdenes expresas de Osvaldo Ramírez, principal cabecilla de alzados del Escambray, quien de esta forma correspondía a las instrucciones del agente de la CIA José Ramón Ruisánchez, actuando bajo la fachada del llamado Frente Revolucionario Democrático (FRD), con indicaciones bien precisas para sembrar el terror y la desconfianza en el país.

Desde Pitajones, donde enseñaba a 44 niños por el día y a otros tantos adultos por la noche, Conrado, de 18 años de edad, fue trasladado monte adentro hasta la finca Las Tinajitas, en la zona de San Ambrosio, donde se encontraba el campamento de bandidos, y encerrado en una jaula rústica hasta el momento del crimen.

UNA CONFESIÓN QUE ESTREMECE

"En el campamento parecía que había una fiesta esa noche. Todos le hacíamos coro al corral y le tirábamos piedras, "escupías" y le decíamos palabrotas obscenas, hasta que llegó Osvaldo y le dijo a Conrado Benítez: `Si te unes a nosotros te perdono la vida...', confesó tiempo después uno de los bandidos que participó en la orgía de sangre.

Así reflejó el periódico Revolución en su portada el horrendo crimen de San Ambrosio.

"Conrado respondió que ante todo era un revolucionario. Vea, decirle eso a Osvaldo en su propia cara, te repito, aquello parecía una fiesta, primero sacaron a Conrado Benítez (recuérdese que en esa propia fecha también fue ahorcado en aquel lugar el campesino Heliodoro Rodríguez (Erineo), simpatizante de la causa revolucionaria y beneficiado con la Ley de Reforma Agraria), quien con una soga al cuello tenía que caminar a prisa para no ser arrastrado, a la vez que todos los allí presentes le dábamos palos y le pasábamos cuchillos.

"Cuando estuvo debajo de la mata escogida para la ejecución, la soga se pasó por un gajo, los ojos del brigadista miraban a su alrededor como preguntando si nosotros éramos personas o animales. El cuerpo fue suspendido y bajado en varias ocasiones como si fuera un muñeco, hasta el final de su vida en que lo dejamos arriba. No obstante estar bien muerto, Osvaldo ordenó que lo siguiéramos pinchando y apaleando."(*)

YO LE PROPUSE ESCAPAR

Cuando a finales de diciembre Reinerio Perdomo Sánchez había ofrecido su catre a Conrado Benítez para que pasara la noche en la finca Cayaguazán, no imaginó que apenas unos días después volvería a encontrarse con el maestro y mucho menos en una encrucijada tan difícil como la de San Ambrosio.

Reinerio se había incorporado desde el 24 de diciembre a la banda de Osvaldo Ramírez como el agente "Cabaiguán" de la Seguridad del Estado a través de una organización contrarrevolucionaria con fachada religiosa conocida como Ejército Cristiano de Liberación Nacional, devenida luego Ejército Anticomunista de Liberación Nacional.

La noche del 4 de enero Macario Quintana, alias Pata de Plancha, quien horas después se encargaría de cortar los genitales al maestro antes de ser ahorcado, accedió a que Perdomo, como llamaban en la banda al agente "Cabaiguán", en su condición de "protector religioso" se entrevistara a solas con Conrado.

Yo le propuse escapar aprovechando la oscuridad, le dije que la Milicia estaba cerca de Caracusey y podíamos lograrlo, ha confesado "Cabaiguán", pero Conrado únicamente repetía: "No pueden matarme si yo solo soy el maestro", sin saber que precisamente por esta condición era que ya estaba firmada su sentencia de muerte.

ALUMBRAN MILES DE FAROLES

Lejos de intimidar al ejército de los alfabetizadores, la muerte de Conrado Benítez levantó una ola de indignación entre los cubanos que bajo ninguna circunstancia renunciaron a la preciosa idea de enseñar a leer y a escribir.

En apenas meses Cuba sumó en campos y ciudades 34 772 maestros y profesores voluntarios, 120 632 alfabetizadores populares, 13 016 brigadistas Patria o Muerte (procedentes del sector obrero) y más de 100 000 estudiantes de las Brigadas Conrado Benítez (de la juventud).

Por aquel entonces el país todavía no llegaba a los siete millones de habitantes; según estadísticas conservadoras el índice de analfabetismo alcanzaba el 31% y en zonas rurales el 41,7, vergüenza que Cuba borró en un breve lapso al lograr reducir dicha tasa a 3,9, la más baja de América Latina y una de las mejores del mundo, proeza que no solo costó la vida del maestro matancero.

(*) Tomado de: www.cubavsterrorismo.cu

 

 


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Cuando Estados Unidos rompió relaciones con Cuba

Una pieza más en el rompecabezas de la agresión norteamericana

Por Felipa Suárez Ramos
Tomado de Trabajadores2 de enero de 2005

 

Cuando el 3 de enero de 1960 el gobierno de Estados Unidos, presidido por Dwight D. Eisenhower, rompió relaciones diplomáticas con Cuba, lo hizo convencido de propinar el tiro de gracia a la Revolución. Por entonces, un hecho de tal naturaleza resultaba desastroso para cualquier país. Sin embargo, su unilateral decisión devino incentivo al patriotismo y la firmeza del pueblo cubano.

Así lo afirma el doctor José Ramón Herrera Medina, investigador del Instituto de Historia de Cuba, al comentar una medida que, perseguía similar proceder de los indecisos gobiernos oligárquicos latinoamericanos.

“La política agresiva del gobierno de Estados Unidos contra Cuba no comenzó con el triunfo de la Revolución. Desde antes mantenía una posición contraria al movimiento revolucionario dirigido por Fidel Castro, aun cuando no lo conocían ni este se había proclamado socialista.

“Después del triunfo de la Revolución , durante un tiempo cifraron sus esperanzas en socavarla, detenerla y desvirtuarla desde adentro, a partir de la presencia de figuras de los llamados moderados en el primer Gobierno Revolucionario. Mediante ellas se proponían impedir la promulgación de las leyes revolucionarias e ir ganando tiempo hasta desplazar del poder a los verdaderos revolucionarios. Fue esa una de las armas en que confiaban, la otra era la agresión. Estados Unidos no se percató de que el poder real lo tenía el Ejército Rebelde con Fidel al frente, y los moderados se fueron decantando.”

La firma de la Ley de Reforma Agraria, en mayo de 1959, motivó que el 11 de diciembre del propio año fuera presentado el primer plan serio de subversión, el cual planteaba la factibilidad de una acción armada siempre que Fidel fuera físicamente eliminado.

“En enero de 1960, Allen Dulles, jefe de la CIA , expuso ese plan, ampliado, ante el Consejo Nacional de Seguridad. Allí se valoró la posibilidad de una agresión preparada por Estados Unidos, con la condición primaria de eliminar físicamente a los principales dirigentes cubanos, y surgió el denominado Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro.

LA CLAVE ESTABA EN EL ESCAMBRAY

Desde los meses iniciales del triunfo se produjeron algunos alzamientos armados contra la Revolución , primero por batistianos prófugos de la justicia, y después por elementos contrarios al proceso. Una vez aprobado el programa por Eisenhower, la CIA tomó en sus manos los alzamientos en tres direcciones fundamentales: Sierra Maestra, Escambray y Cordillera de los Órganos, con el propósito de contar con una fuerza de apoyo a una proyectada invasión por Trinidad.

Ante la concentración de elementos alzados en el Escambray y los lanzamientos aéreos de armas en la región, Fidel se percató de que la agresión sería pronto y advirtió que allí estaba la clave.

Con vistas a eliminar tal posibilidad, apunta Herrera, “dispuso la realización de una operación conocida como Primera Limpia del Escambray, en la cual participaron 80 batallones de milicias de toda la nación.

“Una vez más el líder cubano estaba en lo cierto, pues al comprender que las milicias constituían una fuerza militar, el gobierno de Estados Unidos organizó el llamado Plan Trinidad, consistente en una invasión por esa zona antes del cambio presidencial del 20 de enero, en Estados Unidos.

“Para justificar su acción, propaló la noticia de que la Isla contaba con 17 rampas coheteriles soviéticas destinadas a atacar a su país u otra nación del continente, así como que preparaba una agresión a la base naval estadounidense en Guantánamo.

“Fidel se les adelantó y el 31 de diciembre ordenó la movilización de todas las fuerzas milicianas de infantería, tanques y artillería, y realizar un desfile militar el 2 de enero, en la Plaza de la Revolución. Además , orientó al ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, para que denunciara ambas cuestiones en la ONU , paso inicial de una intensa ofensiva diplomática.

“Así acorraló la conjura de tal modo que en Estados Unidos llegaron a la conclusión de que no podían atacar en ese instante, y surgieron los consejos: dejar la agresión para otro momento y romper relaciones. Esto último EE.UU. lo hizo de forma unilateral el 3 de enero de 1960. Se trataba de un elemento más en el plan de agresión contra Cuba. “Tuvieron que recurrir a la ruptura, en medio de una ofensiva revolucionaria, porque la Revolución los había neutralizado.”

El 8 de abril de 1961, liquidada la agrupación de bandidos en el Escambray, las milicias regresaron a sus lugares de origen, luego de varios meses de constante fogueo en campaña, que de mucho les valió cuando días más tarde enfrentaron la invasión mercenaria por Playa Larga y Playa Girón.


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República a la americana

Por Amaury E. del Valle
Tomado de Juventud Rebelde
20 de mayo de 2005

Eran las 12 y 10 de la tarde del 20 de mayo de 1902. Ante la explanada del entonces Palacio Presidencial, la misma construcción que diera cobija a los Capitanes Generales españoles, el general norteamericano Leonardo Wood dio la orden a los sargentos Kelly y Vondrak, del Séptimo Regimiento de Caballería, para arriar la enseña norteamericana que ondeaba en el asta.

Las notas del himno nacional norteamericano iniciaron la ceremonia. No se escuchó el himno cubano. Wood volvió a dejar oír su voz en inglés: “En nombre de los Estados Unidos de América, izad la bandera de la República de Cuba”.

Pocos minutos después, el recién elegido fiscal del Tribunal Supremo, Rafael Cruz, tomaba juramento para la alta magistratura del Estado al señor Don Tomás Estrada Palma. Ante el hecho, el Generalísimo Máximo Gómez abrazaba emocionado a José Miguel Gómez, también general libertador, y le decía: “Creo que hemos llegado”.

Pero el viejo general se equivocaba. El luchador dominicano, que no vaciló en dar su vida a Cuba y que vio cómo coronaban sus esfuerzos con su sustitución al frente del Ejército Libertador, fue también víctima de los verdaderos gobernantes de Cuba entre 1902 y 1959, que residieron en esa época en la Casa Blanca, y cuyos nombres eran William, Theodore, Taft, Woodrow, Warren, Calvin, Herbert, Franklin, Harry y Dwight.

Ellos fueron los que de verdad mandaron en Cuba desde el 20 de mayo de 1902, y no los 16 presidentes que en 57 años ocuparon el sillón presidencial criollo, algunos apenas durante horas, otros de interventores como William H. Taft y Charles Magoon, e incluso los hubo quienes estuvieron en la máxima magistratura de la Isla sin ser ciudadanos cubanos.

No hay de qué asombrarse. El primer hombre fuerte de los norteamericanos en La Habana, Don Tomás Estrada Palma, al momento de firmar su cargo a las 12 y 35 de la tarde del 20 de mayo de 1902, no era ciudadano cubano. Sus documentos consignaban que era ciudadano norteamericano.

TRAICIÓN A MARTÍ

Estrada Palma, quien había disuelto el Partido Revolucionario Cubano —fundado por Martí—, a finales de 1898, disfrutó gran parte de la lucha de los cubanos por lograr su independencia desde su retiro en Central Valley, Estados Unidos.

Aunque en realidad no hubo tal lucha. El general norteamericano Leonardo Wood, al dejar constituida la Comisión de Escrutinio para la pugna electoral, “por casualidad”, no incluyó a ninguno de los partidarios del otro candidato, propuesto por los liberales, el mambí Bartolomé Masó.

A pesar de insistentes reclamaciones por la arbitrariedad, que llegaron hasta el propio presidente norteamericano McKinley, Wood no modificó su decisión, y Masó retiró su candidatura. Las primeras elecciones cubanas fueron entre Estrada Palma y... nadie. Ganó, claro está, Estrada Palma.

La gran vergüenza de todo esto es que Estrada Palma, quien desembarcó en Cienfuegos para desde allí trasladarse a La Habana en son de campaña, fue recibido en el puerto sureño nada menos que por una delegación de empresarios españoles quienes le rindieron todos los honores.

Llegaba a Cuba, según sus declaraciones al Diario de la Marina el 12 de enero de 1902, “libre para proceder sin temor”, pues no había “hecho promesas para obtener el cargo”.

Nueva equivocación: durante su gobierno, en cumplimiento de la Enmienda Platt, se concertaron obligatoriamente tres tratados con Estados Unidos: uno de arrendamiento de bases navales y carboneras (a lo cual todavía le debemos la presencia yanqui en Guantánamo); otro de Relaciones Permanentes, contentivo del famoso “derecho de intervención”, y un Convenio de Reciprocidad Comercial.

LA SILLA EN CUBA, EL PRESIDENTE EN WASHINGTON

En Cuba, desde 1901 a 1958 se celebraron 27 procesos electorales para cargos de diversos tipos en el gobierno de la nación. Catorce de estos fueron elecciones presidenciales, pero no faltó quien llegara al poder por cuartelazos, como fue el caso de Batista, o por diferentes circunstancias políticas, como ocurrió después del derrocamiento de Machado, cuando se sucedieron como castillos de naipes diversos personajes.

Todos los gobernantes, de una u otra forma, estuvieron bajo la férula de los embajadores yanquis en la Isla, al punto que a algunos, como Enoch Crowder, “La Política Cómica” lo reflejaban en sus caricaturas diciéndole a Menocal lo que tenía que hacer desde su cañonera, o dictándole los decretos presidenciales a Alfredo Zayas.

Tampoco es de extrañar entonces que todos los presidentes durante la república mediatizada viajaran a Estados Unidos antes o después de asumir su mandato para recibir el visto bueno.

Incluso, si por casualidad concluían su mandato de forma abrupta, iban a parar al Norte donde “descansaban” del sofocón, como le ocurrió a Machado, enterrado en un cementerio norteamericano, y a cuyos familiares el Congreso cubano a finales de la década de 1930 les prohibió traer jamás su cadáver a Cuba.

Los gobernantes norteños pusieron y quitaron a su antojo a los ocupantes de la más alta magistratura cubana. Tal fue el caso de Sunmer Welles, quien hizo maravillas para mantener al dictador Gerardo Machado; y ya en picada este, no tardó en maniobrar para desviar la Revolución que se avecinaba, descubriendo en la maraña de advenedizos a un nuevo hombre fuerte de los americanos: el entonces sargento taquígrafo Fulgencio Batista y Zaldívar.

Batista, quien fuera presidente de 1940 a 1944 y después con un Golpe de Estado en 1952 enlutara a Cuba con más de 20 000 muertos, el 14 de marzo de 1957, un día después de que estudiantes universitarios intentaran ajusticiarlo, al primer personaje público al que recibió fue al embajador norteamericano Arthur Gardner.

Hasta el propio Gerardo Machado, quien salió de Cuba huyendo ante la ira popular en un avión enviado por Estados Unidos que lo recogió en Rancho Boyeros, cerca de su finca La Nena, ya en Nassau escribió al presidente norteamericano para reclamarle por la actuación mediadora del embajador Welles. La respuesta del mandatario fue breve y definitoria: “Actuó bajo nuestras instrucciones”. Y Machado no protestó más.

MANENGUE POLÍTICO

Juana de Ibarburu, la famosa poetisa uruguaya, estuvo cobrando varios años en el Ministerio de Educación durante la República de 1902, sin que jamás se enterara ni ejerciera función alguna en él. Así consta en la página 8251 de la Gaceta Oficial de la República del 13 de marzo de 1953.

Estas y otras trampas famosas de la época enriquecieron a no pocos gobernantes de entonces, quienes fueron instruidos en el robo y el peculado precisamente por sus maestros norteamericanos.

El interventor Charles Magoon, que rigiera los destinos de Cuba entre 1906 y 1909, fue quien inauguró la moda de la “botella”, el pago de salarios a politiqueros compinches por ocupar puestos que nunca conocieron a sus dueños.

El americanito astuto, puesto por Taft al frente de la Isla, no solo acabó con el superávit dejado en el presupuesto público por el primer presidente, Estrada Palma, sino que además malgastó el dinero del tesoro al punto de dejar una deuda de casi 10 000 000 de pesos.

Sus discípulos aprendieron muy bien la lección no solo en esta esfera, sino en todo lo concerniente a cómo “gobernar bien”. De hecho, también en el campo electoral siguieron a sus mentores, los cuales habían dado una muestra magistral de “manengue político” en las primeras elecciones de 1902, al prohibir votar a los cubanos que no supieran leer ni escribir, y no tuvieran registradas propiedades.

Las regulaciones parecen increíbles si se tiene en cuenta que el censo de 1899 evidenció que el 63 por ciento de nuestra población no tenía la más elemental instrucción. Y por si este dato no es lo bastante elocuente, sépase que de los 290 905 ciudadanos cubanos que entonces tenían edad electoral, unos 170 000 no habían conocido las letras.

A todo esto los criollos sumaron sus propias iniciativas, y desde entonces no fue extraño ver en las cédulas electorales inscritos a destacados prohombres como Cristóbal Colón, Pánfilo de Narváez e incluso Rodrigo de Triana, quien a cuatro siglos de muerto apareció como elector en el mismo barrio de la Punta, junto a Alfredo Zayas, apoyando a Machado en sus intenciones de llegar a la magistratura superior en las elecciones de 1924.

La “viajera”, el “cambiazo” o el “cañonazo”, fueron tácticas electorales durante la republiqueta, donde los votantes falsos, el cambio de urna o los resultados a punta de pistola hicieron que las cosas llegaran a tal extremo que en San Cristóbal, Pinar del Río, en la década del 40 del siglo pasado un potentado político local llegó a postular en la asamblea de su partido a un incondicional, quien tenía la mala suerte de andar muy mal de salud, y propuso que de morir, postularía la calavera.

CELEBRACIÓN PLATTISTA

Cuba nada tiene que celebrar el 20 de mayo de 1902; a no ser para los anexionistas de siempre, la instauración de un estado acéfalo, mediatizado, intervenido por virtud de la Enmienda Platt cuantas veces quisieran los norteamericanos, y que ha sufrido ilegalmente durante más de cien años la secesión de un pedazo de su territorio nacional a la Base Naval de Guantánamo.

Nada le deben los cubanos a la cúpula de poder de Estados Unidos, esa que se esfuerza en “promover la democracia en la Isla”, y la cual dejó durante casi 60 años una estela de corrupción, miseria, intervencionismo y dictaduras sangrientas.

Nada tampoco tienen que buscar aquí las familias adineradas que establecieron complicadas alianzas hispano-cubano-americanas, como los Fanjul-Braga, Rionda-Gómez Mena Falla-Gutiérrez-Bonet-Batista, quienes en un intríngulis de bodas, padrinos, tíos, primos, formaron un complicado esquema de dominación donde las fortunas crecían con cada parentesco y dictadura.

La verdadera independencia de Cuba no comenzó a las 12 y 10 de la tarde del 20 de mayo de 1902, cuando el general Wood dio la orden de arriar la bandera norteamericana e izar la cubana. Comenzó a gestarse mucho antes, a las siete de la mañana del 10 de octubre de 1968 en La Demajagua, y se concretó el 8 de enero de 1959, con la entrada de Fidel en La Habana.


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La primera gran operación subversiva contra la Revolución cubana

Doctor Andrés Zaldívar Diéguez*
Tomado de Granma,
17 de marzo de 2005

El 17 de marzo de 1960 —se cumplen hoy 45 años— el entonces presidente de Estados Unidos, Dwigth D. Eisenhower, aprobó un denominado Programa de Acción Encubierta, encaminado a destruir la Revolución cubana, el mismo que trece meses después sufriría una estrepitosa derrota en las arenas de Playa Girón.

Aquella aprobación no significó el inicio de la guerra sucia contra la Revolución. Esta había comenzado el 1ro. de Enero de 1959, como continuidad de los planes y acciones puestos en práctica desde 1958 para impedir el triunfo rebelde.

Desde antes de que la capital del país recibiera la caravana que conducía a sus jóvenes y barbudos héroes, ya se les daba abrigo y protección en Estados Unidos a malversadores y asesinos de la derrotada tiranía, saqueadores del tesoro de la nación. La elemental y ejemplar justicia aplicada a aquellos criminales que no pudieron escapar, aplaudida por el pueblo todo, provocó desde los primeros días de Enero de 1959, azuzada desde la estación local de la CIA que funcionaba en la embajada norteamericana, la más falaz y descomunal campaña propagandística emprendida nunca antes contra gobierno alguno, a solo pocos días de su establecimiento, para aislarlo internacionalmente y dificultar su labor emancipadora.

El fracaso de las numerosas acciones realizadas en el primer semestre de 1959 para mediatizar la Revolución o para destruirla utilizando como peón al tirano dominicano Rafael Leónidas Trujillo (recordemos la invasión de opereta de agosto de aquel año) trajo consigo que ya desde aquel mismo mes el Gobierno de Estados Unidos, a través de su comunidad de inteligencia, en especial la CIA, comenzase a gestar las acciones que finalmente incluyeron en el Programa que en marzo del siguiente año aprobó el presidente Eisenhower.

Se puede considerar aquel Programa como el reforzamiento de una nueva política subversiva que inaugura las grandes operaciones de guerra sucia contra la Revolución, porque a partir de entonces las acciones anticubanas dejarían de ser tratadas como asuntos rutinarios al mismo nivel que las realizadas contra otros países latinoamericanos. Tanto fue así que en la División del Hemisferio Occidental (WH) de la CIA se creó una rama, a la que se denominó WH-4, con la misión especial y única de eliminar el ejemplo cubano y restablecer en Cuba un gobierno dócil a Estados Unidos.

En su letra, el Programa concebía cuatro direcciones de actividad contra Cuba. En primera instancia, incluía la creación de una junta contrarrevolucionaria radicada en Estados Unidos, con el objetivo de hacer creer que todas las restantes acciones estaban dirigidas por ella y esconder de esa forma la mano norteamericana. En aquella época, quizás por temor a la opinión pública internacional, Estados Unidos guardaba un poco las formas, y actuaciones como las de hoy, en que el Congreso aprueba abiertamente fondos millonarios para destruir la Revolución, hubiesen sido inconcebibles.

Una segunda dirección estaba encaminada a realizar una feroz campaña propagandística contra Cuba a través de una emisora radial creada expresamente para ello, Radio Swan, y desde otras emisoras comerciales de Estados Unidos y otros países. A ello se unía la introducción clandestina en nuestro territorio de propaganda contrarrevolucionaria impresa y la realización de una ofensiva que incluía viajes de conferencistas y realización de eventos en capitales latinoamericanas para concitar rechazo internacional a la Revolución.

En cumplimiento de la tercera dirección se inició de inmediato el entrenamiento en Estados Unidos, en su enclave colonial en Puerto Rico, y en Panamá y Guatemala, de quienes finalmente fueron los integrantes de la brigada invasora 2506, que mordió el polvo de la derrota en Playa Girón. De ese contingente emergieron también los teams de infiltración que introdujeron en Cuba toneladas de armamentos y explosivos, entre estas, por ejemplo, las petacas incendiarias que redujeron a escombros y cenizas en pocas horas la tienda por departamentos El Encanto.

La cuarta dirección traía consigo la creación dentro de Cuba de una organización secreta de inteligencia y de acción, constituida por agentes encubiertos y organizaciones contrarrevolucionarias encargadas de la ejecución de hechos terroristas en las ciudades, una de cuyas manifestaciones fue también el bandidismo en las zonas montañosas, con su enorme secuela de víctimas mortales, heridos y daños a la economía.

Hemos dejado para el final algo que movería a risa si no fuese de gravedad extrema.

El objetivo que se trazaron para este Programa sus gestores fue el de provocar la sustitución del Gobierno revolucionario "por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos". De tal suerte, el mismo Gobierno extranjero que había frustrado los sueños libertarios de Martí, se había convertido en dueño de las riquezas y en árbitro político del país durante la república burguesa, y había apoyado la dictadura batistiana hasta sus últimos momentos, se creía en el derecho de decidir qué gobierno sería el que mejor podría responder a los verdaderos intereses del pueblo cubano.

Quizás no valdría la pena recordar en nada lo que hasta aquí hemos señalado si todas y cada una de aquellas direcciones aprobadas hace 45 años no mantuviesen total actualidad y vigencia: una mafia terrorista de origen cubano radicada en Miami, aspirante a gobernar en un país que dejaría de ser una nación soberana para ser dirigida desde Estados Unidos; una campaña propagandística extrema, tanto hacia el interior del país como infructuosamente empeñada en enajenar apoyo internacional a nuestra justa causa; una permanente amenaza de acciones punitivas y de intervención militar y, finalmente, la promoción de una raquítica oposición contrarrevolucionaria que no pasa de ser asalariada de la Sección de Intereses norteamericana en Cuba y, por tanto, del Gobierno de Estados Unidos.

El que una y otra vez el Gobierno norteamericano tenga que recurrir a nuevas variantes de un mismo plan, iniciado un día como hoy 45 años atrás en el afán desesperado por acabar con la Revolución, lo único que de verdad demuestra es que siempre han fracasado, y que por ese camino, seguirán fracasando.

*Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.


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El sabotaje al vapor La Coubre: 45 años de Patria o Muerte

Por José Luis Méndez
Tomado de Granma,
4 de marzo de 2005

Libertad quiere decir Patria, y la disyuntiva nuestra será ¡Patria o Muerte!
Fidel

Se cumplen 45 años de este acto de terror, que segó la vida de más de un centenar de cubanos, causó heridas a cientos de personas, daños materiales de consideración y privó al país de medios para su defensa. Es un hecho, cuyos detalles aún no están esclarecidos, se inserta en la política agresiva de los Estados Unidos contra Cuba.

La hostilidad del Gobierno norteamericano hacia la Revolución data desde antes de su triunfo el 1ro. de Enero de 1959. La Administración de turno hizo denodados esfuerzos para que se frustrara el proceso revolucionario. Aviones de la dictadura batistiana se abastecían de bombas y municiones en la ilegal Base Naval de Guantánamo, en 1958, aunque en apariencias y formalmente el Gobierno de ese país había planteado el cese de los suministros bélicos ante la presión generada por los crímenes y torturas del dictador, la Administración de entonces mantuvo el equipamiento por medio de las dictaduras de Leónidas Trujillo y Anastasio Somoza.

La Embajada norteamericana en La Habana participó activamente en la maniobra de golpe de Estado militar para sustituir a Batista, abortada por la acción decidida de las tropas rebeldes y el respaldo popular materializado en la huelga general.

Los Estados Unidos dirigieron sus acciones para evitar que el Ejército Rebelde, garante político, junto al pueblo de la Revolución, se armara y defendiera y en este sentido presionó a países para que no vendieran armas a Cuba, junto con otras medidas para organizar a la contrarrevolución con el empleo de batistianos, desplazados del poder y afectados por las leyes revolucionarias de profundo contenido y beneficio popular.

La elaboración y aprobación de la agresión generalizada contra Cuba estuvo precedida por meses de preparación. En agosto de 1959, el jefe del grupo paramilitar de la CIA asistió a una reunión para discutir la creación de una capacidad paramilitar para ser utilizada en situaciones de crisis en América Latina; en aquella época, ya Cuba era uno de varios objetivos, todos los cuales parecían igualmente explosivos.

El 13 de agosto de ese mismo año llegó a su fin, con un rotundo fracaso, la llamada conspiración trujillista fraguada en Miami y República Dominicana para invadir a Cuba por su región central, en cuya ejecución participaron oficiales de la CIA, el Gobierno de Trujillo, elementos batistianos contrarrevolucionarios cubanos y mercenarios de otras nacionalidades.

En septiembre un oficial de la División del Hemisferio Occidental (WH) de la CIA asumió la planificación de posibles acciones de la Agencia en distintos puntos de América Latina. Se hizo énfasis en Cuba, donde según ellos, el control comunista se estaba haciendo cada vez más evidente.¹ A finales de febrero y principios de marzo de 1960 se elevó la propuesta al Presidente para la toma de la decisión política, lo cual ocurrió el 17 de marzo.

El diario cubano de la época Prensa Libre divulgó el viernes 18 de septiembre de 1959, que Cuba y Gran Bretaña negociaban sobre la compra de aviones a propulsión en sustitución de los del tipo Sea Fury vendidos a la tiranía de Fulgencio Batista. En noviembre del propio año Estados Unidos presionó a ese Gobierno con el objetivo de impedir la venta a Cuba de quince aviones de combate. El 13 de ese mes el Gobierno Revolucionario publicó una nota en la que acusó al Gobierno norteamericano de maniobrar para impedir su comercio y la compra de los aviones y otras armas para la defensa.² El fin era claro: desarmar a Cuba para vencer a la Revolución.

Entre enero y febrero de 1960, el Director de la CIA informó sobre los planes al Grupo Especial de Planificación de la Agencia y el 14 de marzo se dedicó toda la reunión a la discusión del programa proyectado.

Una fábrica proveedora de armas en Bélgica recibió presiones norteamericanas para evitar que vendiera armas a Cuba; personalmente el cónsul norteamericano en ese país y un agregado militar de esa Embajada presionaron ante el Ministerio de Relaciones Exteriores para que no se honraran los contratos firmados, ni se entregaran esas armas.

A mediados de febrero, en el puerto belga de Amberes, el vapor La Coubre había cargado decenas de cajas de explosivos, granadas y municiones despachadas por vía férrea, debidamente custodiadas por la policía de Aduana, la gendarmería y el inspector especial del gobierno, Van Hoomisen. La carga había partido desde Bruselas por la firma Fielle, especializada en explosivos. Con anterioridad había cargado en Hamburgo, Bremen y Amberes 5 216 bultos de explosivos, entre estos 525 cajas de granadas y 938 cajas de municiones.

Su arribo a la capital de Cuba estaba previsto para el 2 de marzo y el regreso a Europa el 7 de abril con 340 toneladas de azúcar que serían embarcadas en el propio puerto. Ese mismo día 2 el periódico Revolución en su primera página denunció la agresión económica contra Cuba que preparaba entonces el Gobierno de turno en los Estados Unidos a la cual calificó como de segunda Enmienda Platt.³ El día siguiente el mismo diario publicó en español e inglés el texto íntegro del proyecto de ley del Congreso norteamericano que legalizaba el primer paquete de medidas económicas contra Cuba.(4) Meses más tarde, a fines de octubre, quedaban prohibidas todas las exportaciones de los Estados Unidos a Cuba, excepto medicamentos y algunos alimentos, y lo más insólito: ese país acusó a la Isla de agresión económica y comercial.

En ese contexto a las 3 y 15 del viernes 4 de marzo, una explosión estremeció la capital cubana en el lado Oeste de la bahía de La Habana: había sido el vapor francés La Coubre, cargado de municiones y explosivos. Una segunda explosión provocó más víctimas.

El día 5 de marzo al despedir el duelo de las víctimas de la explosión del barco, el Comandante en Jefe, entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, dejó bien esclarecido y demostrado que todas las pruebas realizadas para determinar las causas del siniestro indicaron sin lugar a dudas que había sido producto de un sabotaje, preparado fuera del país. Se descartó toda posibilidad de accidente, para poder determinar lo único explicable: que había sido un hecho intencional en el exterior y la firme convicción de que se había urdido en los Estados Unidos, país interesado en privar a Cuba de medios de defensa.

Este convencimiento está sustentado por sólidas razones que permiten aseverar que las autoridades norteamericanas tienen información que esclarecería este acto de terror y por determinados motivos no se ha desclasificado, ni revelado documentos que posibiliten conocer la verdad.

Entre los argumentos históricos hay algunos que apuntan directamente a una conexión norteamericana. Uno de los dos solitarios pasajeros en La Coubre, que era un barco de carga, era un periodista estadounidense llamado Donald Lee Chapman, quien para viajar a su natal Nebraska tomó, desechando otras posibilidades, un barco cargado de explosivos que lo dejaría solamente en Miami, una ciudad muy distante de su destino final. Además parte de la carga iba destinada a la Florida, donde incluso subiría a bordo una familia norteamericana en los puertos floridanos de Port Everglades y Miami.

En Cuba, varios estadounidenses fueron detenidos cuando tomaban fotos en el lugar del siniestro poco después de las explosiones, la Embajada de los Estados Unidos en La Habana fue informada e intercedió para su necesaria identificación y buzos norteamericanos, contratados por la naviera del vapor, trabajaron en el reflote de este en la rada habanera.

El 9 de marzo, solo cinco días después del acto de terror, se realizó la reunión constitutiva del grupo WH 4 dirigida por el coronel de la CIA, J.C. King, donde se estructuró la ejecución del Plan de Operaciones Encubiertas que sería firmado por el presidente Eisenhower el 17 de marzo. Todo el plan estaba en marcha cuando estalló La Coubre.

El mencionado King estaba en contacto en Miami con el cabecilla contrarrevolucionario Rolando Masferrer Rojas, quien conoció por un norteamericano ingeniero en minas la llegada de otros barcos a Cuba con armas y los puertos por donde desembarcarían. Esta entrevista se produjo entre el 28 de febrero y el 10 de marzo de 1960.

Todos estos hechos y situaciones en esos días demandaban un lógico y amplio intercambio de mensajes y correspondencia entre el Gobierno de los Estados Unidos y su Embajada en Cuba, sin embargo llama la atención que no se hayan desclasificado documentos sobre este hecho en el libro del Departamento de Estado, que compiló las comunicaciones entre la Embajada de los Estados Unidos en La Habana, en ese período. Hay vacío en el tráfico entre el 18 de febrero y el 12 de marzo de 1960. No se han desclasificado documentos, aunque se ha solicitado, en ninguna de las agencias de los Estados Unidos, por simples que pudieran ser los comentarios.

Por estos y otros sólidos argumentos se sostiene que las autoridades norteamericanas por más de cuatro décadas han ocultado el conocimiento que tienen de este hecho, lo cual reafirma la hipótesis de su participación. ¿Cómo explicar a las autoridades de Francia y Bélgica que los Estados Unidos, en medio de su política hostil contra la Revolución, llegaron a concebir volar un barco cargado de explosivos donde murieron ciudadanos franceses y fueron dañados intereses belgas? ¿Cómo explicar a la opinión pública internacional, que un ciudadano norteamericano fue expuesto al peligro al enrolarlo en un barco cargado de explosivos, a su destino y que por azares de la vida escapó de la muerte minutos antes de estallar?

La demanda del pueblo cubano por conocer la realidad de este horrendo crimen se renueva cada día con la consigna de Patria o Muerte, que nació en el sepelio de las víctimas, para quedar para siempre en la voluntad de una nación amante y defensora de la paz, que rechaza la guerra, como rechaza el terrorismo y que aspira a construir un mundo mejor con todos y para el bien de todos.

1 Informe del Inspector de la CIA, Lyman Kirkpatrick, CIHSE, MININT, La Habana, Cuba, p. 2 tomado de El Nuevo Herald de 2.3.98
2 Idem Ob. Cit. p. 165
3 Revolución, miércoles 2.3.60, No. 381, Año III, p. 1, La Habana, Cuba
4 Revolución, jueves 3.3.60, No. 382, Año III. p. 1, La Habana, Cuba


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A 45 años del sabotaje de La Coubre

Ahora y siempre la misma voluntad

Por Reynold Rassí
Tomado de Granma,
3 de marzo de 2005

Marzo de 1960. Campesinos, trabajadores, el pueblo en general comenzaban a disfrutar de los beneficios del programa de liberación nacional que llevaba a cabo la Revolución naciente: promulgación de la Ley de Reforma Agraria, la rebaja de los alquileres y de las tarifas eléctricas y telefónicas, la confiscación de los bienes malversados..., y otras medidas de carácter social.

De otra parte, ante el aumento de las agresiones de que Cuba era objeto por la contrarrevolución interna y desde el exterior, con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos que ya iniciaba sus acciones contra la Revolución, la dirección del país decide incrementar sus esfuerzos para adquirir armas en otras naciones con el fin de preparar al pueblo para la defensa de sus conquistas.

Eran las 3 y15 de la tarde del 4 de marzo, cuando una fuerte explosión sacudía parte de la capital y se escuchaba a decenas de kilómetros, en los barrios de su periferia. Instantes después una alta humareda se adueñó de los muelles de la rada habanera. Miembros del Cuerpo de Bomberos, de la Cruz Roja, el Ejército Rebelde, la Policía, milicianos, hombres y mujeres del pueblo se movilizaban rápidamente hacia esa zona.

Un espectáculo aterrador se mostraba ante los ojos de los que allí acudieron: el buque francés La Coubre había explotado cuando se descargaban granadas y municiones destinadas a la defensa de la Revolución y pueblo cubanos.

Treinta minutos más tarde, en los momentos en que cientos de personas ayudaban a rescatar los cadáveres y a los lecionados, una segunda explosión en el mismo barco, aún más devastadora, volvía a sacudir a los muelles y sus alrededores, provocando un mayor número de víctimas. Hierros retorcidos e incandescentes junto a piernas, brazos y otras partes de cuerpos caían a grandes distancias... Hubo más de 100 muertos, entre ellos seis marinos franceses, y más de 200 heridos, además de los daños materiales ocasionados en centros de trabajo y viviendas aledañas.

En La Coubre venían toneladas de granadas antitanques y de municiones para fusiles FAL, cargadas en Amberes y adquiridas en Bélgica, no obstante las presiones del Gobierno norteamericano a esa y otras naciones aliadas europeas para impedir la compra de armas por parte de Cuba.

FEROZ CRIMEN DE NUESTROS ENEMIGOS

El entierro de las víctimas el 5 de marzo, en horas de la tarde, constituía el sepelio más grande y multitudinario que se había visto en el país hasta ese momento. La Avenida 23, una por las que pasaría el cortejo fúnebre, hasta el cementerio de Colón, se encontraba llena de flores. Cientos de miles de personas copaban las aceras, balcones y techos a lo largo de todo el recorrido para rendirle homenaje a los caídos.

En la despedida del duelo, el Comandante en Jefe Fidel Castro dejaba claro que se habían hecho investigaciones que demostraban que la explosión no fue por causa de un accidente, sino obra de enemigos de la Revolución, de aquellos que no querían que nuestro pueblo se armara. Denunció las presiones del Gobierno norteamericano para que Bélgica no vendiera armas y municiones a nuestro país, y dijo que fue un criminal sabotaje preparado en el exterior, en uno de los lugares donde el barco La Coubre tocó puerto antes de venir para Cuba.

Al finalizar su intervención, Fidel subrayó la firme voluntad del pueblo de defender la Revolución, expresada en que "no solo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer a cualquier agresión y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria, la de libertad o la muerte; solo que ahora libertad quiere decir algo más todavía, libertad quiere decir Patria, y la disyuntiva nuestra será: Patria o Muerte".

Y esta consigna pasó a formar parte de la historia de nuestro país, repetida a lo largo de estos 45 años de lucha y en los momentos más cruciales de la nación.

No ha sido solo una frase, sino el ejemplo digno y estoico de todo un pueblo que ha decidido firmemente que es preferible, en última instancia, morir defendiendo su Revolución antes de que la Patria vuelva al pasado capitalista que nos prometen los dementes de la Casa Blanca y sus acólitos neoanexionistas.


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Reinicio de nuestras luchas independentistas

La decisión que se impuso a la adversidad

Por Francisco Pérez Guzmán,
Tomado de Granma,
24 de febrero de 2005

Si hiciéramos una lectura retrospectiva del proceso emancipador cubano, a lo largo de todo el siglo XIX, nos percataríamos que la adversidad fue la constante que acompañó a los patriotas. Este desafió se convirtió en el gran reto.

En el caso concreto de la Guerra de Independencia las adversidades a vencer, para iniciarla, fueron de diversas índoles. En lo que respecta al potencial enemigo su fuerza política se fundamentaba, tanto en el Partido Unión Constitucional que defendía el integrismo a ultranza como en el Partido Liberal Autonomista.

Aunque los mejores días de la opción autonomista habían pasado debido a los continuos fracasos para obtener reformas, no obstante, aún preservaba la etiqueta de ser el arma más dañina para el ideal independentista.

En cuanto al ejército, aunque el Gobierno colonial había reducido el número de efectivos, porque la Isla se hallaba en años de relativa paz, sus hombres sobre las armas, si sumamos solo a los voluntarios y guerrilleros, era una fuerza considerable. Desafiar este poderío militar significó otro gran reto que los patriotas cubanos afrontaron para emprender y desarrollar la lucha armada

De ningún modo sería festinado afirmar que en el largo y azaroso camino que condujo a los alzamientos del 24 de Febrero de 1895, los obstáculos mayores se hallaban en los veteranos del 68 y la emigración que continuaba profundamente dividida. Esta conclusión está sustentada por las decenas de cartas que se cursaban los emigrados y los conspiradores de la Isla. En el Archivo Nacional hay documentos en los cuales afloran criterios divergentes acerca de la efectividad del Partido Revolucionario Cubano y las dudas de que José Martí alcanzara su ideal de unificar la emigración con la enorme tarea de fomentar la guerra en Cuba. Claro está, siempre con el consentimiento de los patriotas de la Isla. Nunca imponerla, como argumentaba Martí.

Aceptar que con la fundación del Partido Revolucionario Cubano, el 10 abril de 1892, José Martí se había convertido en el líder absoluto de la emigración es una aseveración que la documentación cuestiona. No acudimos a las conocidas opiniones de Enrique Trujillo, sino a las que vertieron otros y que permanecen inéditas.

Gonzalo de Quesada, en carta a Máximo Gómez de 11 de marzo de 1893— ya ostentaba la responsabilidad de Secretario del Partido Revolucionario Cubano—, reconocía dos liderazgos: el político y el militar.

"¡Cuando veo a hombres como Vd. tengo fe en el triunfo! Toda Cuba tiene su esperanza en su jefe militar Máximo Gómez, y yo creo que juntos, Martí y Vd. cada uno ayudándose en su esfera, Cuba será libre antes de mucho..."(1)

Pero para muchos, tanto en Cuba como en el extranjero, Máximo Gómez traspasaba lo estrictamente militar que mencionaba Gonzalo de Quesada. La abundante correspondencia recibida por Gómez de civiles y militares que residían en Cuba y en el extranjero demuestra que no pocos independentistas veían en él, además de su autoridad militar, a un dirigente político.(2)

En el éxito martiano de llevar adelante los planes de la nueva guerra, el apoyo dado por Máximo Gómez fue determinante. Sin ningún tipo de dudas, el único que poseía un poder de convocatoria para llevar a los cubanos de todas las regiones del país a la guerra era el dominicano que la Guerra de los Diez Años había convertido en leyenda.

Con diferencias en la forma de expresarlo la abrumadora mayoría de los veteranos de la guerra grande y los que aspiraban a vestirse de mambí convergían en que si Máximo Gómez iba a la guerra ellos le seguirían.

A manera de ilustración citemos cómo veía a Máximo Gómez la nueva generación en la pluma impregnada de fogosidad martiana de Enrique Loynaz del Castillo, cuando aún faltaba casi un año para el estallido revolucionario del 24 de Febrero de 1895.

"En Vd. tiene hoy fijado sus ojos un gran pueblo, de los más ricos e ilustrados de la tierra ¡Cuba! de allá vengo y puedo reiterarle en nombre de los camagüeyanos, de los hombres de la Revolución y de la juventud ansiosa de heroísmo, la seguridad de que a la primera voz de Vd. correrán a los campos de batalla a pelear por la libertad, a sufrir privaciones, a esperar la muerte, todo en la vía del honor, los cubanos amantes de su Patria."(3)

Las contradicciones, rencillas personales heredadas de los conflictos que caracterizaron a la Guerra de los Diez Años, la Guerra Chiquita y los movimientos independentistas de la década del ochenta y en la primera mitad de los noventa, las ambiciones de mando y el exceso de protagonismo que le era adverso al proyecto revolucionario, no pudieron impedir el esfuerzo extraordinario de José Martí, Máximo Gómez y el Partido Revolucionario Cubano de organizar tres expediciones que conducirían los barcos Lagonda, Baracoa y el Amadís.

El Lagonda se dirigiría a Costa Rica donde recogería a Antonio y José Maceo, Flor Crombet y Agustín Cebreco con cerca de 200 expedicionarios. Mientras que el Baracoa llevaría a José Martí y a los generales José María "Mayía" Rodríguez y Enrique Collazo a la costa Sur de República Dominicana. En ese país lo esperaba el Mayor General Máximo Gómez con un contingente de insurgentes. A su vez, el Amadís, bajo el mando de Serafín Sánchez y Carlos Roloff, debería arribar a la provincia de Las Villas. Así se contribuiría al alzamiento simultáneo que debía originarse en la Isla. Nuevamente la voluntad patriótica se impuso a la adversidad.

Pero el plan fracasó.(4) El 6 de enero de 1895, en Fernandina, las autoridades norteamericanas, bajo el pretexto de la neutralidad que aplicaban, según su conveniencia, retuvieron a las embarcaciones e incautaron las armas.(5) Esta fue, sin duda, la adversidad más peligrosa que afrontaron los cubanos en sus esfuerzos por reiniciar la guerra anticolonial.

En Cuba los conspiradores presionaban a José Martí, pues entendían que las condiciones estaban dadas para iniciar la nueva guerra. A su vez, las autoridades españolas incrementaban la vigilancia de los veteranos de la Guerra de los Diez Años. La detención de los jefes de la conspiración podría suceder en cualquier momento. Pero cualquier ayuda del exterior, en armamentos y hombres, para garantizar la sublevación era imposible. No había armas y casi todo el dinero se había agotado.

En esa coyuntura adversa, cuando parecía que el movimiento insurreccionar se encaminaba al desastre, la voluntad de imponerse volvió a emerger.

Los complotados de la Isla quedaron libres para decidir si deseaban alzarse. Solo se les autorizaba que fuera lo más simultáneo posible y se les exigía que se produjera en la segunda quincena de febrero. Así, como un resultado de las adversidades, se inscribió para la historia patria el 24 de Febrero de 1895.

Pero la guerra se iniciaba sin la presencia de los más importantes jefes militares como Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Las frustraciones de los levantamientos armados en la finca La Ignacia, de Ibarra, Matanzas, bajo la organización de Juan Gualberto Gómez y Antonio López Coloma, la presentación del médico Martín Marrero que se había levantado en armas en la Sirena, Jagüey Grande, y la misma suerte corrida por los que se alzaron con Joaquín Pedroso en Aguada de Pasajeros, fueron hechos que marcaron la frustración de los levantamientos armados en el occidente y centro de la Isla.(6) Solo unos cuantos como José Álvarez Ortega —conocido por Matagás— se refugiaron en la Ciénaga de Zapata.

En contraposición a las derrotas de los sublevados de Las Villas y Matanzas, en Oriente los levantamientos armados se caracterizaron por el éxito. En territorios de Guantánamo, Santiago de Cuba, Jiguaní-Baire, Manzanillo, Bayamo y Holguín, el grito de Independencia o Muerte no se extinguiría. De esa inquebrantable decisión se encargarían, en un principio, jefes del prestigio de Guillermón Moncada — con los pulmones destrozados cumplió su palabra comprometida— y otros como Quintín Bandera, Pedro Agustín Pérez, Bartolomé Masó, Florencio Salcedo, Saturnino Lora y Jesús Rabí.

Los contingentes orientales sin armas suficientes y con pocos cartuchos de guerra, desafiaron todas las adversidades y sostuvieron la llama de la guerra hasta la llegada a costas cubanas de Antonio y José Maceo, Flor Crombet y Agustín Cebreco y el resto de los expedicionarios de la Goleta Honor, el 1 de abril de 1895.

Diez días después lo harían José Martí y Máximo Gómez con Marco del Rosario, César Salas, Francisco Borrero y Ángel Guerra. Otro franco desafío a la adversidad, pues a bordo de un pequeño bote que estuvo a punto de zozobrar por la tormenta que se había desencadenado y sin saber a dónde dirigirse por la oscuridad de la noche, habían jurado por su honor echar su suerte con los revolucionarios que ellos habían convocado a la guerra necesaria.

Como podrá apreciarse el 24 de Febrero de 1895 fue un resultado de la decisión de lucha sustentada por un patriotismo que no se doblegaba ante cualquier dificultad. Uno de sus significados más representativos fue imponerse a las adversidades.

(1) Archivo Nacional de Cuba. Fondo Máximo Gómez, Legajo 2, No 259.

(2) Los interesados pueden consultar los fondos Asuntos Políticos, Donativos y Remisiones y Máximo Gómez del Archivo Nacional deCuba.

(3) Carta de Enrique Loznaz del Castillo a Máximo Gómez, fechada el 1 de enero de 1894 en Nueva York. Archivo Nacional de Cuba. Fondo Máximo Gómez, legajo 2, No 287.

(4) Todo parece indicar que una indiscreción del Coronel Fernando López de Queralta fue el origen que motivó la intervención de las autoridades norteamericanas.

(5) Después fue recuperado el armamento. Solo se perdió una quinta parte, aproximadamente.

(6) Contribuyeron a este fracaso las detenciones de Julio Sanguily, José María Aguirre, en La Habana, y Pedro Betancourt, en Matanzas. Además la muerte de Manuel García Ponce. En Las Villas fue hecho prisionero Francisco Carrillo.


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24 De Febrero 1895

Un sueño postergado

Por Raúl Izquierdo Canosa, Doctor en Ciencias e Investigador Titular. Presidente del Instituto de Historia y la Unión Nacional de Historiadores de Cuba
Tomado de Granma,
23 de febrero de 2005
El 24 de febrero de 1895 se reinició la lucha armada por la independencia de Cuba, uno de los acontecimientos más importantes ocurridos a fines del siglo XIX, cuyo resultado fue el fin del colonialismo hispano en América y el Caribe y su control sobre los territorios asiáticos del Pacífico: Filipinas, Guam y otras posesiones. Sirvió de escenario a la primera guerra imperialista y al debut a escala internacional del imperialismo norteamericano, dejando por saldo el traspaso de los territorios de las antiguas colonias al imperio emergente y el empleo de nuevas formas de dominio colonial.
La guerra fue la continuación del proceso revolucionario iniciado por Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua, región de Manzanillo, en el Departamento Oriental, que duró diez años (1868 — 1878); y culminó con la firma del Pacto del Zanjón y la Protesta de Baraguá, esta última protagonizada por el Mayor General Antonio Maceo Grajales, el 15 de marzo de 1878. En los años 1879 — 1880 se produjo un infructuoso intento insurreccional, conocido como la Guerra Chiquita. Los resultados de ambas contiendas, los doce años de una larga, cruenta y devastadora guerra, aportaron a los revolucionarios cubanos experiencias positivas y negativas.
José Martí estudió con profundidad las causas y factores que propiciaron los reveses de los cubanos entre 1868 y 1880; trabajó ardua e intensamente para dar solución a los principales problemas que entonces se confrontaron y elaboró las concepciones político-estratégicas que sirvieron de base a la guerra de 1895. Fue el principal organizador de aquella contienda bélica.
A inicios de 1895 la situación económica de Cuba era en extremo delicada después de la Guerra Grande: se fabricaba el 18% de la producción mundial de azúcar, y más del 90% era vendida a los Estados Unidos. 1Los presupuestos eran siempre liquidados con déficit, cuya acumulación había creado una deuda pública de 100 millones de pesos hasta 1895. Más del 40% del presupuesto tenía que dedicarse a la amortización de esa deuda; del 60% restante, el 36,6% era dedicado a cubrir los gastos de guerra, la marina, la guardia civil y la policía. A la instrucción pública solo se dedicaba el 1,34%. El 76,3% de los habitantes eran analfabetos, en 1894, solamente el 10% de la población escolar recibía enseñanza del Estado. Más de 91 000 personas vivían de parásitos del Estado. Los cubanos no tenían acceso a los empleos públicos ni se podían dedicar al comercio.
Al estallar la guerra fungía como Capitán General y Gobernador Don Emilio Calleja e Isasi, quien contaba con un ejército regular de entre 15 000 — 16 000 efectivos, en marzo de 1895 fue reforzado con unos 8 302, con lo cual se elevó la cifra a unos 23 000 — 24 000, que sumados al Cuerpo de Voluntarios, la Guardia Civil y otras fuerzas paramilitares; representaban una correlación de fuerza a su favor de 6-7 a 1. Los efectivos insurrectos que se habían alzado en toda la Isla, se calculaban entre 3000 — 4000, muy mal armados y carentes de una adecuada organización y preparación militar. El general Calleja no pudo sofocar la insurrección en Oriente y fue sustituido en el mando por el general Arsenio Martínez Campos, quien también fracasó a inicios de 1896. El general Valeriano Weyler tampoco pudo contener a los insurrectos cubanos, siendo sustituido por el general Ramón Blanco, que infructuosamente implantó un régimen autonómico a partir de enero de 1898. La guerra se prolongó cerca de tres y medio años, en los momentos de mayor tensión, por la parte española participaron 250 000 hombres de su ejército regular, dirigidos por más de 40 experimentados generales, cerca de 700 jefes y unos 6 300 oficiales; así como el Cuerpo de Voluntarios, los guerrilleros, y otras tropas auxiliares al servicio de la metrópoli, calculados en más de 80 000 hombres.
El Ejército Libertador de Cuba fue estructurado mediante la Ley de Organización Militar aprobada por el Consejo de Gobierno de la República en Armas, el 1ro. de diciembre de 1897, la Isla fue dividida en dos Departamentos Militares: Oriente y Occidente, delimitados por la Trocha de Júcaro a Morón. Cada uno de ellos contó con tres cuerpos de ejército. Al Departamento Oriental correspondieron el primer, segundo y tercer cuerpos; en su composición se incluyeron ocho divisiones, 17 brigadas y 39 regimientos (8 de caballería y 31 de infantería). Al Departamento Occidental correspondieron el cuarto, quinto y sexto cuerpo de ejércitos, con seis divisiones, 17 brigadas y 45 regimientos (27 de infantería y 18 de caballería). En total se dispuso de seis cuerpos de ejércitos, 14 divisiones, 34 brigadas y 84 regimientos (58 de infantería y 26 de caballería) y un total de efectivos calculados entre 40 000 — 50 000. Según el historiador cubano Enrique Collazo, general del Ejército Libertador, fueron
45 031 hombres.
La guerra de independencia de Cuba de 1895 — 1898 a diferencia de las anteriores se extendió de un extremo a otro de la Isla. Los efectos devastadores y rigores de la misma afectaron a todos los territorios. En la parte occidental, que incluía las provincias de Las Villas, Matanzas, La Habana y Pinar del Río, se concentraba el 74% de la población y el 80% de las riquezas del país. El impacto de la reconcentración en la población y la economía fue terrible, más de 200 000 personas, en su mayoría niños, ancianos y mujeres murieron como consecuencia de la misma. La base económica que sustentaba el mantenimiento del régimen colonial, quedó desarticulada, la producción del azúcar, el tabaco y otros productos agrícolas fue destruida. La producción de azúcar fue reducida de poco más de un millón de toneladas en 1894 a menos de un cuarto de millón en 1898, la Isla estaba arruinada y endeudada, el costo material y humano resultaba insostenible para la metrópoli española, habían sido agotados hasta el último hombre y la última peseta. La correlación de fuerzas siempre fue favorable en más de 10 a 1 al Ejército Español, era un ejército regular, mejor armado, equipado, entrenado, con un sistema de aseguramiento logístico, dirigido por generales y oficiales de academias, con experiencia, y el respaldo de su metrópoli. Contaba además con el apoyo de la armada, más de 50 buques de diferentes destino y designación. Llegó a alcanzar los 250 000 efectivos regulares, que sumados los voluntarios y guerrilleros sobrepasaban los 300 000 hombres. Sin embargo, ese ejército no fue capaz de liquidar la insurrección y someter a su voluntad a los cubanos. Las constantes y sistemáticas acciones combativas, las largas y continuas campañas y forzadas marchas, los rigores del clima tropical y las enfermedades, golpearon sensiblemente y diezmaron sus nutridas filas, causándoles no menos de 40 000 muertos. La guerra de Cuba fue desangrando poco a poco a España. Las bajas de su ejército regular aumentaban por año y las consecuencias que para sus jóvenes reclutas conllevaban los rigores de un clima tropical, extremadamente caluroso y húmedo, al cual no estaban adaptados, diezmaba día a día sus filas provocando continuas epidemias y enfermedades que convirtieron la pequeña Isla en almacén de enfermos y cementerio para unos cuantos miles de soldados.
El Ejército Libertador de Cuba de 1895 a 1898 fue superior en más de cinco veces al del periodo de 1868 — 1878 (7 000 x 40 000), aprovechó a su favor la experiencia de la pasada guerra, contó con mayor cantidad de armas y municiones, logró desplegar una estructura y organización militar más amplia y flexible, el sistema de organización civil fue un complemento de la misma. Adoptó una táctica de lucha armada más flexible para enfrentar a un enemigo superior en número, mejor armado y equipado, empleó a su favor las características del terreno y las condiciones del clima para fatigar y enfermar al adversario. Logró importantes e indiscutibles victorias militares sobre el adversario: La invasión de oriente a occidente, la contramarcha estratégica, los combates de Mal Tiempo, Calimete, Coliseo, la toma de Guáimaro, Las Tunas y Guisa por Calixto García. Las campañas de La Circular, La Lanzadera y la Reforma por el general Máximo Gómez. Los combates de Maceo en Pinar del Río: Taironas, Ceja del Negro, Peleadero de Tapia y otros. También sufrieron algunos costosos reveses: Dos Ríos, Loma del Gato, Paso de las Damas, La Jaima, San Pedro, El Guamo y otros.
Ha transcurrido más de una centuria de aquellos acontecimientos que atrajeron la atención internacional. El triunfo de las armas cubanas y la aspiración de lograr la independencia no resultó posible por aquella intervención oportunista y solapada de Estados Unidos en ese conflicto, en momentos en que la situación política, económica y militar inclinaba la balanza a favor de los patriotas cubanos. Nada justifica la intervención militar yanki, salvo el hecho, posteriormente confirmado por la historia, de sus pretensiones de apoderarse de Cuba, como hicieron con Puerto Rico. En el caso de Cuba, no lo lograron gracias a la existencia, entre otras cosas, del Ejército Libertador, que había combatido durante casi 30 años por la independencia nacional.
La historia, los historiadores y los propios gobernantes estadounidenses se han encargado de demostrar la realidad a lo largo de más de una centuria: España resultó derrotada en su injusto propósito de mantener a toda costa su dominio colonial sobre la Isla, que se extendió a cuatrocientos años de expoliación de sus principales riquezas. Los patriotas cubanos, durante más de treinta años lucharon justamente por lograr su independencia del colonialismo hispano, el desenlace final del conflicto fue la frustración y postergación de sus verdaderos ideales independentistas. Estados Unidos emergió como nueva potencia en el siglo XX, de manera engañosa y oportunista invadieron a Cuba, se introdujeron en el conflicto con el objetivo de apoderarse de la Isla para continuar expoliando sus riquezas. Sus verdaderos propósitos eran hegemonistas, expansionistas e imperialistas.
1) Historia de Cuba de la Dirección Política del MINFAR 1967 PP318-329


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